Martes, 05 de septiembre de 2006
El preceptor fil?sofo

Marqu?s de Sade



De todas las ciencias que se inculcan a un ni?o cuando se trabaja en su educaci?n, los misterios del cristianismo, aun siendo sin duda una de las materias m?s sublimes de esta educaci?n, no son, sin embargo, las que se introducen con mayor facilidad en su joven esp?ritu. Persuadir, por ejemplo, a un muchacho de catorce o quince a?os de que Dios padre y Dios hijo no son sino uno, que el hijo es consustancial a su padre y que el padre lo es al hijo, etc., todo esto, por necesario que sea no obstante para la felicidad de la vida es m?s dif?cil de hacer comprender que el ?lgebra; y cuando se quiere tener ?xito, uno se ve obligado a emplear ciertas equivalencias f?sicas, ciertas explicaciones materiales que, por desproporcionadas que sean, facilitan, sin embargo, a un muchacho la comprensi?n de la misteriosa materia.


Nadie estaba tan plenamente convencido de este m?todo como el padre Du Parquet, preceptor del condesito de Nerceuil, que ten?a unos quince a?os de edad y el rostro m?s hermoso que fuera posible contemplar.


- Padre -dec?a d?a tras d?a el joven conde a su preceptor-, de verdad que la consustancialidad est? por encima de mis fuerzas, me es absolutamente imposible concebir que dos personas puedan convertirse en una sola: aclaradme ese misterio, os lo suplico, o ponedlo al menos a mi alcance.


El virtuoso eclesi?stico, deseoso de tener ?xito en su educaci?n, contento de poder facilitar a su disc?pulo todo aquello que un d?a pudiera hacer de ?l un hombre de provecho, ide? un procedimiento bastante satisfactorio para allanar las dificultades que hac?an cavilar al conde, y este procedimiento, tomado de la naturaleza necesariamente, ten?a que resultar bien. Hizo venir a su casa a una jovencita de trece a catorce a?os y tras asesorarla convenientemente la uni? a su joven disc?pulo.


Y bien -le pregunta-, amigo m?o, ?entend?is ahora el misterio de la consubstancialidad? ?Comprend?is ya con menos dificultad que es posible que dos personas se conviertan en una sola?


-Oh, Dios m?o, claro que s?, padre -responde el encantador energ?meno-; ahora lo entiendo todo con una facilidad sorprendente. No me extra?a que ese misterio constituya, seg?n se dice, toda la alegr?a de los seres celestiales, pues es agradabil?simo divertirse haciendo de dos uno solo.


Algunos d?as m?s tarde el joven conde rog? a su preceptor que le diera otra lecci?n, pues pretend?a que hab?a a?n algo en el misterio que no comprend?a bien y que no podr?a explicarse m?s que celebr?ndolo una vez m?s en la forma en que ya lo hab?a hecho. El complaciente cl?rigo, a quien esta escena divert?a probablemente tanto como a su alumno, hace volver a la muchachita y la lecci?n vuelve a empezar, pero esta vez el cl?rigo, singularmente emocionado por el delicioso panorama que ofrec?a a sus ojos el guapo muchacho de Nerceuil consubstanci?ndose con su compa?era, no pudo resistirse a intervenir en la explicaci?n de la par?bola evang?lica y las bellezas que con ese motivo recorren sus manos acaban por inflamarle totalmente.


Me parece que esto va demasiado de prisa -exclama Du Parquet, agarrando al condesito por la cintura-, excesiva elasticidad en los movimientos, por lo que resulta que no siendo tan ?ntima la conjunci?n no refleja adecuadamente la imagen del misterio que hay que demostrar aqu?... Si nos ponemos, exacto de esta forma -prosigue el p?caro, obsequiando a su joven disc?pulo con lo mismo que ?ste ofrece a la muchacha.


?Ah! Dios m?o, ?que me hac?is da?o, padre! -exclama el muchacho-. Y adem?s esta ceremonia me parece in?til. ?Qu? otra cosa me ense?a sobre el misterio?


-?Oh diablos! -contesta el eclesi?stico, balbuceando de placer-. ?Pero no ves, amigo m?o, que te lo ense?o todo de una vez? Esto es la Trinidad, hijo m?o? Hoy te estoy explicando la Trinidad, cinco o seis lecciones m?s y ser?s doctor de la Sorbona.







Publicado por carmenlobo @ 11:16
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