Viernes, 13 de abril de 2007
El mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos
Por Jos? Pablo Feinmann

P?gina 12 Domingo 1 de avril 2007




En 1940, en la soleada California, Theodor Adorno y Max Horkheimer escriben un libro sombr?o. Tratan de comprender, dicen, ?por qu? la humanidad, en lugar de entrar en un estado verdaderamente humano, desemboc? en un nuevo g?nero de barbarie?. La frase ?hasta donde yo s?- nunca mereci? las evidentes cr?ticas que deben hac?rsele. La Humanidad siempre estuvo en un estado verdaderamente humano. De aqu? que su historia haya sido lo que fue y lo que est? siendo y (peor a?n) lo que ser?. En ese libro algo ca?tico y con pasajes inspirados (me refiero a Dial?ctica de la Ilustraci?n) Adorno y Horkheimer ?algo fabulosamente raro en dos pensadores que se dicen marxistas? se dedican a a?orar los tiempos que antecedieron a la Revoluci?n Francesa, y exponen luego una teor?a por la cual toda la culpa la tiene la Ilustraci?n, cuya consecuencia fue ese desatino de la revoluci?n mencionada que acab? transformando la raz?n en raz?n instrumental y avasallando la naturaleza y arruinando la relaci?n arm?nica del hombre con ella.

Si se piensa la cuesti?n se ver? que con la Revoluci?n Francesa la burgues?a capitalista de ese pa?s toma el poder pol?tico tirando al diablo el r?gimen mon?rquico y decapitando a sus reyes. (Algo que, al menos en la pel?cula amable de Sofia Coppola, a Mar?a Antonieta, por esas cosas de San Cine, no le ocurre.) El te?rico del Estado moderno (capitalista) se llam? Thomas Hobbes y ten?a tan mala opini?n de los lobos que ?para decir que los hombres eran sanguinarios y se faenaban los unos a los otros? dijo (c?lebremente): homo homini lupus. Algo que ya dec?an los romanos, que no eran capitalistas pero ten?an el esp?ritu imperial que este sistema tuvo desde sus lejanos or?genes en el siglo XV, cuando conquist? medio planeta y cuando barri? a sangre y fuego, en tanto lo evangelizaba, los territorios americanos. Ese genocidio (que s?lo Bartolom? de Las Casas denunci?) parece haber llegado a la suma de cuarenta o setenta millones de muertos. Lo cual, estad?sticamente, es lo mismo. Porque una estad?stica no le quita el sue?o a nadie y ver un solo cad?ver en la calle porque lo arroll? un coche (algo que pasa todo el tiempo en la bella Buenos Aires) provoca en la gente terribles reacciones: mareos, v?mitos, desarreglos intestinales, pesadillas la noche del evento; evento que, quien lo ha visto, habr? de contar, durante la cena, a los suyos con lujo de detalles para exorcizarlo. Los suyos no lo escuchar?n porque lo estar?n viendo por televisi?n con m?s y mejores detalles, sangre del arrollado, un brazo por ah?, un zapato que vol? hasta la otra cuadra con el pie adentro, plano detalle del pie al que le faltan tres dedos, ambulancia, familiares sufrientes, declaraciones del automovilista (?yo no lo vi, ven?a hablando por el celular con mi hijita que hoy fue abanderada, soy un buen padre yo?) y un especial con otros accidentes, cad?veres m?ltiples, m?s sangre y un periodista que preguntar? indignado: ??Hasta cu?ndo seguir? esto??.

?Qu? se desprende de este minirrelato? Un mill?n de muertos es una estad?stica; uno, una tragedia. Se trata de luchar contra esa frialdad de la estad?stica. Hay una buena frase que dice: ?No mataron seis millones de jud?os. Mataron uno y luego lo mataron seis millones de veces m?s?. Con lo cual se busca que nos concentremos en cada una de esas muertes y no transformemos el horror en estad?stica. Del modo que fuere, nada de esto funciona con el l?der iran? Mahmud Ahmadinejad. (Cada vez me resulta m?s f?cil escribir el nombre de este l?der isl?mico. Eso significa que ya me acostumbr? a leerlo una y otra vez porque el hombre es c?lebre. Lo cual es grave.) Ahmadinejad tiene una versi?n muy personal de la frase ?No mataron seis millones de jud?os; mataron uno y luego lo mataron seis millones de veces m?s?. El s?lo dice: ?No mataron seis millones de jud?os?. Volvemos a la frase de Hobbes. Los romanos y ?l se equivocaron. El hombre es peor que los lobos. Sobre todo en su capacidad de crueldad. Los lobos pueden matarse entre ellos, pero jam?s un lobo torturar? a otro. Es injusto con los animales decirles ?animales? a los torturadores, o decirles ?bestias?: las bestias no torturan, los hombres s?.

Si Adorno y Horkheimer creyeron que la humanidad hab?a llegado al extremo de la barbarie no tratar? de desmentirlos sino de a?adir que est? por llegar a otro. La Segunda Guerra Mundial (con lo cual volvemos a las estad?sticas) dej? un saldo de cincuenta millones de muertos. Cincuenta millones es una cifra que permite hacer algo con ella. Transformar ?cincuenta? en ?sin cuenta?. En cada masacre, desde ?uno? en adelante los muertos son ?sin cuenta?. ?Sin cuenta? ser?n los muertos si Estados Unidos ?como seriamente amenaza? invade Ir?n. El pa?s del Norte tuvo hacia fines de la d?cada del cuarenta e inicios de la del cincuenta un ataque de locura colectiva. La Guerra Fr?a la desat?. Pero no s?lo ella. Surgi? el personaje perfecto para encarnar esa locura: Joseph McCarthy, un senador republicano por Wisconsin. La Historia no acontece a medias. Cuando se da, cuando HAY verdaderamente ?historia?, muchas cosas tienen que coincidir. Que McCarthy haya sido republicano no significa nada. Hizo lo que quiso y ning?n pol?tico del partido dem?crata pudo frenarlo. ?Por qu?? Estados Unidos hab?a entrado en una etapa de ?histeria paranoica?. Entre los sin?nimos de ?histeria? (nerviosismo, convulsi?n, exaltaci?n) hay uno que me interesa: enajenaci?n. Estados Unidos, durante sus etapas de histeria, se enajena de sus valores. De los que dice ?encarnar?. La democracia, las libertades civiles, el individualismo. Los manda al demonio. Los tira por la borda. Con McCarthy todos ve?an comunistas. Fue la fiebre de la Guerra Fr?a. Hoy todos ven terroristas. Y tienen al McCarthy que necesitan. Pero no es s?lo un senador por Wisconsin, es el presidente de la Rep?blica. Lo terrible de esta ?nueva? barbarie (por usar los t?rminos de Adorno y Horkheimer) es el factor nuclear. Si Estados Unidos invade Ir?n lo que nos aguarda es eso que los t?cnicos llaman una ?guerra nuclear limitada?. Frase que encierra una mentira evidente. No hay guerra nuclear limitada. Adem?s, la locura de la nueva guerra yanqui desatar? todos los frentes imaginables y a?n m?s.

Por suerte, la ciencia tambi?n est? desbocada ?casi tanto como la pol?tica, algo que no es poco decir? y se encuentra a punto de crear una cosa que se llama el hombre cyborg. Lo que nos llevar?a a la siguiente situaci?n: en tanto la guerra nuclear limitada mata hombres en el Islam, en tanto el Islam responde con actos terroristas y mata hombres en todo el planeta, los cient?ficos est?n a punto de superar al doctor Henry Frankenstein creando infinitos Boris Karloff que ser?n, posiblemente, el nuevo rostro de la humanidad futura. Nadie sabe qu? est? haciendo, en ese terreno, el gigante chino, cuyas reservas monetarias se calculan superiores a los 1,1 billones de d?lares, resultado de su original?simo ?comunismo democr?tico de mercado?, definici?n dada por los mismos estrategas chinos y que a m?, lo confieso, me parte la cabeza. El r?gimen norcoreano est? agazapado; exhibe buenos modales, pero lo nuclear le fascina: sue?a con ver estallar su uranio en el coraz?n de las bellas ciudades occidentales. La resistencia iraqu? es devastadora: coches bombas, atentados, muertos que ya no se cuentan o que son estad?stica pura, o sea, nada. En Par?s (donde, seg?n le dice Fred Astaire a Cyd Charisse en Mu?eca de seda, todas las noches una mitad de la poblaci?n le hace el amor a la otra) multitudes de j?venes inmigrantes, actuando como guerrilla urbana, armados con barras de hierro, destrozaron la Gare du Nord (Estaci?n del Norte) y asaltaron todos los negocios que pudieron. Ingrid Bergman se abraza a Humphrey Bogart y con l?grimas en sus bellos ojos dice: ?El mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos?.


Publicado por carmenlobo @ 11:40  | Internacional
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