Domingo, 25 de noviembre de 2007
La marca

MANUEL VICENT
EL PA?S 30-09-2007

Antes de que el ni?o llegue al uso de raz?n, su cerebro ya ha sido inoculado con todos los elementos fundamentales de los que no podr? desprenderse a lo largo de la vida. La papilla de cereales ir? acompa?ada con canciones de cuna, que hablar?n de ?ngeles, nubes blancas y dulces sue?os, con palabras pronunciadas en una lengua que ya ser? para siempre indeleble. ?ste es el primer ingrediente de la magdalena de Proust. De las cuatro esquinas de la cama los ?ngeles saltar?n directamente al fondo del subconsciente de la criatura y enseguida llegar? tambi?n la figura del demonio junto con el miedo a la oscuridad. El complejo de Edipo o de Electra comenzar? a desarrollarse cuando un desconocido la tome en brazos y le pregunte a qui?n quiere m?s, a pap? o a mam?, exigi?ndole una respuesta s?bita. El ?rbol de la ciencia del bien y del mal a cuya sombra germinar? la inteligencia, est? lejos todav?a. Durante los primeros siete a?os, el cerebro del ni?o se halla a merced de todas las sensaciones y con ellas la magdalena de Proust ir? tomando condimento, volumen y perfume. Las lecciones del catecismo, las caricias maternales, el pan de la alacena, las primeras advertencias del padre, el fuego del infierno, el aprender a atarse los zapatos, el volteo de campanas, la historia sagrada, los primeros juegos, los s?mbolos de la patria, las banderas, el equipo de f?tbol, los himnos, los cuadernos, el primer castigo, el ?lbum de cromos, los escudos, el primer premio, el amor de los hermanos, las primeras l?grimas, la tarta de chocolate de cumplea?os y envuelto en papel de regalo, Dios propiamente dicho formando el sabor de la magdalena de Proust, que un d?a lejano ascender? a la superficie mojada con camomila. La Iglesia considera que este territorio le pertenece por derecho divino, no est? dispuesta a negociarlo con nadie y lo defiende a cara de perro contra el Estado. Aparte del negocio de la ense?anza, la Iglesia sabe muy bien que cualquier sensaci?n irracional que se acu?e en la virginidad de la conciencia se convertir? en una marca imborrable. Cuando la inteligencia ocupe el c?rtex del cerebro y el individuo trate de desmontar todas las piezas que constituyen su esp?ritu, le ser? imposible separar la raz?n y la creencia, la educaci?n y la memoria. A la Iglesia le importa muy poco lo que aquel ni?o haga a lo largo de la vida, porque est? segura de que en una tarde de melancol?a le emerger? Dios dentro de una magdalena y al final, aunque solo sea como cad?ver, espera que vuelva al templo.






Tags: Manuel Vicent

Publicado por carmenlobo @ 10:14  | Vincent, Manuel
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Comentarios
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Domingo, 13 de febrero de 2011 | 14:22

Las tradiciones nos atan más que las creencias. Cuando consigamos celebrar el nacimiento de un hijo y la muerte de un ser querido sin la participación de la Iglesia, entonces serémos verdaderamente libres los no creyentes