Domingo, 12 de noviembre de 2006

JUAN JOS? MILL?S
EL PA?S 03-11-2006


Me echaron del ?ltimo bar a las seis de la ma?ana, pero no me ve?a con ?nimos de conducir. Encend? un cigarrillo como el que se toma un consom?, para templar el cuerpo, y anduve un rato a la deriva. No hab?a taxis o yo no era capaz de verlos. En esto, pas? por delante de una iglesia cuya puerta empuj? y cedi?. Ten?a una nave central y dos laterales. En las laterales hab?a peque?as capillas consagradas a santos o v?rgenes de escayola que me intimidaron ligeramente. Encend? una vela a san Aurelio porque mi padre se llamaba as?, y otra a la Virgen de los Remedios, por mam?. Estaba arrepentido de mi vida, como siempre a esas horas, y llor? un poco delante de san Cipriano. Unas l?grimas burocr?ticas, de tr?mite.
En esto, vi un confesionario con una puerta central y dos ventanillas laterales. Ten?a sobre el asiento un coj?n rojo muy blando, como de plumas. Parec?a un hogar, de modo que entr?, me sent?, apoy? la cabeza en una de las paredes y me qued? dormido. Pas? un tiempo indeterminado antes de que me despertara la voz de una mujer que me hablaba desde la ventanilla derecha. Dec?a que hab?a deseado mil veces la muerte de su marido, pero que ahora que hab?a muerto se sent?a sola y est?pida, adem?s de culpable. Ve?a mucho la televisi?n, a veces programas sucios, indecentes, incluso hab?a llegado a asomarse a una pel?cula pornogr?fica. Quer?a consejo y perd?n. Le dije que los maridos se mueren con independencia o no de que se desee su muerte. Se mueren m?s maridos que esposas, a?ad? absurdamente antes de darle la absoluci?n.
Tras esta rara experiencia, abandon? el confesionario y sal? a la calle. Hab?a amanecido; el tr?fico comenzaba a desperezarse. Mir? el reloj y calcul? que no me dar?a tiempo a pasar por casa antes de ir al trabajo. Algunos d?as iba directamente del bar a la oficina, as? era mi vida. Comprend? que algo se hab?a roto aquella madrugada, pero no sab?a qu?. De hecho, hice lo de todos los d?as y por la noche volv? a incurrir en los bares. Al amanecer regres? a la iglesia y ocup? el confesionario. Al poco, se asom? por la ventanilla de la derecha la mujer del d?a anterior y comenz? a hablar. Entonces me pareci? que lo que se hab?a roto comenzaba a arreglarse de forma misteriosa.

Publicado por carmenlobo @ 10:00
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