Martes, 01 de agosto de 2006

En esta sociedad cobarde que nos fabrican los ap?stoles del yo no he sido, el valor se lleva poco.

Arturo P?rez-Reverte
El Semanal Julio de 2006


Tengo delante, junto al teclado del ordenata, dos noticias recortadas de los diarios. No era mi intenci?n ponerlas juntas, pero el azar reparte sus propias cartas; y hoy, ordenando papeles, han aparecido una tras otra, combin?ndose solas. La primera se refiere a un cl?sico de nuestro tiempo: una mujer se resiste durante veinte minutos a un violador sin recibir ayuda. Lo de cl?sico no lo atribuyo a la violaci?n, sino a los veinte minutos de indefensi?n en plena v?a p?blica. Supongo que algunos de ustedes recuerdan el hecho, pese a que fue recogido por los diarios muy en peque?ito, a una mezquina media columna, como si el asunto tuviera poca chicha. Y lo de v?a p?blica no es una frase hecha. El intento de violaci?n fue clamoroso, en pleno casco urbano, bajo las ventanas de una calle donde los vecinos, asomados, presenciaron el ataque y escucharon los gritos de socorro de la mujer sin que ni uno s?lo de ellos bajase a ayudarla. Durante veinte minutos la mujer resisti? a su agresor, peleando para no ser violada mientras ped?a ayuda y el otro la mol?a a palos. S?lo al cabo de esos veinte minutos, tal vez porque los gritos no lo dejaban dormir a gusto, uno de los mirones decidi?, al fin, llamar a la Guardia Civil. Y cuando los picoletos llegaron, la mujer segu?a all?, sola con su agresor, luchando.

El honor de tener semejante vecindario corresponde a la localidad barcelonesa de Villafranca del Pened?s; aunque, siendo ecu?nimes, podemos aventurar que eso mismo pod?a haber ocurrido en cualquier otro lugar de Espa?a, y seguramente el comportamiento habr?a sido id?ntico. Tal como anda el fangal, con la Dura Lex sed Lex, Duralex, hecha un bebedero de patos, contaminada por pol?ticos y golfos de todo pelaje y m?s atenta al cantama?anismo socialmente correcto que a las necesidades reales de la gente, nadie quiere complicarse la vida. Bajas a la calle, le sacudes un mal golpe al violeta -?ste encima se llamaba Jalal, o sea, Noli Me Tangere-, y al final el malo sale libre en cuatro d?as y t? te buscas la ruina. Lo que pasa es que, en fin. Ning?n bien nacido se plantea esa consideraci?n, supongo, ante lo inmediato del hecho. Una mujer que pide socorro bajo tu ventana, contigo asomado, te busques la ruina o no te la busques, es lo que es. Y quien se queda sin hacer nada es un perfecto mierda, se mire por donde se mire. As? que en la calle correspondiente de Villafranca del Pened?s -c?mo lamento desconocer el nombre, pardiez- pueden repartirse el delicado adjetivo entre quienes corresponda. Que esa noche fueron unos cuantos.

El segundo recorte de prensa, sin embargo, toca otra tecla. Es algo as? como cuando est?s a punto de echar la pota -hay d?as en que este pa?s con tanta rata resulta un vomitivo eficac?simo-, y de pronto algo templa tu est?mago y tu coraz?n, reconcili?ndote con el g?nero humano. Porque el recorte es de una foto en la que un hombre intenta socorrer a otro que le tiende los brazos. Ocurri?, como sin duda recuerdan, hace cosa de un mes, cerca de Madrid; cuando un joven monta?ero que volv?a de la sierra se lanz? a socorrer a un camionero accidentado que al final, aunque fue rescatado, no sobrevivi?. En realidad la foto es muy simple: entre las llamas de un cami?n volcado tras caer por un terrapl?n, un hombre valiente se juega la vida por ayudar a otro que gritaba ?sacadme de aqu??. La foto recoge el momento inmediato al abrazo de ambos, que tienden las manos el uno hacia el otro: el que est? atrapado en la cabina humeante y rota del cami?n y el que se le acerca pese al fuego, intentando rescatarlo. Este ?ltimo pod?a haberse mantenido al margen, como los vecinos de esa calle barcelonesa cuyo nombre siento no conocer. Pod?a haber permanecido apoyado de codos en el quitamiedos, como aqu?llos en los alf?izares de sus ventanas, contemplando el paisaje; o telefonear a la Guardia Civil diciendo que all? abajo se quemaba vivo un fulano, que espabilaran o iban a encontrarlo hecho un torrezno. Sin embargo, en vez de eso, salt? a la barranca y se jug? la vida. Ya he dicho que era un hombre valiente, virtud -virtus en el sentido romano y latino de la palabra- que, por alguna singular raz?n, en esta sociedad cobarde que nos fabrican los ap?stoles de lo equilibrado, del yo no he sido, de lo c?modo y de lo razonable, se lleva poco. Y como a diferencia del nombre de la calle miserable de Villafranca del Pened?s ?ste s? lo conozco, pues lo escribo: Vicente S?nchez, 27 a?os, sindicalista, de Usera. Y con dos cojones.






Publicado por carmenlobo @ 12:14  | P?rez-Reverte, Arturo
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