Domingo, 03 de septiembre de 2006
La historia no les absolver?

JUAN GOYTISOLO
EL PA?S 22-07-2006


Quienes imaginaban que la entrada triunfal del ej?rcito norteamericano en Bagdad y el derrumbe de la tiran?a de Sadam Husein abr?an una nueva era, no s?lo para Irak sino tambi?n para todo Oriente Pr?ximo -era en la que florec?an la paz, la democracia y la prosperidad-, viv?an en otro planeta, probablemente en Marte: ignoraban la estructura tribal y cl?nica del pa?s, sus confrontaciones ?tnicas y religiosas mantenidas a lo largo de los siglos de gobierno por dinast?as extranjeras. Si los otomanos se mostraron capaces de aglutinar con pragmatismo aquel mosaico de piezas abigarradas, sus sucesores ingleses no se lucieron como cre?an en un brillante desfile militar y debieron recurrir al empleo de gases t?xicos para aplastar la rebeli?n de las tribus y contrarrestar la acci?n de unas fuerzas centr?fugas reacias a aceptar las fronteras trazadas conforme a los acuerdos Sykes-Picot. Tras una dura "pacificaci?n" de diez a?os, llevaron al trono a la dinast?a Hachem? bajo la indisimulada tutela de las compa??as petroleras de capital brit?nico. En 1958, un feroz golpe de Estado acab? con los Hachem?s (princesas y principitos incluidos) y, desde entonces, Irak fue gobernado con mano de hierro por militares y miembros del partido Baaz, pertenecientes todos ellos a la minor?a sun?. La ascensi?n y ca?da de Sadam Husein -su guerra de agresi?n contra Ir?n alentada y sostenida por Occidente, genocidio de la poblaci?n kurda de Halabya, invasi?n de Kuwait, Guerra del Golfo, represi?n salvaje del levantamiento chi?, etc?tera- est?n en la mente de todos y no me demorar? en ello.


En primavera de 2003 o?amos hablar de la reconstrucci?n r?pida del pa?s, de un nuevo Plan Marshall, de fabulosos ingresos petrol?feros que enriquecer?an a los miembros de la Coalici?n y contribuir?an de paso a la causa del progreso y la libertad en el mundo ?rabe. Tres a?os despu?s, comprobamos que ninguna de estas previsiones se han cumplido. Despu?s de la desastrosa decisi?n del proc?nsul norteamericano Paul Bremer de disolver el ej?rcito y la polic?a de Sadam, dejando en la calle a decenas de millares de sus miembros que no tardar?an en unirse a la insurgencia, las milicias chi?es y sun?es imponen su ley con brutalidad y campan a sus anchas, las decapitaciones y matanzas del grupo religioso rival por misteriosos escuadrones de la muerte aumentan a diario. La guerra civil es ya un hecho y las ingentes sumas destinadas a la reconstrucci?n de Irak se emplean en la dudosa protecci?n del personal encargado de llevarlas a cabo. Los ocupantes permanecen atrincherados en sus bases y sus incursiones mort?feras contra la insurgencia, con los denominados eufem?sticamente "da?os colaterales" que acarrean, acrecen el odio de una poblaci?n que les acogi? como libertadores. Abu Ghraib y la multiplicaci?n de "errores" admitidos por el Pent?gono no arreglan las cosas. La behetr?a y el horror cotidiano reinantes en el llamado tri?ngulo sun? se extienden hoy al sur y a las instalaciones petrol?feras amenazadas por grupos incontrolados. La muerte de Abu Musab al Zarqaui -verdugo despiadado de rehenes y autor de una delirante fetua sobre el deber religioso de ejecutar a los "ap?statas" chi?es, esto es, el 60% de la poblaci?n iraqu?- no va a cambiar, al menos a medio plazo, el curso de la insurrecci?n ni la limpieza ?tnica de las zonas y barrios mixtos ni la islamizaci?n forzada de una sociedad laica, de la que las mujeres son ya las primeras v?ctimas. Contrariamente al refr?n, con la muerte del perro no acaba siempre la rabia.


La invasi?n ilegal de Irak, basada en mentiras e informes manipulados, es a estas alturas un desastre de dimensiones inabarcables. Enviscados en el atolladero que ellos mismos crearon, los ocupantes -?qui?n puede llamarles a?n liberadores?- se encuentran en el brete de decidir entre quedarse (no se sabe hasta cu?ndo) y partir (de forma escalonada a fin de salvar las apariencias). Abandonar la aventura militar, tras haber convertido a Irak en una alm?ciga de yihadistas fan?ticos y terroristas suicidas, ser?a admitir una derrota m?s humillante e infinitamente m?s peligrosa que las del L?bano y Somalia. Prolongar la ocupaci?n en espera de dejar en su lugar a un Gobierno capaz de imponer una dif?cil, pero no imposible, estabilidad les convierte en rehenes de la mayor?a chi?, cuyos v?nculos con Teher?n no puede ignorar nadie.En el tira y afloja con el r?gimen de los ayatol?s sobre su acceso a la tecnolog?a nuclear, el ?ltimo dispone de mejores bazas. Empantanados en el valle del ?ufrates, los norteamericanos no pueden permitirse abrir un nuevo frente. Como ha advertido Al? Yameini, Ir?n guarda la llave del estrecho de Ormuz por el que transita el crudo saud?, de los Emiratos ?rabes, Kuwait, Irak y el suyo propio. Su cierre o un ataque a los cercanos yacimientos de oro negro de sus vecinos ser?a un golpe insoportable para la econom?a estadounidense y de los pa?ses dependientes del abastecimiento energ?tico de Oriente Pr?ximo.


Si a todo ello sumamos la situaci?n intolerable de la poblaci?n palestina, encerrada en guetos inviables por el monstruoso muro de cemento erigido por Israel a despecho de la legalidad internacional y de resoluciones de Naciones Unidas -situaci?n agravada ahora con las mort?feras incursiones y ataques en Gaza y L?bano-, comprobaremos que el unilateralismo y la ideolog?a ultraderechista de Bush y sus asesores han fomentado el yihadismo en el mundo isl?mico, convertido a Irak en un polvor?n, condenado a la miseria de ?frica subsahariana con las subvenciones proteccionistas a sus propios agricultores, substituido los programas de ayuda de Clinton por gigantescos presupuestos de Defensa, recortado los derechos civiles de la ciudadan?a, cubierto infamias como la de Guant?namo y aumentando el endeudamiento nacional a cifras jam?s vistas. La arrogancia e imprevisi?n del primer mandatario se vuelven como un bumer?n contra ?l: su popularidad ha ca?do a m?nimos y el efecto de su viaje rel?mpago a Bagdad no durar? probablemente m?s que el escenificado hace tres a?os, en plena euforia guerrera. La combinaci?n de autismo voluntario, groseros errores estrat?gicos y mesianismo religioso inspirado por predicadores de la especie de Pat Robertson le han consagrado ya como el peor presidente de la democracia norteamericana.


Si el sost?n sin falla a las teocracias del Golfo y a los reg?menes corruptos favorables a los intereses pol?ticos y econ?micos estadounidenses no augura nada bueno para el porvenir democr?tico de los pueblos arabomusulmanes, la invasi?n de Irak, proyectada como sabemos hoy antes del 11-S, y la invenci?n de unos v?nculos inexistentes entre Sadam y Al Qaeda inician una deriva inquietante de la Casa Blanca hacia la guerra asim?trica contra el Mal, sin l?mites de tiempo ni fronteras, de la que todos somos rehenes. La lucha contra el terrorismo internacional ampara no s?lo graves violaciones y atropellos de los derechos humanos, sino que equipara leg?timos actos de resistencia a ocupaciones ilegales con carnicer?as perpetradas contra civiles indefensos. Esto es: transforma la enorme complejidad de las situaciones pol?ticas, econ?micas, religiosas y culturales que afrontamos en una cruzada maniquea como la predicada por el islamismo radical.


Resulta sorprendente que ning?n pol?tico de peso del Partido Dem?crata estadounidense, desplazado del poder por artima?as del gobernador de Florida, se haya planteado a estas alturas la necesidad de un proceso de incapacitaci?n presidencial como el que condujo, por faltar asimismo a la verdad y obstruir la acci?n de la justicia, a la dimisi?n de Nixon. Los mecanismos de salvaguardia de la primera democracia del mundo, ?se han enmohecido y perdido su fuerza? ?No son Bush y sus asesores presuntos culpables de graves ilegalidades y encubrimientos? Magro consuelo nos queda: la historia no les absolver?.





Publicado por carmenlobo @ 11:05
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