Domingo, 08 de octubre de 2006
Alianza de valores

EL PA?S 11-09-2006


Desde la ni?ez nos inculcan la idea de que el enemigo de la civilizaci?n es la barbarie; la civilizaci?n obviamente es la nuestra; la barbarie, ajena. Pero dicha idea autocomplaciente no se sostiene: un conocimiento a?n somero de los hechos nos muestra que las distintas civilizaciones se suceden con id?ntico mensaje: la victoriosa se impone a la vencida. La aniquila, la somete o la digiere. Calar en el pasado nos revela una superposici?n de estratos. La historia es una estratigraf?a. Los anales de nuestras urbes mediterr?neas -Roma, Estambul, Jerusal?n, Barcelona o El Cairo- confirman la observaci?n del gran ling?ista Iuri Lotman: la ciudad es un mecanismo que revive constantemente su propio pasado de modo pr?cticamente sincr?nico. Las civilizaciones se asientan en una sedimentaci?n de ruinas. La actual cubre las anteriores, las niega o las refuta, las interpreta o las explica. A los avances de algunas en el ?mbito del pensamiento, instituciones de gobierno, letras y artes, sigue el retroceso abismal impuesto por la fuerza de las armas. Roma, y los b?rbaros, Bagdad y los mongoles. Las ruinas del subsuelo dan testimonio de un esplendor muerto: nos conmueven e ilustran el vae victis. Tambi?n arden manuscritos, pero las ideas que contienen no desaparecen del todo. Permanecen soterradas y, cuando las circunstancias lo permiten, afloran de nuevo. La filosof?a griega se transmite a trav?s de Toledo y resurge en el Renacimiento.

Digo esto porque no hay una civilizaci?n, hay civilizaciones en lucha casi continua. A los periodos de tregua suceden otros de enfrentamiento y conquista. Y al producirse los grandes avances cient?ficos y la traves?a de los oc?anos, nuestra civilizaci?n europea y cristiana arriba a los confines de un mundo ya no plano, sino esf?rico: a continentes e islas remotos, algunos de ellos vulnerables por su estructura social rudimentaria y otros con otra m?s rica y elaborada, pero inferiores desde un punto de vista militar. As?, la "civilizaci?n" sujeta y esclaviza a la llamada barbarie. Millones de seres humanos sufren la crueldad sin l?mites del m?s fuerte, del amo que los civiliza con grillos, cadenas y l?tigos. Pero la conciencia de unos valores universales, esto es, no exclusivos de la civilizaci?n propia, alimenta la protesta de unos pocos: voz imprecatoria de Las Casas, pluma certera del Conrad de En el coraz?n de las tinieblas.

?Qu? valores son ?stos? ?C?mo acceden a nuestra conciencia? Su emergencia es lenta y, como se?al? Stephen Zweig, se remontan tal vez al panfleto de Castelio contra Calvino cuando, tras la quema de Miguel Servet por orden de ?ste, los resumi? en una frase: "Matar a un hombre para defender una idea no es defender una idea, es matar a un hombre".

La idea de unos derechos humanos comunes a toda la especie m?s bien inhumana a la que pertenecemos se abre paso a duras penas a trav?s de las guerras interreligiosas que asolaron a Europa, como asuelan a?n el Oriente Pr?ximo y diversas zonas de ?frica y el subcontinente hind?. La labor de los fil?sofos -primero de los averro?stas y de la notable estirpe de pensadores hispanohebreos; luego de Descartes y Bacon, y por fin de los enciclopedistas; pienso sobre todo en mi admirado Diderot- desemboca en la Declaraci?n de los Derechos del Hombre y el Ciudadano de la Revoluci?n francesa, pese a que el terror revolucionario la redujo a letra muerta bien antes del ascenso y ca?da de Bonaparte y el triunfo del absolutismo de la muy poco Santa Alianza.

Repasar el siglo que hemos dejado atr?s evidencia asimismo que las peque?as conquistas de la raz?n son f?cilmente barridas por la sinraz?n de los credos religiosos, exaltaci?n de la naci?n y de la sangre, el totalitarismo ideol?gico y el fundamentalismo de la tecnociencia. En el coraz?n mismo de nuestra civilizaci?n surgi? el horror del holocausto y el universo de los campos de concentraci?n nazis y estalinianos. Los nombres de Hiroshima y Nagasaki simbolizan tambi?n la barbarie engendrada por el avance letal de nuestros conocimientos.

Todas las civilizaciones triunfantes conllevan el germen de esa barbarie que hoy se extiende sin l?mites de espacio ni de tiempo, con peligro no s?lo de nuestras vidas sino de la supervivencia del planeta. Los mesianismos y extremismos ideol?gicos se tocan y mutuamente se alimentan. ?nicamente los valores conquistados con tes?n en los ?ltimos siglos, plasmados en la Carta Fundacional de Naciones Unidas, pueden dar fin a las desigualdades brutales del mundo, a los choques de civilizaciones no necesariamente opuestas y al terrorismo ciego que se ensa?a en las poblaciones inocentes, provenga de donde provenga.

La Alianza de Civilizaciones propuesta por el jefe de Gobierno espa?ol, Jos? Luis Rodr?guez Zapatero, en la Asamblea General de Naciones Unidas en septiembre de 2004 merece ser defendida por quienes oponemos la fuerza de la raz?n a la raz?n de la fuerza. Pero, dado que lo que se entiende por "civilizaci?n" incluye en su seno la semilla de la barbarie, yo preferir?a denominarla Alianza de Valores: estos valores universales, c?vicos, laicos, fruto de la resistencia de las mentes m?s l?cidas, sean de la civilizaci?n que sean, al dogmatismo de las identidades religiosas, nacionales o ?tnicas que hoy como ayer proliferan en nuestro min?sculo y sobreexplotado planeta.



Publicado por carmenlobo @ 19:26
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