Domingo, 18 de junio de 2006
Bonifacio de la Cuadra




La afirmaci?n de que la mujer es superior -superior al hombre, debe entenderse-, con la que titulo este art?culo, quiere ser la constataci?n de una realidad que sirva de acicate para avanzar sin complejos hacia la progresiva equiparaci?n de derechos y oportunidades de las dos versiones del ser humano que conviven en el mundo y en Espa?a. Muchas mujeres a las que he consultado creen m?s relevante que apostar por la superioridad de la mujer, resaltar la igualdad de derechos, a la vez que la diferencia entre hombres y mujeres. Alguna me ha invitado a que, puestos a comparar, escribiera sobre la inferioridad del hombre.


No pretendo plantear una especie de discriminaci?n positiva en la valoraci?n antropol?gica de la mujer, ni contestar al largo periodo de discriminaci?n negativa padecida por el 50% de la especie humana, desde la imbecilitas mulieris esgrimida por la Ley de Partidas, para justificar la prevalencia del var?n en la sucesi?n nobiliaria, hasta la injustificable postergaci?n profesional y salarial de la mujer de hoy. Ah? est?n las cifras horripilantes de la violencia de g?nero, punta del iceberg de la tradicional consideraci?n de la mujer como ser inferior, a partir de la indudable superioridad f?sica de la fuerza bruta del macho.
Insisto en que -con independencia de qui?n es superior- el progreso democr?tico debe conducir a la equiparaci?n jur?dica plena de mujeres y hombres. Pero, con la antrop?loga Carmen Gregorio, creo que no se debe seguir dando como buena "una desigualdad estructural", en buena medida fundamentada, seg?n ella, en "las creencias m?s arraigadas acerca de la inferioridad de las mujeres".


Tales creencias fueron incentivadas por las principales cabezas del siglo XIX -Hegel, Schopenhauer, Kierkegard, Nietzsche-, como explica la catedr?tica de ?tica Amelia Valc?rcel, que dedica varios cap?tulos de su libro La pol?tica de las mujeres a lo que denomina "la misoginia rom?ntica".


Para Hegel el sexo marcaba el destino de hombres y mujeres, en el primer caso hacia el Estado y en el segundo hacia la familia, sin que nadie pudiera contradecir esos designios prefijados. Schopenhauer, con mayor brillantez, a?adi? esta observaci?n: el sexo masculino encarna el esp?ritu, y el sexo femenino, la naturaleza, cuya caracter?stica fundamental es la continuidad. De ah? que Schopenhauer contemplara lo femenino como "una estrategia de la naturaleza para reproducirse", de modo que "la naturaleza quiere que las mujeres busquen constantemente a un var?n que cargue legalmente con ellas".


La asignaci?n a la mujer de funciones subordinadas al var?n, sin evaluar su capacitaci?n para las tareas asumidas por el hombre, choc? con las corrientes feministas de finales del siglo XIX, que condujeron, como analiza la catedr?tica de Sociolog?a Julia Varela, "a una nueva redefinici?n de los sexos, a una nueva querella de las mujeres, (...) en buena medida vinculada a los problemas que plantea la salida de las mujeres burguesas del hogar para defender su paso a la esfera p?blica, as? como a la existencia de los movimientos de las sufragistas y de las nuevas corrientes morales que critican la familia tradicional y afirman el derecho al placer" (El descubrimiento del 'mundo interior', n?mero 161 de Claves de Raz?n Pr?ctica, abril de 2006).


Es ya en pleno siglo XX, tras la obtenci?n del voto femenino, cuando, de la mano de la revoluci?n sexual y de lemas como "abolici?n del patriarcado" y "lo personal es pol?tico", las mujeres van saliendo del agujero en el que permanecieron durante siglos. Emerge a la opini?n p?blica la lucha por la igualdad y la atrayente sociedad paritaria, todav?a como utop?a lejana.


Pero mientras la mayor?a de las mujeres continuaban desterradas en la vida familiar, sin acceso a la vida p?blica (recu?rdese: mujer p?blica = prostituta), era imposible evaluar la cualificaci?n de las mujeres para esos otros ?mbitos de la vida humana reservados a los hombres. Es con ocasi?n del progresivo y masivo acceso de las mujeres al mundo profesional y acad?mico cuando la comparaci?n con el hombre -en un terreno com?n- se va haciendo posible.


En Espa?a, las mujeres, por debajo todav?a de la media europea, alcanzan mejores calificaciones que los hombres en la Universidad, seg?n datos del reciente informe de la Comisi?n Europea, corroborados por el Ministerio de Educaci?n espa?ol: con una poblaci?n universitaria femenina ligeramente superior a la masculina (13,9% de mujeres y 13,2% de hombres), de los alumnos que aprobaron selectividad en 2005, el 58,1% eran mujeres, y el 41,9% restante, hombres, proporci?n pr?cticamente id?ntica (58% frente a 42%) en lo que se refiere a los graduados universitarios en el curso 2004-2005. A estos datos sobre la superioridad de la mujer en el ?mbito docente hay que sumar los relativos a su superioridad sanitaria o vital: una esperanza de vida al nacer de 83 a?os para las mujeres y 76,3 para los hombres.


La superioridad de la mujer sobre el hombre se deduce de esos y otros datos objetivos y de la siguiente apreciaci?n: la progresiva presencia de mujeres en cargos o profesiones tradicionalmente reservados a los hombres -incluidos los de m?xima cualificaci?n o responsabilidad- no ha originado, en t?rminos generales, descalabro o conflicto alguno, y m?s bien ha significado una mejora en el funcionamiento de las actividades -pol?ticas, empresariales, sociales- ocupadas por mujeres. Igualmente, la moderada emigraci?n masculina a ocupaciones tradicionales de la mujer, peor pagadas y menos valoradas socialmente, est? siendo un ?xito, todav?a silencioso, que probablemente se incrementar? con la aplicaci?n sostenida de pol?ticas paritarias de conciliaci?n de la vida profesional y familiar.


La constataci?n -en t?rminos modestos todav?a- de que la mujer es superior al hombre contrasta con la realidad actual de que est? -contin?a estando- muy por debajo de los hombres. Concretamente, en las grandes empresas privadas europeas los puestos de direcci?n est?n ocupados en un 90% por hombres. El resto del 10% de mujeres europeas altas ejecutivas se reduce en Espa?a a la mitad: el 5%, frente a un ?95%! de directivos empresariales varones.


La todav?a escasa presencia femenina en los centros de decisi?n pol?ticos y econ?micos, teniendo en cuenta la capacitaci?n de las mujeres, requiere que, desde los poderes p?blicos, en aplicaci?n del art?culo 9.2 de nuestra Constituci?n, se remuevan los obst?culos y se promuevan "las condiciones para que la libertad y la igualdad (...) sean reales y efectivas". El Gobierno de Jos? Luis Rodr?guez Zapatero parece tenerlo claro, pero es necesario que no se deje presionar, especialmente por la resistencia activa de los dirigentes empresariales.


Por lo dem?s, asumir que la mujer es, en este momento hist?rico, superior al hombre, contribuir? a evitar que algunas de las mujeres que accedan a cargos de responsabilidad o de poder se crean en la obligaci?n, para ejercerlos, de asumir el talante y estilo masculino, como si no hubiera otro con nivel superior.







Publicado por carmenlobo @ 11:40
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