Domingo, 22 de octubre de 2006
Lo verdadero y lo falso
Juan J. Mill?s


Durante las vacaciones, Jorge le compr? un Rolex falso a un ?rabe que pon?a un tenderete en el mercadillo de su pueblo (siempre hab?a envidiado al hermano de su mujer, que ten?a uno de verdad). No se lo dijo a nadie, por miedo a ser tachado de rid?culo, pero a veces se encerraba en el cuarto de ba?o para contemplarlo a gusto, como el que se fuma un cigarrillo clandestino. Sentado en el borde de la ba?era, observaba el movimiento de sus agujas, la perfecci?n de sus formas, el brillo de su caja de acero. Por las ma?anas, al meterse en el coche para ir a trabajar, se lo pon?a en la mu?eca, desplazando hacia arriba la manga de la camisa. El Rolex falso le proporcionaba un sentimiento de seguridad incomprensible. Al detenerse en los sem?foros lanzaba al conductor del autom?vil de al lado una mirada de superioridad. Pero se lo quitaba de nuevo al entrar en la oficina, pues su sueldo no daba para tales caprichos y tarde o temprano habr?a tenido que confesar que era de imitaci?n.

Lleg? a vivir con el Rolex una pasi?n secreta no muy distinta a la que se vive con una amante, pues se ve?a con ?l a escondidas, en lugares donde ning?n conocido pudiera sorprenderlo en el acto de mirar la hora. Pronto comenz? a buscar excusas para salir de casa solo. Una vez lejos de su barrio, se pon?a el reloj y paseaba elegantemente por la calle. Le gustaba entrar a tomar una copa en las cafeter?as de los hoteles, donde miraba continuamente la hora, como si esperara a alguien. Un d?a, un camarero le dijo con admiraci?n:
??se es el modelo de Rolex que m?s me gusta.
??Por qu?? ?pregunt? Jorge.
?Porque s?, porque es bell?simo. Jorge le agradeci? el halago y sali? de la cafeter?a henchido de un placer que, aunque falso (como el reloj), le proporcion? unos instantes de dicha. Pero entonces se pregunt? c?mo ser?a la sensaci?n de tener un Rolex de verdad, un Rolex leg?timo, aut?ntico, un Rolex como Dios manda, en fin. A partir de ese instante comenz? a sufrir. El reloj marchaba bien, muy bien, no se retrasaba ni se adelantaba un solo segundo. Daba, pues, la hora, que es lo fundamental en un reloj. Pese a ello, a Jorge le parec?a que las horas contabilizadas por aquellas agujas falsas eran tambi?n horas falsas, horas copiadas de las horas de verdad. La idea le cre? un malestar difuso. No se deshizo del reloj, pero dej? de presumir de ?l ante los desconocidos. Si la relaci?n hasta ese instante hab?a sido clandestina, ahora se volvi? secreta.

Un d?a, encontr?ndose en la casa de su cu?ado, a donde su mujer y ?l hab?an acudido para la celebraci?n de una comida familiar, observ? que el hermano de su mujer no llevaba puesto su Rolex. Tras pedir disculpas para ir al cuarto de ba?o, se intern? en el pasillo de la casa y entr? en el dormitorio principal. En seguida vio el Rolex verdadero de su cu?ado brillando como una joya sobre la mesilla de noche.

Entonces sac? el Rolex falso del bolsillo y cambi? uno por otro. Pas? los siguientes d?as bajo un estado de agitaci?n indeseable, temiendo que el hermano de su mujer descubriera el canje. Pero no ocurri? nada. De hecho, habl? varias veces con ?l por tel?fono sin que en la conversaci?n mencionara nada relativo al reloj. Poco a poco, Jorge se fue tranquilizando, lo que le permiti? disfrutar a solas de la nueva adquisici?n. Pasaba tanto tiempo en el cuarto de ba?o, ador?ndolo m?s que observ?ndolo, que su mujer pens? que hab?a vuelto a fumar a escondidas.

??Qu? haces tanto tiempo en el ba?o?
??Qu? crees t? que se hace en los cuartos de ba?os? ?respond?a ?l.
?Los ni?os y los maridos tontos, fumar. Pero lo cierto es que no ol?a a tabaco. Pese a que empez? a sospechar que ten?a una amante, tampoco le encontr? nunca pelos de mujer en la ropa. Pero algo ocurr?a, pues lo cierto es que Jorge se arreglaba m?s de lo normal. ?Qui?n iba a sospechar que se arreglaba para el Rolex? Un d?a, cuando se estaban metiendo en la cama, su mujer le dijo:
??Te acuerdas del Rolex de mi hermano? Se lo compr? a un vendedor ambulante por cuatro pesetas, pues era de imitaci?n, aunque siempre nos hizo creer que era de verdad. Pues bien, el caso es que ha ido a cambiarle la pila y le han dicho que es de verdad. ?Qu? te parece? Es como si le hubiera tocado la loter?a.

Jorge permaneci? dentro de la cama con los ojos abiertos durante varias horas. Luego, cuando su mujer entr? en un sue?o profundo, fue al cuarto de ba?o con la idea de abrirse las venas, pero le falt? valor. En cuanto al Rolex, lo arroj? a una alcantarilla.



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Publicado por carmenlobo @ 10:12  | Millas, Juan Jose
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