Mi?rcoles, 11 de octubre de 2006

Arturo P?rez-Reverte



C?diz. ?ltima hora de la tarde. Calle casi desierta, a excepci?n de David, hijo de mi amigo el artista gaditano, especialista en reconstrucci?n de uniformes hist?ricos, Miguel ?ngel D?az Galeote. David, que tiene catorce a?os, acaba de salir del colegio y espera sentado en la parada el autob?s que lo lleve a casa. Pasa alg?n coche de vez en cuando. Al rato, atento a la llegada del transporte, ve acercarse una bicicleta desde el extremo de la calle. Sin prestarle atenci?n, sigue hojeando los apuntes que tiene sobre las rodillas, porque dentro de tres d?as hay examen y lo lleva crudo. Mientras tanto, despacio, la bici llega hasta ?l. David levanta la vista y comprueba que se ha detenido y que, apoyado en el manillar, lo observa un chico un par de a?os mayor que ?l. Uno de esos pishas gaditanos de toda la vida: moreno, escurrido de carnes, pantalones de ch?ndal y camiseta del Cai. El reci?n llegado lo mira muy fijo. Tiene el aire cl?sico de los zagales duros de all?. As? que David, pese a ser un cr?o tranquilo, se mosquea un poco.
?Dame er dinero, quiyo ?dice el de la bicicleta.

Los pocos coches que pasan no se percatan de la situaci?n; y aunque as? fuera, que se detuvieran es otra cosa. David, que no tiene un pelo de cobarde, tampoco lo tiene de chuleta, ni de tonto. Sabe que all? solo, frente a uno de diecis?is a?os, va listo. Indefenso total. As? que lo mira a los ojos, procurando no mostrar m?s preocupaci?n que la justa.
?S?lo llevo un euro ?responde?. Para el autob?s.
Habla con la calma de quien dice la verdad. El otro lo mira de arriba abajo, despectivo, apoyado en el manillar. Por un momento, David piensa en el reloj que lleva en la mu?eca, regalo de sus padres. Espero que no le d? por quit?rmelo, se dice. Pero al otro s?lo le interesa el met?lico.
?Vac?ate los borsiyos.


Resignado a lo inevitable, David obedece. Deja los apuntes en el suelo y se levanta. Su ?nico capital, el solitario y pat?tico euro, reluce en la palma de su mano. Sin dejar la bici, el otro se apodera del bot?n. Luego se aleja pedaleando tranquilamente, haciendo eses por la calzada. David suspira, coge sus apuntes y echa a andar por la acera, en la misma direcci?n por la que se aleja el precoz chorizo que acaba de arrebatarle su capital. Media hora hasta casa, calcula. Algo menos si camina deprisa. A trechos se sorbe un poco la nariz. No est? avergonzado ?es un chaval sereno y sabe que la vida es as?, pero siente picado el orgullo. Si el otro hubiera tenido su edad, el euro habr?a tenido que quit?rselo a golpes, si se atrev?a. Pero las cosas son lo que son. As? que aprieta el paso, inquieto porque llegar? tarde a cenar y su madre estar? preocupada.
??A?nde vas, quiyo?


El joven atracador, que al volverse a mirar atr?s lo ha visto caminar, acaba de describir una curva con la bicicleta y ahora pedalea a su altura, mir?ndolo con curiosidad. Sin aflojar el paso, ce?udo, David responde.
??D?nde voy a ir? A mi casa.
??Andando?
?Me has quitado el euro.


El otro se queda pensando. Luego le pregunta d?nde vive, y David se lo dice. En la calle tal, n?mero cual. Durante un trecho, el pisha sigue pedaleando a su lado, el aire reflexivo, mir?ndolo de reojo. De pronto frena.
?Sube, quiyo. Que te yevo.
??Qu??
?Que subas, o?.


Y entonces, David, con la naturalidad de sus benditos catorce a?os, se instala en el ?nico asiento de la bici y se agarra a los hombros del choricillo, que, de pie sobre los pedales, sin sentarse, lo lleva tranquilamente por la avenida, durante diez o doce minutos, hasta la puerta misma de su casa.
?Gracias ?dice al bajarse.
?De nada, quiyo.
Y el joven atracador se aleja muy digno, pedaleando. Dicho en una palabra: C?diz.


El Semanal 1 octubre 2006

Publicado por carmenlobo @ 10:02  | P?rez-Reverte, Arturo
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios