Martes, 14 de agosto de 2007
Sin perd?n
Arturo P?rez-Reverte
El Semanal febrero 2007



El otro d?a, oyendo la radio, me estuve riendo un rato largo. Y no porque el asunto fuese c?mico. Todo lo contrario. Era la m?a una risa atravesada, siniestra. Una risa con muy mala leche. Muy de aqu?. La de cualquier espa?ol medianamente l?cido que ve enfrentadas la Espa?a virtual, oficial, y la Espa?a real, en cuanto se asoma un rato a observar la demagogia y la tonter?a que gastamos en este pa?s de gilipollas.

La cosa, como digo, no era de risa. Un periodista entrevistaba por tel?fono al padre de una joven asesinada. Tard? un rato en enterarme de que la chica asesinada era gitana, porque el entrevistador no mencion? su etnia. Esto, que en el terreno de lo socialmente correcto resulta, supongo, muy loable, informativamente hablando es una imbecilidad notoria; porque, se pongan como se pongan los tontos del haba y los cantama?anas, el hecho de que alguien sea gitano o no lo sea aclara situaciones que en otros casos tendr?an dif?cil explicaci?n. Decir que dos familias se tirotean, por ejemplo, sin matizar que son familias gitanas y hay de por medio un ajuste de cuentas, es escamotear claves necesarias del asunto; tanto como decir que a una joven la mat? su hermano por deshonrar a la familia al llegar a casa faldicorta y maquillada, si no se especifica que hermana y hermano eran de origen marroqu?, y este ?ltimo integrista musulm?n. Quiero decir lo obvio: no son los mismos mundos, ni las mismas reglas. No siempre. Olvidar esto acarrea la imposibilidad de comprender y solucionar el problema. Cuando hay soluci?n, claro. Que ?sa es otra. Porque s?lo los cretinos y los que se dedican a la pol?tica ?una cosa no excluye la otra? son capaces de afirmar que existen soluciones para todo.

Pero a lo que iba. Cuando al fin me enter?, o deduje, que era un asunto de rapto gitano y asesinato, advert? la parte surrealista del episodio radiof?nico: una flagrante confrontaci?n entre la Espa?a virtual, encarnada por el entrevistador y su panoplia de clich?s de lo supercorrecto y lo megaincorrecto, y la Espa?a real, representada por un padre gitano ?insisto en el dato ?tnico? cabread?simo por la muerte de su hija. Ha pasado el tiempo, dec?a el entrevistador, y las heridas estar?n cicatrizando, ?verdad?... C?mo van a cicatris? las jeridas de mi hiha, respond?a el otro con mucha l?gica forense, si est? muerta y remuerta. Me refiero a las heridas morales, a las suyas, apuntaba el fulano de la radio. Quiero decir que el dolor ya no ser? el mismo, porque el tiempo serena las cosas y tal. ?No? Pues no, respond?a el padre. A m?, f?hese ust?, no me serena n? de n?. Me duele igu? ahora que cuando me la mat? ese hihodeputa. Su lenguaje de padre afectado ?matizaba r?pido el entrevistador? es comprensible por la p?rdida que tuvo. Pero quiz? haya llegado el tiempo del perd?n. ?Del perd?n? ?saltaba el otro?. ?Del perd?n de qu?? Voy a desirle a ust? una cosa: desde que ese perro entr? en el estarip?, lo tengo controlao. S? lo que hase, con qui?n se hunta. Conosco hente dentro, y ah? lo espero. Me pagar? lo que me tiene que pag?.

Llegados a ese punto, el entrevistador vio que la cosa se le iba de las manos. Debe usted confiar en la Justicia, insisti?. Todos debemos hacerlo, en un estado de derecho. Ah? el padre se call? un momento. ?Confi? en la Hustisia?, dijo luego. Mire ust?. Lo que yo s? de la Hustisia es que a los quinse a?o un guardia sivil me dio una palisa de muerte porque moy? cagarme en San Apapusio. ?Estamo o no estamo? As? que confi?, lo que dise confi?, a lo meh? conf?o. No le digo que no. Pero la Hustisia y el estao de deresho que de verd? no fallan son los de uno. Y le juro que ?se no sale del estarip?. Y si por casualid? sale, ah? lo espero. Por ?stas. Y que d? grasias su familia que la m?a se conforma con eso. En tal punto del di?logo, el entrevistador, claramente descompuesto, buscaba ya el modo de cortar la conexi?n de forma airosa. ?sa no es forma, farfullaba. Por Dios. El perd?n, ejem, la sociedad civilizada, la democracia, los jueces, la Constituci?n, ya sabe. Glups. Todo eso. D?heme de cuentos shinos, le cort? el padre. A ver por qu? tengo yo que perdon? al que mat? a mi hiha. Y si no, espere, que se pone mi muh?. La madre. D?gale a ella que conf?e en la Hustisia, o que perdone. Que parese ust? que no se entera. Oiga.




Publicado por carmenlobo @ 11:42  | P?rez-Reverte, Arturo
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios