Viernes, 02 de mayo de 2008




JEAN NOUVEL
«Soy un hedonista, y mi propósito es aportar placer a los demás»


El autor de la torre Agbar, del edificio Cartier y del Instituto del Mundo Árabe era una estrella mucho antes de recibir el Pritzker. Ahora, el preciado galardón ha consagrado su indomable vocación innovadora. Entrevistamos al más avispado `enfant terrible´ de la élite arquitectónica mundial.


Cada edificio de Jean Nouvel cuenta una historia diferente. Lo normal es que los arquitectos emprendan el diseño de una obra mediante dibujos o modelos a escala, pero él empieza por una idea que pueda expresar con palabras. «Todo el mundo es producto de su época. Yo nací en la Francia de la posguerra y me formé con los estructuralistas. Si no cuento con un buen análisis, me siento perdido.»


Una vez que Nouvel examina las condiciones existentes y decide que la mejor solución arquitectónica acaso sea un rascacielos sin base ni cima visibles o una fachada geométrica mecanizada que proyecta sombras en filigrana, ya puede pasar a la acción. Este proceso puramente cerebral encuentra su contrapeso en el amor sensual que le inspiran los materiales. «Lo que me gusta es la poétique de la situación. Soy un hedonista, y mi objetivo es aportar placer a los demás.»


Su reivindicación del hedonismo tiene sentido en el lugar donde nos encontramos: Le Duc, la mejor marisquería de París, donde el camarero sabe que a Nouvel siempre hay que servirle pescado marinado y langosta cocida con aceite de oliva.


Para Nouvel, sus restaurantes preferidos son una prolongación de su estudio, lugares en los que puede desarrollar sus ideas de una forma típicamente francesa: por medio de largas conversaciones de amplio espectro lubricadas por comida y bebida exquisitas. Los resultados de esta forma de trabajar son eclécticos a más no poder. La mayoría de los visitantes de París se sorprenderían al saber que el mismo arquitecto es el autor de la Fondation Cartier, un rectángulo acristalado elegantemente encajado entre enormes pantallas de cristal, y del Musée du Quai Branly, un batiburrillo de colores chillones con una inquietante y tenebrosa sala de exposición que se decanta peligrosamente hacia lo kitsch.


«Como es natural, entre mis edificios se dan muchas contradicciones. Yo no tengo una perspectiva global, sino que mi perspectiva siempre es particular», afirma el arquitecto. Pero los proyectos de Nouvel no sólo carecen de un vocabulario formal recurrente, sino que en apariencia ni siquiera parecen ser fruto de una misma sensibilidad.




Museo Quai Branly. «Hay críticos que han dicho que éste es un museo estilo Disney, pero yo tenía claro que los objetos de arte africano, oceánico y americano que se guardan aquí no tenían que exponerse sobre unas paredes blancas. De modo que opté por oscurecerlas y dar dar a cada pieza una luz precisa, a fin de evocar la emoción religiosa para la que fue creada. El resultado fue muy polémico; escandalizó a muchos antropólogos y museólogos. Pero éste no es un edificio occidental.»



Fundación Cartier. «Mi perspectiva al abordar un edificio es siempre particular, muy ligada al entorno. De ahí el contraste entre mis distintas obras, entre la escueta geometría del edificio Cartier y el colorismo del también parisino Museo Branly.»



Instituto del Mundo Árabe. «La vocación de este edificio era divulgar la cultura árabe. Y puesto que se trataba de una especie de homenaje, era necesario poner énfasis en los dos aspectos principales de su arquitectura: la geometría y la luz. Pero en los países árabes siempre hace sol, mientras que en París casi siempre está nublado. Así que inventé un sistema de diafragmas similares a los de las cámaras fotográficas, que se abren y cierran según sea la luz para graduarla y estabilizarla»



Tour de Verre. «Quiero que este edificio de 75 pisos junto al Moma sea una especie de arquetipo de lo que significa un rascacielos en la Gran Manzana. Para ello, me he inspirado en los rascacielos de Hugh Ferriss, que se alzaban al cielo en espiral. Me fascinan sus dibujos de la ciudad de las agujas y me parecía que una aguja vendría bien en este barrio de cajas rectangulares.»



Torre Agbar. «Se basa en la curva catenaria usada por Antonio Gaudí, es decir, la parábola descrita por una cadena suspendida. Con ella, el arquitecto catalán hacía referencia a los bellos pináculos rocosos de la montaña de Montserrat. El edificio incluye otras referencias gaudianas, como los cristales rojos y azules de su envoltura, que aluden a las vidrieras modernistas.»

Tags: arquictectura;

Publicado por carmenlobo @ 10:26
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