S?bado, 24 de noviembre de 2007
Consenso

MANUEL VICENT

EL PA?S 07-10-2007

Aquellos padres de derechas que hicieron la guerra con Franco y que, tal vez, fueron a la Divisi?n Azul engendraron algunos hijos rebeldes, que en la universidad se enfrentaron a los guardias en una larga pelea contra la dictadura. Entre las dos generaciones se estableci? un abismo infranqueable. En la sobremesa, al hablar de pol?tica, se produc?an discusiones acaloradas. Poco a poco el padre de derechas y el hijo de izquierdas se convirtieron en dos desconocidos. Realmente la clandestinidad empezaba por el propio hogar. El estudiante volv?a de la facultad donde hab?a participado en una asamblea revolucionaria y al llegar a casa se estrellaba de nuevo contra el orden establecido. A la hora del almuerzo el padre aun bendec?a los alimentos, que les hab?a dado el Se?or, cuando los v?stagos ya eran ateos. Estas dos generaciones, que chocaron a mitad de los a?os sesenta, usaban las mismas palabras para expresar cosas distintas. Al final ya no ten?an nada que decirse y, en el mejor de los casos, se impuso entre ellas un silencio pactado hasta que cada una se disolvi? por su cuenta. Tiempo despu?s se ha producido el mismo vac?o entre padres e hijos, aunque de forma distinta, cuando la evoluci?n de la sociedad y el sistema de becas ha permitido llegar a la universidad a los hijos de los obreros. Cualquier metal?rgico, alba?il, mec?nico o campesino tiene hoy un hijo m?dico, f?sico-matem?tico o doctor en rom?nicas. La primera consecuencia consiste en que estos padres, pr?cticamente analfabetos, nada pueden hacer por sus descendientes, salvo estar orgullosos y darles aliento. El estudiante de biolog?a no encuentra la forma de explicar a su progenitor, un simple camarero, el problema m?s sencillo de gen?tica molecular, ni el labrador lograr? nunca entender la ley de la entrop?a que le repite su hija, catedr?tica de f?sica. En la sobremesa se produce la misma incomunicaci?n, que en otro tiempo era debida a la divergencia ideol?gica y ahora se deriva del abismo cultural que los separa. No obstante, entre las nuevas generaciones ha quedado un magn?fico punto de conexi?n. Cuando llega la cosecha estos padres mandan a sus hijos, cirujanos, economistas y cient?ficos, unas hortalizas del peque?o huerto familiar que cultivan todav?a en el pueblo, a las que a?aden un paquete de embutidos de la matanza del cerdo. Una vez a a?o, a ras de la dicha de vivir, entre ellos se produce un gran consenso a la hora de ensalzar la alta calidad de los pimientos morrones y chorizos.

Publicado por carmenlobo @ 10:10  | Vincent, Manuel
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Domingo, 13 de febrero de 2011 | 13:11

Leer tus libros y tus artículos, Manuel, sí que nos hace grandes.Nunca había leido nada tan bonito sobre el cambio generacional.