Martes, 02 de mayo de 2006
El n?mero dos y el grano en el culo


Si algo ha beneficiado a Zapatero desde antes de ser elegido secretario general del PSOE es que sus adversarios jam?s le han tomado en serio. Tal ha sido el menosprecio, que no ha habido decisi?n suya que no haya sido interpretada por sus cr?ticos dentro del binomio es bobo/tiene suerte. Dos a?os despu?s de llegar a la Moncloa habr? que convenir que este hombre es menos tonto de lo que se presum?a y tiene una suerte loca o, en su defecto, atribuirle cierta inteligencia pol?tica, cuya ?ltima manifestaci?n ha sido la crisis de Gobierno resuelta este viernes.

A esta alturas pocos ser?n los que consideren que la dimisi?n de Bono como ministro de Defensa crea un problema a Zapatero, por mucho que se establezca una relaci?n directa entre su marcha y la aprobaci?n definitiva del Estatuto de Catalu?a o el inicio de la negociaci?n con ETA. M?s bien al contrario, su salida del Ejecutivo es directamente proporcional al alivio que produce la desaparici?n de un grano en el trasero que no necesita ser extirpado. No existen precedentes de un ministro al que se le haya consentido tanto, ya fuera por sus cr?ticas permanentes o por sus febriles enfrentamientos con otros miembros del Gabinete. Ning?n puente de plata estuvo m?s justificado que ?ste.

Haciendo historia, podr?a decirse que el primer acierto de Zapatero fue hacerle cruzar el Tajo y sentarle a su lado en el Consejo de Ministros. Y ello por una raz?n f?cilmente comprensible: a un ministro se le destituye con la misma facilidad que se le nombra. No es dif?cil imaginar cu?l hubiera sido la actitud de Bono de haber permanecido al frente de Castilla-La Mancha y los problemas que esta situaci?n hubiera generado. La jugada ser?a maestra si, adem?s, alguna de las especulaciones de las ?ltimas semanas no fueran infundadas. Convertir a Bono en candidato a la alcald?a de Madrid hubiera sido tanto como rescribir el cuento de la lechera para que tenga un final feliz: Bono se presenta, gana a Gallard?n y cercena de paso sus aspiraciones de suceder a Rajoy cuando ?ste se vea obligado a renunciar tras perder las generales con Zapatero. La historia ten?a sentido hasta que Bono se encarg? de romper el c?ntaro a pedradas.

Con todo, la decisi?n que m?s lecturas ofrece es la llegada al Gobierno de Alfredo P?rez Rubalcaba al frente del Ministerio del Interior. Es obvio que con esta decisi?n Zapatero deja la negociaci?n con ETA en manos de quien ya se hab?a encargado de establecer los primeros contactos con Batasuna en el Pa?s Vasco. Privado del don de la omnipresencia, Rubalcaba no hubiera podido compatibilizar por m?s tiempo esta tarea con su condici?n de portavoz parlamentario.

Su designaci?n tiene una enorme importancia dentro de PSOE porque muestra a las claras qui?n es el verdadero n?mero dos de la organizaci?n, algo a lo que Zapatero siempre se hab?a resistido. Resultaba evidente que esa funci?n no la cumpl?an ninguno de los vicepresidentes, y que se hab?a establecido una competencia absurda entre el propio Rubalcaba y el secretario de Organizaci?n del PSOE, Jos? Blanco, por mostrar al mundo qui?n era la mano derecha del l?der. El ya ministro ha sacado muchas casta?as del fuego con el Estatuto y se dispone a pilotar un proceso que tendr? una importancia decisiva en la cita electoral de 2008. Salvando todas las distancias, Zapatero no ha tenido m?s remedio que elegir a su Alfonso Guerra.

El alejamiento de Rubalcaba del Congreso de los Diputados permite deducir un tercer elemento: el Gobierno no atisba peligro alguno en el Parlamento, por mucho que una hipot?tica quiebra de sus actuales alianzas pudiera convertirse en un contratiempo. De hecho, el campo de juego se ha visto notablemente ampliado con la favorable disposici?n de CiU y PNV a colaborar con el Ejecutivo en la segunda mitad de la legislatura. Las maniobras orquestales en la oscuridad de Don Alfredo ya no son, por tanto, necesarias.

Lo que es seguro es que el relevo en Interior no habr? molestado a Jos? Antonio Alonso, a quien se coloca en Defensa en sustituci?n de Bono. En puridad, un juez como Alonso no era la persona m?s indicada para dirigir las negociaciones con una banda de asesinos y lo habr? agradecido. Todo lo contrario que Mar?a Jes?s San Segundo, sustituida o, mejor dicho, humillada al d?a siguiente de ser aprobada la ley m?s importante de su Departamento. Eso s?, Zapatero cumple por fin su compromiso con Mercedes Cabrera, su fichaje estrella para la lista de Madrid en 2004, y a la que todo el mundo adjudicaba desde el principio la cartera de Educaci?n.

Esta crisis puede ser el augurio de nuevos cambios en septiembre con los que afrontar las elecciones municipales y auton?micas de 2007. De momento, quien ha respirado aliviado es el ministro de Justicia, Juan Fernando L?pez Aguilar, que ya no sabe c?mo acallar los rumores que le sit?an como candidato de los socialistas en Canarias, por no hablar de la ministra de Vivienda, Mar?a Antonia Trujillo, siempre fija en las apuestas de cesantes.

Zapatero no tiene cuaderno azul ni ocupa su ocio con el pasatiempo de ver c?mo se equivocan los periodistas en sus quinielas gubernamentales. Si lo que dice Bono es cierto, conoc?a desde hace seis meses su intenci?n de dejar la pol?tica y ten?a desde hace tres su carta de dimisi?n sobre la mesa. Ha elegido el momento que menos da?o pod?a causarle. Tonto, lo que se dice tonto, no parece.


Publicado por carmenlobo @ 10:48
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