Mi?rcoles, 12 de julio de 2006
Tengo un sue?o



Estoy contento de reunirme hoy con vosotros y con vosotras en la que pasar? a la historia como la mayor manifestaci?n por la libertad en la historia de nuestra naci?n.

Hace un siglo, un gran americano, bajo cuya simb?lica sombra nos encontramos, firm? la Proclamaci?n de Emancipaci?n. Este trascendental decreto lleg? como un gran faro de esperanza para millones de esclavos negros y esclavas negras, que hab?an sido quemados en las llamas de una injusticia aniquiladora. Lleg? como un amanecer dichoso para acabar con la larga noche de su cautividad.

Pero cien a?os despu?s, las personas negras todav?a no son libres. Cien a?os despu?s, la vida de las personas negras sigue todav?a tristemente atenazada por los grilletes de la segregaci?n y por las cadenas de la discriminaci?n. Cien a?os despu?s, las personas negras viven en una isla solitaria de pobreza en medio de un vasto oc?ano de prosperidad material. Cien a?os despu?s, las personas negras todav?a siguen languideciendo en los rincones de la sociedad americana y se sienten como exiliadas en su propia tierra. As? que hemos venido hoy aqu? a mostrar unas condiciones vergonzosas.

Hemos venido a la capital de nuestra naci?n en cierto sentido para cobrar un cheque. Cuando los arquitectos de nuestra rep?blica escribieron las magnificientes palabras de la Constituci?n y de la Declaraci?n de Independencia, estaban firmando un pagar? del que todo americano iba a ser heredero. Este pagar? era una promesa de que a todos los hombres ?s?, a los hombres negros y tambi?n a los hombres blancos? se les garantizar?an los derechos inalienables a la vida, a la libertad y a la b?squeda de la felicidad.

Hoy es obvio que Am?rica ha defraudado en este pagar? en lo que se refiere a sus ciudadanos y ciudadanas de color. En vez de cumplir con esta sagrada obligaci?n, Am?rica ha dado al pueblo negro un cheque malo, un cheque que ha sido devuelto marcado ?sin fondos?.

Pero nos negamos a creer que el banco de la justicia est? en bancarrota. Nos negamos a creer que no hay fondos suficientes en las grandes arcas bancarias de las oportunidades de esta naci?n. As? que hemos venido a cobrar este cheque, un cheque que nos d? mediante reclamaci?n las riquezas de la libertad y la seguridad de la justicia. Tambi?n hemos venido a este santo lugar para recordar a Am?rica la intensa urgencia de este momento. No es tiempo de darse al lujo de refrescarse o de tomar el tranquilizante del gradualismo. Ahora es tiempo de hacer que las promesas de democracia sean reales. Ahora es tiempo de subir desde el oscuro y desolado valle de la segregaci?n al soleado sendero de la justicia racial. Ahora es tiempo de alzar a nuestra naci?n desde las arenas movedizas de la injusticia racial a la s?lida roca de la fraternidad. Ahora es tiempo de hacer que la justicia sea una realidad para todos los hijos de Dios.

Ser?a desastroso para la naci?n pasar por alto la urgencia del momento y subestimar la determinaci?n de las personas negras. Este asfixiante verano del leg?timo descontento de las personas negras no pasar? hasta que haya un estimulante oto?o de libertad e igualdad. Mil novecientos sesenta y tres no es un fin, sino un comienzo. Quienes esperaban que las personas negras necesitaran soltar vapor y que ahora estar?n contentos, tendr?n un brusco despertar si la naci?n vuelve a su actividad como si nada hubiera pasado. No habr? descanso ni tranquilidad en Am?rica hasta que las personas negras tengan garantizados sus derechos como ciudadanas y ciudadanos. Los torbellinos de revuelta continuar?n sacudiendo los cimientos de nuestra naci?n hasta que nazca el d?a brillante de la justicia.

Pero hay algo que debo decir a mi pueblo, que est? en el caluroso umbral que lleva al interior del palacio de justicia. En el proceso de conseguir nuestro leg?timo lugar, no debemos ser culpables de acciones equivocadas. No busquemos saciar nuestra sed de libertad bebiendo de la copa del encarnizamiento y del odio. Debemos conducir siempre nuestra lucha en el elevado nivel de la dignidad y la disciplina. No debemos permitir que nuestra fecunda protesta degenere en violencia f?sica. Una y otra vez debemos ascender a las majestuosas alturas donde se hace frente a la fuerza f?sica con la fuerza espiritual. La maravillosa nueva militancia que ha envuelto a la comunidad negra no debe llevarnos a desconfiar de todas las personas blancas, ya que muchos de nuestros hermanos blancos, como su presencia hoy aqu? evidencia, han llegado a ser conscientes de que su destino est? atado a nuestro destino. Han llegado a darse cuenta de que su libertad est? inextricablemente unida a nuestra libertad. No podemos caminar solos.

Y mientras caminamos, debemos hacer la solemne promesa de que siempre caminaremos hacia adelante. No podemos volver atr?s. Hay quienes est?n preguntando a los defensores de los derechos civiles: ??Cu?ndo estar?is satisfechos?? No podemos estar satisfechos mientras las personas negras sean v?ctimas de los indecibles horrores de la brutalidad de la polic?a. No podemos estar satisfechos mientras nuestros cuerpos, cargados con la fatiga del viaje, no puedan conseguir alojamiento en los moteles de las autopistas ni en los hoteles de las ciudades. No podemos estar satisfechos mientras la movilidad b?sica de las personas negras sea de un ghetto m?s peque?o a otro m?s amplio. No podemos estar satisfechos mientras nuestros hijos sean despojados de su personalidad y privados de su dignidad por letreros que digan ?s?lo para blancos?. No podemos estar satisfechos mientras una persona negra en Mississippi no pueda votar y una persona negra en Nueva York crea que no tiene nada por qu? votar. No, no, no estamos satisfechos y no estaremos satisfechos hasta que la justicia corra como las aguas y la rectitud como un impetuoso torrente.

No soy inconsciente de que algunos de vosotros y vosotras hab?is venido aqu? despu?s de grandes procesos y tribulaciones. Algunos de vosotros y vosotras hab?is salido recientemente de estrechas celdas de una prisi?n. Algunos de vosotros y vosotras hab?is venido de zonas donde vuestra b?squeda de la libertad os dej? golpeados por las tormentas de la persecuci?n y tambaleantes por los vientos de la brutalidad de la polic?a. Hab?is sido los veteranos del sufrimiento fecundo. Continuad trabajando con la fe de que el sufrimiento inmerecido es redenci?n.

Volved a Mississippi, volved a Alabama, volved a Carolina del Sur, volved a Georgia, volved a Luisiana, volved a los suburbios y a los ghettos de nuestras ciudades del Norte, sabiendo que de un modo u otro esta situaci?n puede y va a ser cambiada.


No nos hundamos en el valle de la desesperaci?n. Aun as?, aunque vemos delante las dificultades de hoy y ma?ana, amigos m?os, os digo hoy: todav?a tengo un sue?o. Es un sue?o profundamente enraizado en el sue?o americano.

Tengo un sue?o: que un d?a esta naci?n se pondr? en pie y realizar? el verdadero significado de su credo: ?Sostenemos que estas verdades son evidentes por s? mismas: que todos los hombres han sido creados iguales?.

Tengo un sue?o: que un d?a sobre las colinas rojas de Georgia los hijos de quienes fueron esclavos y los hijos de quienes fueron propietarios de esclavos ser?n capaces de sentarse juntos en la mesa de la fraternidad.

Tengo un sue?o: que un d?a incluso el estado de Mississippi, un estado sofocante por el calor de la injusticia, sofocante por el calor de la opresi?n, se transformar? en un oasis de libertad y justicia.

Tengo un sue?o: que mis cuatro hijos vivir?n un d?a en una naci?n en la que no ser?n juzgados por el color de su piel sino por su reputaci?n.

Tengo un sue?o hoy.

Tengo un sue?o: que un d?a all? abajo en Alabama, con sus racistas despiadados, con su gobernador que tiene los labios goteando con las palabras de interposici?n y anulaci?n, que un d?a, justo all? en Alabama ni?os negros y ni?as negras podr?n darse la mano con ni?os blancos y ni?as blancas, como hermanas y hermanos.

Tengo un sue?o hoy.

Tengo un sue?o: que un d?a todo valle ser? alzado y toda colina y monta?a ser? bajada, los lugares escarpados se har?n llanos y los lugares tortuosos se enderezar?n y la gloria del Se?or se mostrar? y toda la carne juntamente la ver?.

?sta es nuestra esperanza. ?sta es la fe con la que yo vuelvo al Sur. Con esta fe seremos capaces de cortar de la monta?a de desesperaci?n una piedra de esperanza. Con esta fe seremos capaces de transformar las chirriantes disonancias de nuestra naci?n en una hermosa sinfon?a de fraternidad. Con esta fe seremos capaces de trabajar juntos, de rezar juntos, de luchar juntos, de ir a la c?rcel juntos, de ponernos de pie juntos por la libertad, sabiendo que un d?a seremos libres.

?ste ser? el d?a, ?ste ser? el d?a en el que todos los hijos de Dios podr?n cantar con un nuevo significado ?Tierra m?a, es a ti, dulce tierra de libertad, a ti te canto. Tierra donde mi padre ha muerto, tierra del orgullo del peregrino, desde cada ladera suene la libertad?.

Y si Am?rica va a ser una gran naci?n, esto tiene que llegar a ser verdad. Y as?, suene la libertad desde las prodigiosas cumbres de las colinas de New Hampshire. Suene la libertad desde las enormes monta?as de Nueva York. Suene la libertad desde los elevados Alleghenies de Pennsylvania.

Suene la libertad desde las Rocosas cubiertas de nieve de Colorado. Suene la libertad desde las curvas vertientes de California.

Pero no s?lo eso; suene la libertad desde la Monta?a de Piedra de Georgia.

Suene la libertad desde el Monte Lookout de Tennessee.

Suene la libertad desde cada colina y cada topera de Mississippi, desde cada ladera.

Suene la libertad. Y cuando esto ocurra y cuando permitamos que la libertad suene, cuando la dejemos sonar desde cada pueblo y cada aldea, desde cada estado y cada ciudad, podremos acelerar la llegada de aquel d?a en el que todos los hijos de Dios, hombres blancos y hombres negros, jud?os y gentiles, protestantes y cat?licos, ser?n capaces de juntar las manos y cantar con las palabras del viejo espiritual negro: ??Al fin libres! ?Al fin libres! ?Gracias a Dios Todopoderoso, somos al fin libres!?


Publicado por carmenlobo @ 10:38
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