Jueves, 19 de octubre de 2006
Javier Mar?as
10 de septiembre de 2006


Este pa?s no es ya que sea de chiste, sino grotesco o quiz? algo peor. Durante buena parte de agosto la prensa ?con El Pa?s a la cabeza, que hasta le dedic? un editorial? nos ha dado una matraca incre?ble con la reciente revelaci?n, por parte del Nobel G?nter Grass, de su breve pertenencia a las SS cuando ten?a diecisiete a?os. No s?lo se ha seguido al detalle la evoluci?n de la noticia en Alemania, sino que hasta el ?ltimo mono espa?ol ha aportado sus supuestos an?lisis y su opini?n, su defensa o su condena e incluso su explicaci?n ?psicol?gica? del porqu? y el cu?ndo de la confesi?n. Lo mismo sucedi? cuando se supo de los respectivos pasados nazis (m?s o menos graves) de los fil?sofos Heidegger y Cioran, y aun de la imaginaria lista de filocomunistas que en su d?a habr?a proporcionado George Orwell, uno de los escritores m?s cabales del siglo XX (result? ser un globo pinchado, pero eso no impidi? montar el esc?ndalo).


Y mientras proliferan los sesudos o fr?volos art?culos sobre cualquier intelectual extranjero repentinamente ?manchado?, en Espa?a sigue siendo casi imposible contar ?s?lo contar? las pringosidades fascistas o stalinistas de nuestros escritores. Se sabe ?pero se ha procurado acallar? que otro Nobel, Cela, se ofreci? a los veinti?n a?os a la polic?a franquista como delator de ?la conducta de determinados individuos?, con lo que eso significaba en plena Guerra Civil; que se pas? voluntariamente de Madrid a Galicia para unirse al ej?rcito golpista; que fue censor durante la postguerra; que el r?gimen de Franco lo condecor?; y yo poseo un ejemplar de un libro suyo dedicado de su pu?o y letra en 1953 a Mill?n-Astray (s?, el de ?Viva la muerte? y ?Abajo la inteligencia? y el enfrentamiento con Unamuno, si no recuerdo mal), al que llama ?padre y amigo?, ?con tanto cari?o como respeto, su muy devoto ??, en fin.


Nada de esto ha armado nunca ni la mitad de revuelo medi?tico que el pecado juvenil de Grass. Al rev?s: cada vez que yo u otros hemos intentado que se conocieran hechos comprobados o citas literales de algunos de nuestros escritores durante la Guerra o despu?s, tanto la derecha como la izquierda han hecho llover sobre nosotros chuzos de punta. Que a qu? ven?a eso; que si pelillos a la mar; que si todo el mundo hab?a hecho lo mismo (lo cual no es cierto, algunos no, y les cost? muy caro); que si ment?amos; que c?mo nos met?amos con figuras que ?luego? hab?an sido muy democr?ticas y antifranquistas, como si la encomiable rectificaci?n de antiguas posturas vergonzosas obligara a dar ?stas por no existidas y a silenciarlas o falsearlas eternamente.


En este pa?s grotesco, ni la derecha ni la izquierda tienen el menor inter?s en que se sepa la verdad, y ambas est?n a?n dedicadas a maquillarla a su favor, cuando no a tergiversarla con desfachatez. No cuente usted lo que escribieron o hicieron Cela, La?n Entralgo, Tovar, Maravall, Ridruejo, S?nchez Mazas, D?Ors, Gim?nez Caballero o Fox?, porque no fue nada malo, exclama la derecha, o empez? a serlo s?lo cuando se apartaron del falangismo o de la dictadura, los que lo hicieron. No cuente usted lo que escribieron o hicieron Aranguren, Haro Tecglen o Torrente Ballester, porque acabaron siendo muy ?progres? y amigos nuestros, exclama la izquierda indignada, y menos a?n Bergam?n, que fue rojo de principio a fin. Por ambos lados la consigna es callar. Todo lo contrario que con Grass, Heidegger, J?nger o Cioran, no digamos con Drieu la Rochelle o C?line.


?A qu? se debe esto, a cinismo puro? Por supuesto. ?Al doble rasero, seg?n los intereses de cada cual? Desde luego. Pero hay algo m?s. El Gobierno, con una ingenuidad rayana en la idiotez, prepara una ?Ley de la Memoria Hist?rica? que, si se aprueba, no tendr? el menor efecto real, por la sencilla raz?n de que no se dan en Espa?a las condiciones indispensables para semejante proyecto. No pueden darse sin un amplio consenso social y pol?tico sobre lo aqu? ocurrido entre 1936 y 1975. Y lo cierto es que hay demasiados espa?oles ?empezando por el Partido Popular y la Iglesia Cat?lica, acabando por muchos fieles de ambos y parte de la prensa? a los que es obvio que el franquismo no les parece mal. Por el otro lado, son pocos los izquierdistas oficiales que aceptan que s? se puede y se debe sentir orgullo por los a?os de la Rep?blica, pero no por los de la Guerra, con salvedades concretas como la heroica resistencia de Madrid y otras ciudades. Se cometieron demasiadas bestialidades en los dos bandos, y que las de los franquistas fueran m?s y mayores sirve de muy escaso consuelo. Recuerdo que mi padre, que fue soldado republicano, hablaba de ?los injustamente vencedores, los justamente vencidos?, dando a entender que la Guerra merecieron perderla todos.

Personalmente creo que la ganaron quienes m?s deb?an haberla perdido, pero admito que yo no estuve all? y ?l s?, en Madrid y brevemente en Valencia durante aquellos tres a?os. No s? cu?ntos m?s habr?n de pasar para que la verdad interese de veras (la redundancia es a prop?sito, hoy interesa de boquilla), pero est? claro que setenta no han bastado, cuando aqu? corren r?os de tinta sobre el pecado de Grass, que apenas si nos concierne, y se sigue amordazando con malos modos a quienes alguna vez mencionamos los de nuestros compatriotas intocables.






Publicado por carmenlobo @ 10:34
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