Domingo, 07 de mayo de 2006

Arturo P?rez-Reverte
El Semanal 23 abril 2006



Hace muchos a?os que no entraba en un puticlub. En mis tiempos de reportero dicharachero de barrio S?samo, esos antros eran lugares id?neos para que la tribu montase cuartel general de lo que fuera, sitio donde recalar tras una jornada dura, abrevaderos donde pod?as tomar una copa a palo seco, mirando las botellas de los estantes, o en compa??a de quien no exig?a conversaci?n inteligente, o ni siquiera exig?a conversaci?n. Por supuesto, los puticlubs de entonces ?como los de ahora? eran lugares suciamente machistas, y tal. Pero dir?, en descargo m?o y de mis colegas de anta?o, que tampoco los reporteros de mi generaci?n ?ramos espejo de virtudes, pues ten?amos asuntos m?s urgentes de que ocuparnos. Mandar una cr?nica, por ejemplo. Una exclusiva del cop?n titulando en primera. Ahora es distinto, claro. Los reporteros van a las guerras y a las paces ?dicen? por razones exclusivamente humanitarias, en plan Paulo Coelho. Y cuando entran en un puticlub lo hacen siempre con esp?ritu redentor y de denuncia, dispuestos a obtener un testimonio que termine, ya mismo, con todas las guerras y con todos los puticlubs y con todos los males del mundo. Cuando menos. Por eso me fui hace doce a?os. Yo s?lo era un hijo de puta profesional. A ver si me entienden. Un testigo con una c?mara.

El otro d?a, como digo, entr? en un puticlub del sur ?en realidad anduve por media docena larga? despu?s de much?simo tiempo, con un productor de cine gringo que sigue los pasos de Teresa Mendoza, vieja amiga que algunos de ustedes recordar?n de cuando ella cruzaba el Estrecho con el p?jaro de Vigilancia Aduanera pegado a la chepa. Y confieso que el ambiente me pill? desentrenado. En vez de se?oras con vestido largo, luz roja y camareros canallas ?lo que recordaba de toda la vida? encontr? un discobar iluminado a tope, m?sica chunda-chunda y doscientas j?venes m?s o menos rubias de escueta vestimenta y visibles encantos. Espectaculares, dicho sea de paso. Y estando en ?sas, a?n de pie junto a la entrada, se acerc? una jovenzuela de tetas lib?rrimas que, con un descaro y una naturalidad escalofriantes, me solt?, con fuerte acento eslavo: ??Qu?, t?o, echamos un polvete??. Lo juro. Ni buenas noches, dijo la pava. Ni hola qu? tal, ni me llamo Ana Karenina, ni inv?tame a una copa, ni pepinillos en vinagre. Niet de niet. As?, reci?n cruzada la puerta. T?o. Un polvete. Ni siquiera un polvo, o un polvazo, o un revolc?n antol?gico que te vas a caer de la cama, chaval. Y encima, sin tratamiento adicional: simp?tico, caballero, guapo, por ejemplo. Calculen la diferencia entre ??Qu?, t?o, echamos un polvete?? y, por ejemplo, ?Hola, guapo, ?crees que este cuerpazo merece que lo invites a una copa??. Porque eso es fundamental. Cualquier paquidermo, cualquier ti?alpa, cualquier cuasimodo, entran en un puticlub sobre todo para que alguien les diga guapo, aunque sea con pago de su importe.

As? que h?ganse cargo. Yo all?, con cincuenta y cuatro a?os y la mili que llevo a cuestas, y enfrente, Nietochka Nezvanova y su polvete. Hay que ser natural y directa, supongo que le habr?a explicado su macarra, o su explotador, o su traficante de blancas. Quien fuera. Que los espa?oles son as?. Y entonces me entr? una melancol?a muy grande, la verdad. En esta ocasi?n ?me van a disculpar las buenas conciencias? no fue por las connotaciones dram?ticas del asunto, que tambi?n, ni por la triste realidad de las chicas explotadas, etc?tera, aspectos todos muy dignos de consideraci?n y de remedio, pero que hoy no son objeto de esta p?gina. La cosa fue por la certeza de que, incluso si yo hubiera entrado en el local con intenci?n de echar algo, lo que fuese, a alguna de las atractivas individuas que deambulaban por el cazadero, cualquier posible encanto del evento, cualquier esp?ritu jacarandoso por mi parte, cualquier lujuria manifiesta o predisposici?n al intercambio carnal mercenario, se habr?a visto enfriada en el acto por la torpe apertura de la moza. Por su qu?, t?o, y su polvete a quemarropa. Pero es que seguramente, deduje, esto es lo que ahora funciona. Lo que demanda el mercado. La distinguida clientela de los puticlubs ya no exige se?oras lumis como las antes: esas que sab?an escuchar durante horas en la penumbra de una barra americana, pacientes y profesionales, y al final, comprensivas, dec?an ?muy guapos? cuando sacabas la foto de tu mujer y tus cinco hijos. Entonces todav?a eran m?s eficaces, y necesarias, las putas que los psiquiatras.





Publicado por carmenlobo @ 13:02  | P?rez-Reverte, Arturo
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Comentarios
Publicado por da-rira
Domingo, 07 de mayo de 2006 | 22:33
son mujeres, no "putas", como se les dice aqui.

Y es una pena que las que se dediquen a eso lo hagan por necesidad, por que las obligan, o porque as? ganan m?s dinero que barriendo, etc.
Publicado por da-rira
Domingo, 07 de mayo de 2006 | 22:35
son mujeres, no "putas", como se les dice aqui.

si todas las mujeres del mundo supieran lo bonito que es el amor, no habr?a ninguna "puta" en el mundo, a no ser que la explotaran y obligaran a hacerlo