Jueves, 20 de abril de 2006
Las nueve vacas

?Dos amigos marineros viajaban en un buque carguero por todo el mundo, y andaban todo el tiempo juntos. As? que, esperaban la llegada a cada puerto para bajar a tierra, encontrarse con mujeres, beber y divertirse. Un d?a llegan a una isla perdida en el Pac?fico, desembarcan y se van al pueblo para aprovechar las pocas horas que iban a permanecer en tierra.

En el camino se cruzan con una mujer que est? arrodillada en un peque?o r?o lavando ropa.
Uno de ellos se detiene y le dice al otro que lo espere, que quiere conocer y conversar con esa mujer. El amigo, al verla y notar que esa mujer no es nada del otro mundo, le dice que para qu?, si en el pueblo seguramente iban a encontrar chicas m?s lindas, m?s dispuestas y divertidas.

Sin embargo, sin escucharlo, el primero se acerca a la mujer y comienza a hablarle y preguntarle sobre su vida y sus costumbres. C?mo se llama, qu? es lo que hace, cuantos a?os tiene, si puede acompa?arlo a caminar por la isla. La mujer escucha cada pregunta sin responder ni dejar de lavar la ropa, hasta que finalmente le dice al marinero que las costumbres del lugar le impiden hablar con un hombre, salvo que este manifieste la intenci?n de casarse con ella, y en ese caso debe hablar primero con su padre, que es el jefe o patriarca del pueblo.

El hombre la mira y le dice: "Est? bien. LL?vame ante tu padre. Quiero casarme con vos".
El amigo, cuando escucha esto, no lo puede creer. Piensa que es una broma, un truco de su amigo para entablar relaci?n con esa mujer. Y le dice: "Para qu? tanto l?o? Hay un mont?n de mujeres m?s lindas en el pueblo. Para qu? tomarse tanto trabajo?".
El hombre le responde: "No es una broma. Me quiero casar con ella. Quiero ver a su padre para pedir su mano".
Su amigo, m?s sorprendido a?n, sigui? insistiendo con argumentos tipo: "Vos est?s loco?", "Qu? le viste?", "Qu? te pas??", "Seguro que no tomaste nada?" y cosas por el estilo.

Pero el hombre, como si no escuchase a su amigo, sigui? a la mujer hasta el encuentro con el patriarca de la aldea.
El hombre le explica que hab?an llegado reci?n a esa isla, y que le ven?a a manifestar su inter?s de casarse con una de sus hijas. El jefe de la tribu lo escucha y le dice que en esa aldea la costubre era pagar una dote por la mujer que se eleg?a para casarse.

Le explica que tiene varias hijas, y que el valor de la dote var?a seg?n las bondades de cada una de ellas, por las m?s hermosas y m?s j?venes se deb?a pagar 9 vacas, las hab?a no tan hermosas y j?venes, pero que eran excelentes cuidando los ni?os, que costaban 8 vacas, y as? disminu?a el valor de la dote al tener menos virtudes.
El marino le explica que entre las mujeres de la tribu hab?a elegido a una que vi? lavando ropa en un arroyo, y el jefe le dice que esa mujer, por no ser tan agraciada, le podr?a costar 3 vacas.

"Est? bien" respondi? el hombre, "me quedo con la mujer que eleg? y pago por ella nueve vacas".
El padre de la mujer, al escucharlo, le dijo: "Ud. no entiende. La mujer que eligi? cuesta tres vacas, mis otras hijas, m?s jovenes, cuestan nueve vacas".
"Entiendo muy bien", respondi? nuevamente el hombre, "me quedo con la mujer que eleg? y pago por ella nueve vacas".
Ante la insistencia del hombre, el padre, pensando que siempre aparece un loco, acept? y de inmediato comenzaron los preparativos para la boda, que iba a realizarse lo antes posible.

El marinero amigo no lo pod?a creer. Pens? que el hombre hab?a enloquecido de repente, que se hab?a enfermado, que se hab?a contiagiado una rara fiebre tropical. No aceptaba que una amistad de tantos a?os se iba a terminar en unas pocas horas. Que ?l partir?a y su mejor amigo se quedar?a en una perdida islita de Pac?fico.

Finalmente, la ceremonia se realiz?, el hombre se cas? con la mujer nativa, su amigo fue testigo de la boda y a la ma?ana siguiente, parti? en el barco, dejando en esa isla a su amigo de toda la vida.
El tiempo pas?, el marinero sigui? recorriendo mares y puertos a bordo de los barcos cargueros m?s diversos y siempre recordaba a su amigo y se preguntaba: qu? estar?a haciendo?, c?mo ser?a su vida?, vivir?a a?n?.

Un d?a, el itinerario de un viaje lo llev? al mismo puerto donde a?os atr?s se hab?a despedido de su amigo. Estaba ansioso por saber de ?l, por verlo, abrazarlo, conversar y saber de su vida.
As? es que, en cuanto el barco amarr?, salt? al muelle y comenz? a caminar apurado hacia el pueblo.

Donde estar?a su amigo?, Seguir?a en la isla?, Se habr?a acostumbrado a esa vida o tal vez se habr?a ido en otro barco?.
De camino al pueblo, se cruz? con un grupo de gente que ven?a caminando por la playa, en un espect?culo magn?fico.
Entre todos, llevaban en alto y sentada en una silla a una mujer bell?sima. Todos cantaban hermosas canciones y obsequiaban flores a la mujer y esta los retribu?a con p?talos y guirnaldas.
El marinero se qued? quieto, parado en el camino hasta que el cortejo se perdi? de su vista. Luego, retom? su senda en busca de su amigo.

Al poco tiempo, lo encontr?. Se saludaron y abrazaron como lo hacen dos buenos amigos que no se ven durante mucho tiempo.
El marinero no paraba de preguntar: Y c?mo te fue?, Te acostumbraste a vivir aqu??, Te gusta esta vida?, No quer?s volver?. Finalmente se anima a preguntarle: Y como est? tu esposa?.
Al escuchar esa pregunta, su amigo le respondi?: "Muy bien, espl?ndida. Es m?s, creo que la viste llevada en andas por un grupo de gente en la playa que festejaba su cumplea?os".

El marinero, al escuchar esto y recordando a la mujer insulsa que a?os atr?s encontraron lavando ropa, pregunto: "Entonces, te separaste?, No es misma mujer que yo conoc?, no es cierto?.
"Si" dijo su amigo, "es la misma mujer que encontramos lavando ropa hace a?os atr?s".
"Pero, es much?simo m?s hermosa, femenina y agradable. c?mo puede ser?", pregunt? el marinero.

"Muy sencillo" respondi? su amigo. "Me pidieron de dote 3 vacas por ella, y ella cre?a que val?a 3 vacas. Pero yo pagu? por ella nueve vacas, la trat? y consider? siempre como una mujer de nueve vacas. La am? como a una mujer de nueve vacas. Y ella se transform? en una mujer de nueve vacas".


Moraleja...Cuando alguien nos valora, nos quiere y nos estimula, con sinceridad, con cari?o y ternura, nos transformamos... y producimos en nosotros cambios impensados... e inesperados.

Publicado por carmenlobo @ 8:31
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