Martes, 20 de junio de 2006

Arturo P?rez-Reverte
El Semanal 11 junio 2006


El gesto de ternura es natural, sereno. Una mano acariciando la del otro casi con descuido. No furtiva, sino discreta. Los miro con atenci?n y agrado. Es bueno que la gente se quiera, me digo. Son dos treinta?eros correct?simos, el aire educado. Uno de ellos ?el que acaricia la mano del otro?, muy bien parecido. Visten ropa deportiva pero buena, con un puntito de clase. El cabello lo llevan muy corto. Sobre la mesa, junto a los caf?s y las medias lunas, hay un libro cuyo t?tulo no alcanzo a distinguir y una gu?a tur?stica de la ciudad. Hablan bajo, en franc?s, y observan a la gente que pasea por la Recoleta, entre el caf? La Biela y la terraza. Es la segunda pareja de homosexuales que veo esta ma?ana, y la duod?cima, o as?, en los cinco d?as que llevo en Buenos Aires. Los he visto paseando por San Telmo, sentados en una taberna de la Boca, siguiendo admirados y atentos, en un local nocturno de Florida, las evoluciones de los tanguistas sobre el escenario. Gente mesurada, observo. Sin estridencias. Y eso me gusta. Una mariquita escandalosa incomoda tanto como un macho brutal y cervecero dando voces en la barra de un bar. Cosa de gustos. Se lo hago notar a Fernando Est?vez, mi editor local y mi amigo desde hace diez a?os. Os est?is homosexualizando mucho por aqu?, chaval, le digo. Aunque en plan bien. Cada a?o veo m?s parejas as?. Gente agradable y guapa. O quiz? guapa de puro agradable.

Fernando, que es heterosexual y bell?sima persona, me mira inquieto, sin comprender. Por fin observa a la pareja, me ve sonre?r, y sonr?e a su vez, bonach?n. Es lindo verlos as?, tranquilos, ?no?, dice. Le respondo que s?, que es lindo y tranquilizador. Adem?s, de ese modo se despejan un poco las calles de Venecia, a?ado. Que ya est?n muy concurridas. As? que celebro que tambi?n aqu? se apechugue con el asunto. Entonces Fernando me cuenta lo que sabe, poni?ndome al d?a. En los ?ltimos tiempos, Buenos Aires, esta ciudad bella y asombrosa ?eso s?, a doce malditas horas de avi?n de Madrid?, se ha convertido en destino grato para parejas homosexuales con poder adquisitivo razonable. La gu?a GayBA 2006 se?ala centenar y medio de lugares amistosos, incluidos restaurantes, bares, salas de baile, milongas y una emisora de radio. Tambi?n acaba de salir Guapo, una revista con ambiciones ?en Argentina, la palabra guapo todav?a define al bien plantado, animoso y valiente?, y aunque aqu? no hay un barrio gay concreto como en Nueva York, Par?s o Madrid, est? prevista la construcci?n de un hotel de cinco estrellas especializado ?el grupo es espa?ol, por cierto? en San Telmo, barrio popular lleno de tradici?n y vinculad?simo al tango: baile que, por historia y por est?tica, fue siempre uno de los grandes mitos del p?blico homosexual. Adem?s, ?sta es una ciudad de precios adecuados para los visitantes, con oferta cultural abrumadora ?librer?as, bibliotecas, exposiciones, m?sica, museos? y una vida nocturna llena de posibilidades y entretenimiento. Sin contar el hecho incuestionable de que en ning?n lugar de Am?rica se ven tantos hombres y mujeres atractivos por metro cuadrado, y de que los argentinos son buena gente, parlanchines, amables y hospitalarios, excepto ?ni siquiera los porte?os son perfectos? cuando hablan de f?tbol o de pol?tica. Por eso el n?mero de turistas homosexuales en Buenos Aires se ha triplicado, dicen, en los ?ltimos a?os; y ahora supone el veinte por ciento del turismo total. En su mayor parte son norteamericanos y europeos. ?Y las mujeres?, pregunto. ?Qu? hay de ellas? Fernando encoge los hombros. Tambi?n vienen mucho, responde; pero ?sas arrastran m?s complejos que los hombres. Procuran pasar inadvertidas, quiz? porque todav?a les cuesta mostrar su homosexualidad. El machismo social, o el temor a ?ste, hacen que a dos se?oras se les haga m?s cuesta arriba pedir, en un hotel, una cama de matrimonio. ?Comprendes? Aunque todo se andar?.

Mientras Fernando Est?vez me cuenta todo eso, sigo observando a los dos hombres sentados en la mesa cercana. Al fin, cuando uno de ellos me mira, le sostengo la mirada porque no parezca rechazo descort?s, y al cabo de un instante la aparto, para que tampoco piense ?cada cual tiene sus opciones? que tocamos la misma tecla. Y me gustar?a poder decirle de alg?n modo que, pese a todo, est? bien. Que me alegra infinito que ?l y su compa?ero est?n hoy aqu?, juntos, serenos y afortunados. Haciendo, en la parte que les toca, m?s hermosa esta ma?ana de sol en la querida Buenos Aires.





Publicado por carmenlobo @ 21:09  | P?rez-Reverte, Arturo
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