Jueves, 21 de diciembre de 2006
EL PARA?SO ERA UN AUTOB?S
Juan Jos? Mill?s



?l trabaj? durante toda su vida en una ferreter?a del centro. A las ocho y media de la ma?ana llegaba a la parada del autob?s y tomaba el primero, que no tardaba m?s de diez minutos.
Ella trabaj? tambi?n durante toda su vida en una mercer?a. Sol?a coger el autob?s tres paradas despu?s de la de ?l y se bajaba una antes. Deb?an salir ahoras diferentes, pues por las tardes nunca coincid?an.Jam?s se hablaron. Si hab?a asientos libres, se sentaban demanera que cada uno pudiera ver al otro. Cuando el autob?s iba lleno,se pon?an en la parte de atr?s, contemplando la calle y sintiendo cada uno de ellos la cercana presencia del otro.
Cog?an las vacaciones el mismo mes, agosto, de manera que los primeros d?as de septiembre se miraban con m?s intensidad que el restodel a?o.
?l sol?a regresar m?s moreno que ella, que ten?a la piel muy blanca y seguramente algo delicada. Ninguno de ellos lleg? a saber jam?s c?mo era la vida del otro: si estaba casado, si ten?a hijos, si era feliz.
A lo largo de todos aquellos a?os se fueron lanzando mensajes no verbales sobre los que se pod?a especular ampliamente. Ella, por ejemplo, cogi? la costumbre de llevar en el bolso una novela que aveces le?a o fing?a leer. A ?l le pareci? eso un s?ntoma desensibilidad al que respondi? compr?ndose todos los d?as el peri?dico.Lo llevaba abierto por las p?ginas de internacional, como para sugerir que era un hombre informado y preocupado por los problemas del mundo.Si alguna vez, por la raz?n que fuera, ella faltaba a esa cita no acordada, ?l perd?a el inter?s por todo y abandonaba el peri?dico en un asiento del autob?s sin haberlo le?do.
As?, durante una temporada en que ella estuvo enferma, ?l adelgaz? varios kilos y descuid? su aseo personal hasta que le llamaron la atenci?n en la ferreter?a: alguien que trabajaba con el p?blico ten?a la obligaci?n de afeitarse a diario.
Cuando al fin regres?, los dos parec?an unos resucitados: ella,porque hab?a sido operada a vida o muerte de una perforaci?n intestinal de la que no se hab?a quejado para no faltar a la cita; ?l,porque hab?a enfermado de amor y melancol?a. Pero, a los pocos d?as de volver a verse, ambos ganaron peso y comenzaron a asearse para el otro con el cuidado de antes.
Por aquellas fechas, ?l ascendi? a encargado de la ferreter?a y se compr? una agenda. Entonces, se sentaba tan cerca como pod?a de ella, la abr?a, y con un bol?grafo hac?a complicadas anotaciones que suger?an muchos compromisos. Adem?s, comenz? a llevar corbata, lo que oblig? a ella, que siempre hab?a
ido muy arreglada, a cuidar m?s los complementos de sus vestidos. En aquella ?poca ya no eran j?venes,pero ella comenz? a ponerse unos pendientes muy grandes y algo llamativos que a ?l le volv?an loco de deseo. La pasi?n, en lugar dedisminuir con los a?os, crec?a alimentada por el silencio y la falta de datos que cada uno ten?a sobre el otro.
Pasaron oto?os, primaveras, inviernos. A veces llov?a y el viento aplastaba las gotas de lluvia contra los cristales del autob?s,difuminando el paisaje urbano. Entonces, ?l imaginaba que el autob?s era la casa de los dos. Hab?a hecho unas divisiones imaginarias para colocar la cocina, el dormitorio de ellos, el cuarto de ba?o. E imaginaba una vida feliz: ellos viv?an en el autob?s, que no paraba de dar vueltas alrededor de la ciudad, y la lluvia o la niebla los proteg?a de las miradas de los de afuera. No hab?a navidades, ni veranos, ni semanas santas. Todo el tiempo llov?a y ellos
viajaban solos, eternamente, sin hablarse, sin saber nada de si mismos.Abrazados.
As? fueron haci?ndose mayores, envejeciendo sin dejar de mirarse. Y cuanto m?s mayores eran, m?s se amaban; y cuanto m?s se amaban m?s dificultades ten?an para acercarse el uno al otro.
Y un d?a a ?l le dijeron que ten?a que jubilarse y no lo entendi?, pero de todas formas le hicieron los papeles y le rogaron que no volviera por la ferreter?a. Durante alg?n tiempo, sigui? tomando el autob?s a la hora de siempre, hasta que lleg? al punto de no poder justificar frente a su mujer esas raras salidas.De todos modos, a los pocos meses tambi?n ella se jubil? y el autob?s dej? de ser su casa.
Ambos fueron languideci?ndose por separado. El muri? a los tres a?os de jubilarse y ella muri? unos meses despu?s. Casualmente fueronen terrados en dos nichos contiguos, donde seguramente cada uno siente la cercan?a del otro y sue?an que el para?so es un autob?s sin paradas.

Publicado por carmenlobo @ 9:23  | Millas, Juan Jose
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