S?bado, 11 de agosto de 2007
Est?n acampados ante nuestras murallas
Manolo Saco


Entre los efectos m?s graves del cambio clim?tico que nos hemos ganado a pulso, lo peor no es que en Dinamarca puedan hacer vino o cultivar caf? el d?a de ma?ana, ni que las costas del norte de la Gran Breta?a, ba?adas de un espl?ndido sol, lleguen a hacer la competencia al turismo espa?ol de playa. Ser?n los cambios mucho m?s profundos en las econom?as m?s pobres, como sequ?as y avance de la desertizaci?n, los que dejar?n a muchos lugares del planeta como campos de desolaci?n en los que ser? imposible continuar viviendo por la falta de los elementos m?s b?sicos para la subsistencia, como el agua y las cosechas.


En el primer mundo miramos a esa otra humanidad miserable, que nos contempla con envidia, con la altivez de los se?ores del castillo que se sienten amenazados por hordas invasoras acampadas a las faldas de sus murallas. Con las despensas bien provistas y los aljibes repletos de agua, estamos estudiando c?mo contener su envite, so?ando tontamente que tenemos las provisiones suficientes para aguantar el asedio hasta el fin de los tiempos. Son cientos, quiz? miles de millones de seres humanos, sin nada m?s que perder que la vida, los que irremediablemente ir?n a buscar la comida donde se encuentre, sea en los campos del se?orito del primer mundo, sea asaltando sus supermercados, en un movimiento migratorio de dimensiones colosales.


Es curioso que buena parte de la comunidad cient?fica est? volcada en el estudio de los efectos devastadores de ese pr?ximo cambio clim?tico mientras la clase pol?tica de las primeras potencias mundiales s?lo se preocupe de c?mo electrificar las murallas, y de c?mo sintonizar los radares de detecci?n de pateras. Ahora que tenemos tiempo, ?no ser?a bueno pensar que nos hallamos ante un problema que se podr?a resumir en que empieza a ser m?s valiosa el agua que el petr?leo? ?No ser?a mejor que lleg?ramos lo antes posible al convencimiento de que la presi?n del hambre har? reventar nuestras murallas, por mucho que las fortifiquemos, y que, por lo tanto, m?s nos valdr?a emplear la imaginaci?n en pol?ticas m?s solidarias y de reparto de la riqueza?


Sabemos desde Darwin (ese cient?fico al que tanto odian los creacionistas) que s?lo los mejor adaptados al medio subsisten, y que peque??simos cambios en el entorno pueden provocar cat?strofes de extinci?n. Dejar sin las presas naturales a los buitres, por ejemplo, con el entierro de las reses muertas por miedo a la gripe aviar, ha provocado un cambio en su comportamiento, lo que se traduce en ataques nunca vistos hasta ahora al ganado reci?n nacido y a sus madres parturientas. Y acabo de leer que en la India, numerosos grupos de simios est?n bajando de las selvas a la ciudades para competir con el hombre por el escaso alimento. ?Los monos se han organizado y se est?n apoderando de las ciudades indias?, rezaba el titular alarmista.


Todo eso no es nada comparado con el ingenio del ser humano para cambiar de dieta. Primero es el hombre el que provoca el cambio clim?tico y luego es el cambio clim?tico el que acaba alterando nuestras vidas. El efecto llamada de los subsaharianos o de los mexicanos no es otro que el olor a hamburguesas y beicon a la plancha con huevos fritos que les llega desde el norte. Una brisa exquisita que anuncia grasas y prote?nas. Por ahora es s?lo su problema. Pero que no os quepa la menor duda de que ma?ana ser? el nuestro.






Publicado por carmenlobo @ 11:31  | Internacional
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