Domingo, 13 de agosto de 2006
El curso

MANUEL VICENT
El Pais 30-07-2006


Otro a?o ha pasado. Doce largos meses. Quienes, recordando la ?poca de estudiantes, partimos todav?a los a?os por las vacaciones de verano sabemos que el curso ha terminado. Por mi parte, a?n acostumbro a contar los meses por las frutas que tomo de postre. S? que ser? abril cuando haya fresas en la mesa; mayo vendr? acompa?ado de cerezas y junio dejar? paso a las brevas de San Juan y a los albaricoques. El perfume de estas frutas lo llevo asociado a?n al tiempo de los ex?menes. Mientras estudiaba desesperadamente con el libro abierto bajo el flexo, desde la habitaci?n o?a cantar al cuclillo, sonaban acordeones de alguna verbena lejana que tra?a y se llevaba la brisa, y de la oscuridad de la noche brotaban fuegos artificiales de las fiestas de primavera por toda la huerta de Valencia. La libertad del verano llegaba, de pronto, con las sand?as. Quienes, adem?s de estudiar, nos hemos criado entre campesinos, sabemos que los a?os se cuentan por cosechas cuyos ritos agrarios uno debe aplicar tambi?n a la moral y al arte de vivir. Ahora trato de recordar cuanto de bueno y de malo me ha sucedido a lo largo del a?o, y lo guardo en la memoria como si cada sensaci?n, un libro, un viaje, una enfermedad, un lance de amor, la muerte de un amigo, fuera el resultado de un cultivo o de un desastre de la naturaleza. As? siembra el trigo el labrador, as? maduran los membrillos, as? humean las hojas podridas de oto?o donde anidan las trufas que descubrir?n los cerdos. El curso ha terminado. Ha pasado otro a?o. Despu?s de una larga ausencia hay que descubrir el nuevo paisaje que la mente crea en el verano, y otras estancias del propio interior deben ser abiertas y oreadas a la luz de agosto. Es un milagro que se repite al final de cada curso: cargado con la experiencia acumulada durante nueve meses, uno vuelve al mar con el esp?ritu entero o ya quebrado y encuentra all? todav?a algunos placeres de la juventud que nadie ha podido arrebatar. Puede que aquel bosquecillo de manzanos o el huerto de limoneros est? hoy cubierto de cemento y que el espanto de una guerra, donde mueren tantos inocentes, arruine el ?ltimo esplendor sobre la hierba, pero m?s all? de las bombas y de la sangre quedan muchas dulces armon?as, agradables m?sicas, delicados aromas intactos que debes descubrir para seguir aprendiendo. Mientras el verano pasa por encima del sombrero de paja, podr?s llegar a una discreta sabidur?a si sabes apreciar todav?a en lo que vale un desayuno entre p?jaros, como en aquellos d?as felices.





Publicado por carmenlobo @ 11:56
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios