Lunes, 12 de junio de 2006


Justo Serna

En el siglo XIX, cuando el parlamentarismo a?n no hab?a impuesto sus normas, cuando el mundo liberal era tan reciente que las cosas y los delitos p?blicos carec?an de nombre y la democracia continental estaba por implantarse, la redistribuci?n de los recursos en la esfera local sol?a hacerse mediante el clientelismo, mediante una lealtad ganada con favores, mediante los conocimientos y las relaciones informales. Yo te doy para que me des, ?sa era la f?rmula del intercambio pol?tico, una f?rmula en la que el voto s?lo era una funci?n anexa a la influencia y en la que el asentimiento se lograba a trav?s de las amistades instrumentales. Frente a la incertidumbre del mercado o frente a la aut?ntica liza parlamentaria, este mecanismo prepol?tico o, si se quiere, predemocr?tico no era una mala cosa: sus beneficiarios intentaban crear un dominio que les fuera favorable, pero sobre todo pugnaban por hacerse con un ?mbito p?blico estable, justamente en un momento en que por Europa soplaban vientos revolucionarios y levantiscos.

?Podr?amos llamar corrupci?n a esas granjer?as? Para que exista corrupci?n no basta con que se incumplan ciertas normas. Para que podamos hablar de corrupci?n debemos operar en un marco en el que, habiendo separado lo p?blico de lo privado, se den la confusi?n y la mixtura: por un lado, la esfera de la publicidad, ese lugar en el que los actos se emprenden a vista de todos; y, por otro, la reserva de lo privado, ese espacio en el que se protegen el secreto y lo ?ntimo, pero tambi?n el acuerdo entre particulares, igualmente sometidos a reglas. El corrupto traslada h?bitos privados a la esfera de lo p?blico y basa su actuaci?n en el favor, en el amparo.

As?, cuando en la esfera p?blica decimos de un individuo que es alguien que concede u obtiene favores nos referimos a aquel que presta o logra ayudas, protecciones, supuestamente gratuitas..., protecciones y ayudas que comprometen: gracias que se realizan en apariencia sin esperar pago o recompensa. En realidad, esas concesiones se basan en la capacidad de influencia, en ese ascendiente que alguien tiene sobre personas que toman decisiones o que gozan de autoridad. Ya lo sabemos: una persona influyente es alguien bien situado, ubicaci?n de la que se aprovecha para producir o remover obst?culos. Conviene observar que al hablar de la influencia no me refiero al individuo que desempe?a su tarea prevista, institucional o reglamentaria: no aludo a quien se atiene a las normas seg?n las atribuciones que le est?n asignadas de antemano y p?blicamente. Antes bien, me refiero a aquel que hace valer su predominio m?s all? de la ordenanza, a aquel que se vale de su persona, de su habilidad o de sus conocimientos para conceder auxilios particulares. Dec?a Max Weber que la pol?tica y la burocracia contempor?neas progresan al eliminar ese factor personal, justamente porque convierten la labor desempe?ada en una tarea sometida a visibilidad y fiscalizaci?n: lo importante no es el individuo que la ejecuta, que s?lo es alguien solvente pero sustituible. Lo decisivo es el correcto cometido que ustedes o yo podr?amos hacer si estuvi?ramos preparados para dicha funci?n. En el sistema pensado por Max Weber, un empleo p?blico o un cargo en la Administraci?n o un puesto pol?tico no son recursos patrimoniales que sirvan para otorgar favores o despachar presentes, sino una ocupaci?n reglamentaria que se ejecuta para beneficio de la sociedad.

?Y cu?l es la base de esa actuaci?n que implica a distintas personas? La confianza. Confiar es esperar que el otro cumpla con la obligaci?n o con la expectativa. Cuando esto no se verifica, cuando no hay un sistema eficaz de sanciones para quien incumple sus funciones, cuando se burla la ley de manera ostentosa y achulapada, entonces la confianza se deteriora, la irresponsabilidad se premia y el cr?dito p?blico se malogra.

Hasta aqu? la reflexi?n o la prosa pesadamente sociol?gicas de las que me sirvo. Ustedes, sin embargo, me pedir?n nombres en negrita: tienen la sospecha de que hay, de que ha habido (?de que seguir? habiendo?) casos de favores, de regalos, de granjer?as entre pol?ticos en ejercicio, casos llamativos, desvergonzados, de enriquecimientos s?bitos o de alardes lujosos, de ventajistas que se valen de promociones edilicias y de obras asi?ticas. ?Quieren que les diga en qui?nes pienso? Pues no lo dir?. Me estoy mordiendo la lengua para no dar nombres y para evitar las negritas. Me perdonar?n, pero entre ustedes y yo no hay tanta confianza, digo... confidencia.

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pd:

"Hoy, gratis a Terra M?tica, comida y merienda incluida".
Antonio y Mar?a no se lo pensaron dos veces cuando, de buena ma?ana, les comunicaron en el hotel de Altea donde se alojan que el Imserso les invitaba a pasar el d?a en Terra M?tica. La programaci?n del d?a no pod?a ser m?s sugerente. "Nos llevan y nos traen en autob?s y no pagamos nada; es gratis, todo el d?a gratis". Ellos fueron una pareja m?s de las cientos, quiz? miles, de las que abarrotaron el Circus M?ximus de Terra M?tica, donde el ministro de Trabajo y Asuntos Sociales, clausur? el programa Vacaciones para Mayores que, gestionado por las empresas Marsans Viajes, Viajes Iberia, Grupo Barcel? y Halc?n Viajes, ha movido por Espa?a a 500.000 jubilados en un a?o. En la clausura se movieron unos 3.000, aunque varios cientos de ellos se ausentaron del Circus Maximus cuando Z$ comenz? su discurso (Abril 2003).




Publicado por carmenlobo @ 11:27
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