Mi?rcoles, 04 de julio de 2007
Esp?as
JUAN JOS? MILL?S
EL PA?S 22-06-2007


Presa de un ataque de insomnio, me encontraba a las tres de la ma?ana frente al ordenador, en el trance de decidir si me pon?a a escribir o no, cuando el puntero comenz? a moverse solo por la pantalla. Fascinado por la intrusi?n, dej? hacer al pirata inform?tico y vi c?mo entraba impunemente en mi procesador de textos, desde el que abri? la novela que ten?a en marcha para introducir algunas modificaciones que (mentir?a si dijera otra cosa) no me parecieron mal. El puntero iba de un lado a otro de la p?gina con movimientos nerviosos, como si el intruso, pese a la hora, temiera ser descubierto. La operaci?n dur? unos veinte minutos.

At? cabos y comprend? entonces el origen de aquellas modificaciones que ven?a advirtiendo en mis textos y que no era consciente de haber realizado. Desde que un t?cnico me dijo que los momentos m?s dif?ciles para un ordenador son los de apagado y encendido, jam?s lo desconecto, de modo que mientras yo dorm?a alguien entraba como un sue?o en ?l y alteraba su contenido. Durante las siguientes noches, me levant? a la misma hora y comprob? que era as?. Podr?a haber ordenado que limpiaran el disco duro para eliminar el troyano, pero, embrujado como estaba por la situaci?n, lo dej? estar. Termin? (o terminamos) la novela (que curiosamente contaba la vida de alguien que ocupaba clandestinamente una vivienda ajena), la publiqu? y eso fue todo. El pirata desapareci? o entra a horas a las que no soy capaz de localizarlo.

El otro d?a estaba leyendo una novela polic?aca cuando not? un movimiento extra?o en el interior de mi cuerpo, a la altura de los pulmones. Sin abandonar del todo la lectura, permanec? atento a lo que ocurr?a en esas profundidades org?nicas y sent? que un fantasma ascend?a por mi cuello hasta alcanzar los ojos, desde donde se puso a leer el libro que yo ten?a entre las manos. A los diez minutos le pregunt? mentalmente qui?n era y descendi? apresuradamente hacia el pecho, donde sent? como el batir de una puerta que se abr?a y se cerraba. D?ndole vueltas, he llegado a la conclusi?n de que, siempre que leo, alguien lee tambi?n a trav?s de m?, pero ni se me habr?a ocurrido de no ser por la experiencia del ordenador.


Publicado por carmenlobo @ 10:40  | Millas, Juan Jose
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