Martes, 11 de septiembre de 2007
Los toros
Manuel Vicent



En los a?os veinte del siglo pasado hab?a muchos aficionados que empe?aban el colch?n para ir a los toros. Las disputas en los colmaos a favor y en contra del peto de los picadores, impuesto por Primo de Rivera en 1927, produjo al menos siete muertos a navaja, m?s que cualquier huelga o asonada frente a la propia dictadura. Siendo entonces la fiesta nacional la sustancia de la patria, el diario El Sol, el m?s prestigioso de la historia del periodismo espa?ol, no publicaba una sola noticia de las corridas. Ortega y Gasset era el alma intelectual de ese peri?dico. Pese a que particip? en alguna tienta vestido de corto, m?s que nada para deslumbrar a alguna amiga extranjera sedienta de un tipismo no exento de moscas, y anim? al torero Domingo Ortega a dar una conferencia sobre la lidia, su posici?n ante la fiesta era puramente acad?mica, porque pensaba que sin los toros no se pod?a entender la historia moderna de Espa?a. Uno cree tambi?n que sin la Inquisici?n no se puede entender el Siglo de Oro ni el siglo XIX sin el bandolerismo y no por eso hay que levantar un monumento a Torquemada y al Pernales como si fueran Lagartijo o Belmonte. Si no fue Ortega y Gasset, me gustar?a saber qui?n en El Sol decidi? que Don Tancredo no era un h?roe nacional ni tampoco constitu?a un s?mbolo patri?tico el perro Paco, que con m?s reflejos que el de Paulov, se sub?a al tranv?a en la parada del caf? Fornos y se iba a los toros por su cuenta y saltaba a la arena en medio de una faena para recibir el aplauso del p?blico. En aquel tiempo en que el perro Paco era m?s celebrado que Ram?n y Cajal, hubo alguien en la direcci?n de El Sol que pens? que hab?a otra Espa?a no tan negra ni tan castiza, que comenzaba a alejarse de la sordidez de la lidia y por la que hab?a que apostar. Era la Espa?a de la inteligencia clara y de la higiene personal, del regenacionismo social y de la salud p?blica, del deporte y del amor a la naturaleza, un esp?ritu nuevo frente al cual la corrida de toros, en el matadero mud?jar de las Ventas o en las brutales capeas de los pueblos, era la agria met?fora de nuestro atraso pol?tico y cultural. Hoy nuestros campeones mundiales de motociclismo, de f?rmula I, de tenis, de golf, de baloncesto, de vela, de atletismo que izan la bandera nacional en los podios, a los que se unen los cient?ficos espa?oles que son jefes de equipo en laboratorios y universidades extranjeras constituyen la patria con que la gente del diario El Sol en los a?os veinte so?aba, un pa?s sin puyazos ni estocadas.








Publicado por carmenlobo @ 10:55  | Vincent, Manuel
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