Martes, 06 de noviembre de 2007

El tigre
MANUEL VICENT
EL PA?S 23-09-2007



Durante una tempestad que se desencaden? de repente en mitad de la sabana, un tigre fue alcanzado de lleno por un rayo, y entre los dos se produjo una gran confusi?n de luz, pero lejos de matarlo o herirlo la descarga el?ctrica s?lo traz? sobre la piel del tigre una nueva raya. A partir de ese momento fue un tigre con una raya de m?s, color fuego, que se ve?a brillando a mucha distancia. Si este felino tuviera vida interior, semejante suceso podr?a ser entendido como una gran conquista de su esp?ritu. Gracias a su poder de concentraci?n para enfrentarse a todos los peligros hab?a sido capaz de neutralizar la fuerza del rayo, un hecho del que pod?a sentirse muy orgulloso. Sabi?ndolo diferente, todas las fieras de su misma especie, incluidos los leones, comenzaron a rendirle admiraci?n, pero un d?a fue avistado por unos cazadores furtivos, quienes al advertir su rareza experimentaron un deseo furioso de capturarlo, puesto que este tigre se hab?a convertido en una pieza ?nica, la m?s cotizada, como una obra de arte. La codicia dividi? a los cazadores en dos bandos: unos so?aban con ofrecerlo al zoo de Berl?n para que se convirtiera en una estrella de la modernidad; en cambio, otros quer?an desollarlo, echar su carne a los buitres y vender la piel al peletero m?s afamado para que entrara abrazado a una mujer fascinante en el Metropolitan Opera House de Nueva York. El tigre supo muy pronto la pasi?n que hab?a despertado entre sus admiradores, cuyo n?mero iba en aumento d?a a d?a, todos armados. Estaba recreado en su gloria cuando oy? silbar muy cerca la primera bala. Era el mensaje que le mandaba un cazador para demostrarle cu?nto le quer?a. A este disparo siguieron varios m?s, todos con la misma se?al. Antes de que las bocas de los rifles formaran a su alrededor un c?rculo amoroso insalvable, el tigre consigui? refugiarse en una mancha boscosa de la sabana. Hasta all? llegaron enseguida otros cazadores con cerbatanas y c?psulas de somn?feros. Ni siquiera pod?a esperar que la noche le protegiera. La raya de fuego brillaba sobre su piel en la oscuridad, y aunque le quer?an a ?l nada m?s, todas las fieras huyeron de su lado al verse descubiertas por aquel resplandor. A medida en que la raya del tigre despertaba m?s pasi?n, se ahondaba alrededor la soledad. El rayo lo hab?a elegido para la gloria, y al mismo tiempo lo hab?a condenado. El tigre supo que estaba perdido. El instinto le hizo saber que la belleza s?lo est? a salvo y permanece incontaminada cuando es inaccesible.





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Publicado por carmenlobo @ 10:40  | Vincent, Manuel
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