S?bado, 21 de octubre de 2006

Manuel Vicent


Pasaron los a?os. El ingreso en el bachillerato, el pantal?n largo, la universidad, el primer amor, el trabajo, la boda, los hijos, la muerte de un familiar, el ?xito de la empresa y as? sucesivamente hasta llegar a una edad en que el hombre volvi? la vista atr?s para analizar las cosas que hab?a vivido y comprob? que su biograf?a no era sino una cr?nica de sucesos sujeta a una serie de fechas, que se hab?an transformado en un collar de perro en torno a su garganta. Un d?a supo que todo pod?a cambiar. Hasta entonces su vida se hab?a contado por a?os, pero hubo un momento en que los a?os abandonaron el calendario para convertirse s?lo en tiempo y su vida se abri? en varios brazos como un r?o cuando discurre mansamente por una tierra muelle, sin accidentes, hasta dar en el mar. El tiempo no son los a?os, pens?. El tiempo es un estado de ?nimo, una conciencia de las cosas, un arte de vivir y de cazar. Esos humedales, ligeramente putrefactos, del final de un r?o son los m?s fecundos de todo su curso y all? se posan muchas aves azules, aunque tambien hay serpientes y caimanes en las ci?nagas. El hombre se propuso erigir su vida en ese lugar entre la belleza y la muerte. Se sacudi? el dogal que le apretaba el cuello hasta convertirlo en un c?rculo de hierro en torno a su persona donde a duras penas pod?a entrar un idiota, un pelmazo, un predicador desga?itado, un pol?tico imb?cil o cualquier aguacil que se acercara dando ?rdenes perentorias. Para que los a?os se convirtieran s?lo en tiempo necesitaba un arco con algunas flechas y sentirse libre. El paisaje de la desembocadura de un r?o lo forma siempre una l?nea difusa de agua blanda cuya bruma absorbe la franja rosada del horizonte. As? era tambi?n su memoria y dentro de ella se posaban muchas aves en sus migraciones. Decidi? comenzar la cacer?a con el arco sin ninguna ansiedad. Puesto que su calendario no ten?a fechas, su vida era ya una aventura personal y tumbado a la sombra de un ?rbol esper?. No ten?a prisa. Finalmente tens? el arco y dispar? tres flechas hacia lo alto sin apuntar a ninguna pieza determinada. Despu?s se baj? el ala del sombrero hasta las cejas y mordiendo una brizna sinti? que el tiempo discurr?a como un r?o por su conciencia y cuando el sol ya ca?a, vi? que la primera flecha tra?a engarzado un pato salvaje, otra hab?a cazado una garza de labios pintados de rojo y la tercera bajaba una carta con una cita de amor para una fecha indefinida. El tiempo consiste en que eso pueda suceder sin que el coraz?n se altere, pens?.

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Publicado por carmenlobo @ 10:10  | Vincent, Manuel
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Domingo, 13 de febrero de 2011 | 15:24

Lo más terrible del tiempo es cuando te das cuenta de su esistencia.