Domingo, 11 de junio de 2006
Las puertas de la noche


Telesforo Adicto se hab?a quedado colgado de la pel?cula. Era el momento en el que se sabr?a si era el padre de la chica el que hab?a mentido o si era la chica la que les hab?a llevado a todos al huerto. Ella iba caminando decidida por la avenida y el padre la esperaba en lo alto de la escalinata de su palacio. Ya no quedaban palomitas y una m?sica de viol?n disonante era el preludio para el desenlace. De pronto, la publicidad. E inmediatamente, la pantalla se qued? en blanco. Justo en aquel momento la tecnolog?a parec?a m?s imperfecta que la vida de los personajes. Tele Adicto se acerc? al televisor como si intentara dar de comer a un cocodrilo. Le dio un par de palmadas amicales en los flancos, apret? todos los botones posibles, enchuf? y desenchuf? y acab? lanzando su zapatilla contra la pantalla. Inmediatamente se puso de rodillas ante el televisor y le pidi? excusas. Tal vez el problema no viniera del aparato, sino de la antena parab?lica de la azotea. Ten?a tiempo de sobra: la publicidad da tiempo para una ducha larga o para un polvo corto, aunque de esos Tele Adicto ya ni se acordaba. Sali? al rellano y subi? de tres en tres los pelda?os hasta llegar a la puerta de la azotea. Estaba abierta. Entr? en la noche y le acogi? un penetrante silencio.

Las azoteas son un terreno de frontera entre el universo y la civilizaci?n. M?s all? de las chimeneas, de las claraboyas y de las cornisas ya solo est?n la Luna, los anillos de Saturno, el cuerno de Capricornio y el cintur?n de Ori?n. Y todas esas luces titilantes proporcionan un extra?o calorcillo en el bajo vientre. Pero Tele no estaba para poes?as. Ten?a que encontrar su antena parab?lica en un bosque oscuro de antenas. La luz de la noche en una azotea es una luz de memoria. La oscuridad es espesa y siempre hay cabos sueltos por el suelo. No se acordaba de cu?l de las antenas parab?licas era la suya. La recordaba de color amarillo, pero en aquella densa luz de ceniza todos los colores eran iguales. Si consegu?a arreglar la conexi?n de la antena, la chica y el padre ya se habr?an dicho todo lo que se ten?an que decir y la pel?cula ya no tendr?a sentido.

De pronto le pareci? escuchar un murmullo de voces al otro lado de la azotea. Vio una l?nea temblorosa de luz y de vez en cuando se o?an unas risas sordas. No estaba solo en la azotea. Alguien o algo le dio un empuj?n por atr?s. Tele Adicto grit?. Y una voz calmada le dijo: "No se asuste, hombre. Pase y si?ntese con nosotros". Era un grupo de hombres vestidos con un mono ligeramente azul en torno a un barre?o met?lico donde hab?an prendido una peque?a hoguera. Tomaban caf? y cervezas. "?Qui?nes son ustedes? ?Qu? est?n haciendo aqu??". Y ellos le dijeron que estaba entre amigos. Que ellos eran lo que estaba buscando. Se trataba de un grupo de antenistas hartos de tener que montar antenas para los inminentes campeonatos mundiales de f?tbol. Por la noche se encontraban y se dejaban ver en amistad. "Ha tenido usted suerte. Si no viviera en esta casa, le hubiera sido imposible encontrar un antenista en toda la ciudad.Todos estamos aqu?. Si quiere, se lo arreglamos en un momento. Pero qu?dese un rato con nosotros. Esperamos visitas". Tele Adicto iba a decir algo de la pel?cula interrumpida en el sal?n de su casa, pero cuando iba a protestar, una extra?a luz fue llenando la azotea y all? empezaron a llegar toda la gente de los tejados y de los terrados dispuestos a reencontrarse en una extra?a verbena ritual. A la fiesta de los antenistas se acercaban los deshollinadores
chimchimcher?, viejos y en el paro desde la desaparici?n del carb?n, acompa?ados de un ramillete de dulces Mary Poppins y las gaviotas voladoras de Marina Rossell. Naturalmente, faltaba m?sica y enseguida llegaron los famosos violinistas cantando aquello de si fueran ricos. Y tambi?n las mujeres malcasadas de todas las jornadas particulares que cada d?a tend?an s?banas de sue?os a la luz de la luna y que esperaban el viento para que las s?banas fueran velas que se llevaran la casa m?s all? del mar. Y los escultores del humo de las chimeneas, y los novios clandestinos, y los astr?nomos de planetas cercanos y los astr?logos que hacen que el cielo diga aquello que deseamos escuchar. Y tambi?n los mirones de se?oras desnudas y las se?oras desnudas que desean ser miradas, y los pajes de los Reyes Magos y la mirada esf?rica del b?ho.

Fue as? como Tele Adicto lleg? a su casa al cabo de varias horas. Le dio buenas noches a la pantalla y cont? las horas para regresar a ese su nuevo hogar situado en el v?rtice de los dos mundos de la noche.




Publicado por carmenlobo @ 11:24
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