Mi?rcoles, 13 de junio de 2007
La toma de tierra
Juan Jos? Mill?s



El ser humano pone m?s pasi?n en lo que no existe que en lo que existe. Ah? est?n Dios y el diablo y la patria y los marcianos y el ?cido b?rico. Los programas sobre extraterrestres tienen tanto ?xito porque hablan de seres irreales, fant?sticos, inexistentes. Esa tendencia hacia lo quim?rico est? perfectamente compensada por la inclinaci?n del ser humano hacia la clase media, que es, por naturaleza, una clase opaca y turbia, pero absolutamente necesaria. Las sociedades sin clases medias est?n hechas unos zorros. Por otra parte, la ?nica revoluci?n que ha triunfado es la francesa, llevada a cabo por la burgues?a. Si uno cree en la clase media, quiz? no tenga m?s remedio que creer en Dios (o en los marcianos) para compensar. Pero si uno cree en los marcianos (o en Dios), est? abocado a corregir ese exceso intelectual perteneciendo a la ?nica clase social que tiene los pies en el suelo.

El novelista, que es un inventor de quimeras, trabaja fundamentalmente para la clase media. Nada hay en apariencia m?s contradictorio que ir a la oficina en el metro leyendo una novela de espadachines o de esp?as. A primera vista, si a usted le gustan los espadachines (o los esp?as), no deber?a ser funcionario de Correos. Pero s?lo a primera vista, porque si usted trabaja en el Ministerio de Hacienda, su m?dico de cabecera le deber?a recetar una novela semanal de aventuras. El secreto de la vida consiste en tener el cuerpo en un sitio y la cabeza en otro. Hay individuos con el cuerpo y la cabeza en el mismo lugar, pero son excepciones. Y con frecuencia est?n locos (los m?sticos, pongamos por caso).

Y casi sin querer hemos llegado al concepto cl?sico de evasi?n. El cine nos sirve de evasi?n; la tele nos sirve de evasi?n; la lectura nos sirve de evasi?n. Lo primero que hacemos, nada m?s conquistar el cuerpo, es evadirnos de ?l. El sue?o es la evasi?n por excelencia, y viene como mecanismo de serie con el organismo. Mucha gente cree que, al dormir, el alma se libera del cuerpo y flota por la habitaci?n, ligeramente unida a ?l por un cord?n de plata. La imagen es fant?stica, como la de un gordo sosteniendo un globo de gas. Los kilos mantienen al gordo unido a la clase media, al suelo, mientras que el globo representa la aspiraci?n de elevarse. Cuando el globo se pincha, se queda uno a solas con su cuerpo (de ah? el onanismo), pero al d?a siguiente volvemos a so?ar, a evadirnos: a inflar el globo, en fin.

Para algunos, el sue?o es incompatible con la ?toma de conciencia?. La toma de conciencia es como la toma de tierra: sirve para que no nos electrocutemos. Cuando la tensi?n entre los extraterrestres que llevamos en la cabeza y los trienios que acumulamos en el culo resulta excesiva, puede producirse una descarga que nos deje en el sitio. Ah? es donde interviene la toma de conciencia. Nos ideologizamos, mayormente, para que no salten los plomos. Y a?n as?, con frecuencia, saltan porque la vida del ser humano es un ejercicio de funambulismo.

Tengo una amiga mod?lica: lee novelas de esp?as, es funcionaria de la Seguridad Social y pertenece a un partido pol?tico al que paga una cuota mensual. He ah? una existencia bien armada, un circuito vital homologado, un puzle bien compuesto. Pese a ello, el otro d?a se le saltaron los plomos. Iba en el metro, ingiriendo d?cilmente su dosis semanal de literatura de aventuras, cuando levant? la mirada de la p?gina y no sab?a ni qui?n era ni d?nde estaba. Se ape? en la primera parada, sali? a la superficie y anduvo por la ciudad durante dos d?as busc?ndose a s? misma mientras su marido y sus hijos rastreaban sus pasos. La encontraron en el centro, disfrazada de mendiga, asegurando que se hab?a visto obligada a cambiar de identidad porque la persegu?a una organizaci?n secreta de la que hab?a descubierto casualmente, leyendo una novela en el metro, un secreto terrible.

No la persegu?a ninguna sociedad secreta, sino una hipoteca, dos hijos adolescentes, un marido enfermizo, un trabajo tedioso y una vida sin horizonte. Pero frente a todas estas cosas existentes, reales, que nos persiguen a todos, ella eligi? un perseguidor fant?stico por esa tendencia de la que habl?bamos al principio de creer m?s en lo irreal que en lo real. De nada le sirvi? la toma de tierra ni el polo positivo ni el negativo. Su marido contin?a pagando la cuota del partido, por si vuelve en s?, como el que paga un nicho a plazos. Todo el juego de contrarios del que venimos hablando es una representaci?n del juego entre la vida y la muerte, que se salda siempre a favor de la ?ltima. No hay toma de conciencia ni toma de tierra capaz de prevenirnos de ella. Lo bueno de la muerte es que, siendo tan real, se trata de un acontecimiento que no podemos vivir, porque cuando llega ya estamos muertos. Qu? raro es todo.





Publicado por carmenlobo @ 10:54  | Millas, Juan Jose
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