Lunes, 13 de noviembre de 2006
Arturo P?rez-Reverte



Nunca hemos sido tan vulnerables como ahora. Vivir apretando botones y pasando tarjetas por ranuras, ir en hora y media de Madrid a Par?s, tiene su precio. Tanto confort que nos facilita la vida trae impl?cito, con la posibilidad del fallo, su propio desastre. Un apag?n, una tarjeta de cr?dito estropeada, un min?sculo error inform?tico pueden bloquearlo todo, dej?ndonos inermes ante la m?quina, el sistema o la vida. Pero hay una variante m?s azarosa del asunto: la mano interpuesta del hombre. En cuesti?n de fallos, no hay conjunci?n m?s temible que el ser humano y la m?quina. Nada m?s peligroso que un mecanismo de los que rigen tu vida, y en cuya supuesta eficacia conf?as, puesto en manos de un malvado. O lo que es peor: de un imb?cil.

El otro d?a viv? una peque?a demostraci?n de lo que les cuento. Algo anec- d?tico, afortunadamente; trivial en apariencia, pero que me dej? ?y aqu? sigo? reflexionando sobre el asunto. Pasaba el control de seguridad en el aeropuerto de Roma, sometido a las humillaciones y sevicias de rigor. Tras despojarme de reloj, llaves, monedas y cuantos objetos pod?an hacer sonar el detector de metales, lo puse todo en la bandeja correspondiente, met? ?sta y mi bolsa de mano en la cinta transportadora y me situ? tras un pobre abuelete al que hab?an hecho quitarse el cintur?n y caminaba sujet?ndose pat?ticamente los pantalones, como si fuese camino del horno n?mero 4 de Auschwitz. Cruc?, al llegar mi turno, el arco con la ligereza de ?nimo de quien se sabe inocente; pero al coger mi bolsa de mano, una agente de seguridad pidi? ver su interior. ?Lleva un objeto extra?o?, me dijo la pr?jima en italiano. Iba a responder que no hab?a nada extra?o en mi bolsa, cuando record? que llevaba, envuelta en su caja, una figura de plomo de un palmo de longitud que hab?a comprado en una tienda para coleccionistas: un maiale, aquel peque?o submarino biplaza que los buceadores italianos utilizaban, durante la Segunda Guerra Mundial, para atacar de noche a los barcos ingleses fondeados en Gibraltar. Entonces, cayendo en la cuenta de cu?l era el objeto extra?o, sonre?, hurgu? en la bolsa y se lo mostr? a la agente.

Apenas vi la cara con la que la individua lo miraba, comprend? que iba a tener problemas. Me ha tocado, pens?, la retrasada mental del aeropuerto. Frunc?a el ce?o, obtusa, cuando cogi? la especie de torpedo pintado de verdegris naval, sopes?ndolo, y mir? la h?lice y las dos figurillas de buzos sentadas a horcajadas sobre ?l. ??Qu? es esto??, pregunt? observ?ndome como si llevase puestos una kufiya iraqu? o un turbante afgano. Entonces comet? el error de dar explicaciones. ?? un ginnoto?, dije en mi italiano b?sico. ?Un piccolo sommergibile militare.? Su expresi?n me produjo un escalofr?o. La p?jara era menuda, con el pelo casta?o muy cardado, un cintur?n con walkie-talkie y esposas, y de pronto le vi cara de loca. ??Torpedo militar??, concluy? observ?ndome con siniestra suspicacia. ?La has jodido, Artur?n?, pens?. Y para acabar de arreglarlo, decid? apelar a su memoria hist?rica. Esta subnormal es italiana y agente de seguridad, decid?. Alg?n entrenamiento tendr?, supongo. Algo habr? le?do. As? que aclar?: ?? un maiale?. Y ah? perd? el control de la cosa, porque la pr?jima me clav? unos ojos como pu?ales y grit?: ??Me ha llamado cerda??. Mir? la cola que se hab?a formado detr?s, pues bloque?bamos el paso. ?No ?respond?, intentando no dejarme dominar por el p?nico?. Ho detto maiale, mascolino, no maiala. Maiale significa porco, ? vero. Ma cos? si chiama anche queste siluro. Data della guerra mondiale, ?capisce?? La t?a estudiaba el submarinillo, y de vez en cuando intentaba ?aunque era imposible? desenroscar su parte delantera. ?Maiala?, repet?a, pensativa. ??Y qu? ha dicho de la guerra??

Entonces ped? socorro. Literalmente. Lo dije en voz alta, en espa?ol, y luego lo repet? en italiano: ??Aiuto!?. Alrededor se hizo el silencio. Hoy no vuelo, pens?. Me quedo en Roma con el puto sommergibile. Entonces se acerc? un agente de seguridad normal, con el cociente intelectual m?nimo adecuado, supongo, para ese trabajo. Con esa cara de cachondos que ponen algunos italianos cuando tratan con espa?oles. ?Me ha llamado cerda?, le inform? la t?a, indignada. Ni me defend?. Le mostr? el cuerpo del delito al agente, e imit? el gesto de juntar los cinco dedos y balancear la mano hacia arriba. Entonces el otro cogi? el submarino, sonri? admirado y exclam?: ??Un maiale!... ?Qu? bonito! ?D?nde lo ha comprado??.



Publicado por carmenlobo @ 10:01  | P?rez-Reverte, Arturo
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