Viernes, 17 de noviembre de 2006
Vamos a cambiar de vida
Juan Jos? Mill?s



Jorge hab?a estado tomando copas en aquel bar de moda hasta las tres de la ma?ana, por lo que le sent? bien el golpe de aire fresco que recibi? en la cara cuando sali? a la calle. Se encontraba en ese punto de la borrachera en el que la euforia predomina sobre cualquier otra sensaci?n. Coloc?ndose al borde la calzada esper? la llegada de un taxi tarareando una melod?a. En esto, pas? por delante de ?l otro transe?nte tambi?n un poco cargado de alcohol. Era un hombre joven, con aspecto de ejecutivo, que le pregunt? si esperaba un taxi. Le respondi? que s?.

?Pues me pondr? a la cola ?dijo coloc?ndose unos metros m?s abajo que ?l.

Tras unos minutos de espera, comenz? a caer una lluvia fina. El borracho segundo llevaba un paraguas plegable que ofreci? al borracho primero.

?Gracias ?dijo Jorge coloc?ndose bajo su protecci?n.

Mientras llegaba el taxi hablaron de m?sica. El borracho segundo ven?a de un club donde tocaban jazz. A Jorge le gustaba el jazz y pregunt? d?nde se encontraba, para la siguiente ocasi?n. Una corriente de simpat?a circul? de inmediato entre los dos. Era evidente que pertenec?an a la misma cultura. Lo raro es que siendo ambos aficionados a la noche no hubieran coincidido hasta el momento.

Cuando lleg? el taxi, Jorge se ofreci? a dejar en su casa al reci?n conocido.

?No te molestes.
?S?, hombre, que est? lloviendo, venga.

Una vez dentro del autom?vil se presentaron. El borracho segundo se llamaba Manuel. Tras discutir un poco sobre qui?n dejaba a qui?n en su casa, decidieron pasar primero por la de Manuel. El taxista era un tipo ?spero que escuchaba uno de esos programas de radio en los que los insomnes cuentan sus intimidades sin pudor. Subi? el volumen de la radio para hacer notar a los viajeros que le molestaba su conversaci?n. Cuando llegaron a casa de Manuel, ?ste invit? a tomar una copa a Jorge, ?la ?ltima?.

??Vives solo?
?S?.
?Pues vamos all?.

Manuel viv?a en un apartamento grande, sin habitaciones. S?lo el cuarto de ba?o ten?a puerta y era de cristal (un cristal opaco, desde luego, pero que dejaba pasar la luz). En las paredes hab?a litograf?as de artistas que Jorge reconoci? enseguida, y en las estanter?as, junto a los libros, peque?as esculturas mexicanas. Jorge pens? que si fuera soltero vivir?a en un lugar parecido. Con los a?os, en su casa se hab?an acumulado demasiados objetos, pues su mujer era de las que no se desprend?an de nada. ?l, por el contrario, ten?a una tendencia a desprenderse de todo lo viejo. Si hubiera tenido valor, se habr?a desprendido tambi?n de su matrimonio. Pero, pese a que las cosas iban mal desde hac?a tiempo, no ten?a valor para divorciarse.

Manuel puso un disco y sirvi? dos copas. Empezaron a hablar de cine y result? que tambi?n en esto ten?an gustos parecidos. Mientras hablaban, Jorge descubri? sobre la mesa de caf? una especie de abrecartas afilad?simo. Sin comprender por qu?, se imagin? tom?ndolo entre sus manos y clav?ndoselo a Manuel en el pecho, quiz? en la espalda. Dada su agudeza, penetrar?a sin problemas entre las costillas, alcanzando el coraz?n. Sab?a a la altura que deb?a atacar, pues era m?dico.

?Ser?a un crimen perfecto?, se pregunt?. S?, sin duda. Nadie conoc?a la relaci?n entre ambos. S?lo el taxista los hab?a visto juntos, pero no se hab?a fijado en sus caras, absorto como estaba en el programa de radio. Lo matar?a y se lavar?a las manos. Luego borrar?a tranquilamente sus huellas dactilares, por si acaso, y bajar?a las escaleras procurando no tropezarse con nadie. Ya en la calle, se alejar?a caminando y tomar?a un taxi en un sitio apartado del lugar de los hechos.

No lo mat?, pero vivi? la fantas?a con tal intensidad que era casi como si lo hubiera hecho. Se despidi? de Manuel a la seis de la ma?ana y lleg? a su casa a las siete. Su mujer se acababa de levantar. Jorge se disculp?, por la hora, y algo nuevo pas? entre ellos porque hicieron el amor. Lo que hab?a ocurrido es que Jorge acababa de descubrir la posibilidad de llevar otra vida, una vida de asesino para ser exactos, y eso le reconciliaba con el mundo. Tras desayunar le dijo a su mujer: ?Vamos a cambiar de vida?. Y eso fue todo.




Publicado por carmenlobo @ 10:14
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