Martes, 19 de junio de 2007
V?rgenes


Un d?a en que la iglesia del pueblo estaba desierta, siendo yo monaguillo, me encaram? en el retablo de un altar y le levant? las faldas a una Virgen. Sent?a curiosidad por saber qu? hab?a debajo de aquella imagen cuyo rostro de porcelana tanto me atra?a. Debajo de aquellas telas brocadas en oro hab?a solo unos palitroques. No recuerdo haberme llevado ninguna decepci?n. Incluso lo encontr? muy natural. En cambio, recuerdo muy bien con qu? intensidad ol?an las flores, que por el mes de mayo los ni?os cantando llev?bamos a Maria en la escuela donde el maestro don Ram?n hab?a montado un altar en un armario desportillado. No era el armaz?n montado con cuatro palos, sino aquel aroma tan pagano de las rosas, m?s fuerte que un eje de diamante, el que manten?a en pie a la Virgen unida a nuestros cinco sentidos corporales. El segundo domingo de mayo se celebra en Valencia la fiesta de la Virgen de los Desamparados. M?s all? de la org?a religiosa que desarrollan los fieles en el Traslado o de la lluvia de p?talos que cubre a la imagen durante la procesi?n, ese d?a en mi tiempo se celebraba otro rito: aunque hiciera un fr?o polar, las chicas ese d?a se quitaban oficialmente el jersey y aparec?an sus brazos desnudos hasta los hombros y bajo las telas livianas de colores se insinuaban las puntas de los senos y las curvas de las caderas. Poco importaba qu? soporte hubiera debajo de la imagen de cualquier virgen si aquel domingo de mayo un joven reci?n salido de la adolescencia pod?a tomar ya la primera ca?a de cerveza de aperitivo en el bar Los Caracoles con una de aquellas muchachas y quedaba con ella por la tarde con ir a bailar a Chacalay para juntar all? los dos su primer sudor de primavera. Los tornados humanos que se forman alrededor de la Virgen del Roc?o o de los Desamparados son fen?menos de la naturaleza muy misteriosos y no s? si vienen ya en el Nacional Geografic. Las v?rgenes de mayo son orgi?sticas, est?n unidas a la sensualidad del primer calor, no as? las de septiembre, que pese a presidir el mosto de la vendimia, son m?s serenas y melanc?licas. Si hoy llevan a un ni?o valenciano, el segundo domingo de mayo, al traslado de la Virgen, vestido con la camiseta del futbolista Albelda, y el gent?o lo pasa en volandas entre gritos de entusiasmo para que toque a la Madre de los Desamparados, esa sensaci?n le dejar? una doble marca en el cerebro l?mbico, como a m? me dejaron las flores a Mar?a en la escuela cuyo perfume no puedo separar del que produc?an cromos del equipo del Valencia.





Publicado por carmenlobo @ 21:31  | Vincent, Manuel
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