Lunes, 17 de abril de 2006
La Ley del Barco Fondeado

El Semanal 5 de febrero de 2006


Imagino que conocen ustedes la famosa ley de Murphy: cuando algo puede salir mal, sale mal. Por ejemplo: cuando una tostada se nos va de las manos, siempre cae al suelo por la parte de la mantequilla. Pero esa ley, probad?sima, no es la ?nica. La experiencia demuestra que cada cual puede establecer un n?mero infinito de leyes propias, que ampl?an la de Murphy o que se internan por otros apasionantes vericuetos de nuestra vida y percances. Tengo amigos que hasta las anotan a medida que las descubren, coleccion?ndolas. La Ley del Taxi que Acaba de Pasar por la Esquina, por ejemplo. O la Ley del Alambrito del Bimbo.

Yo mismo poseo un amplio surtido. La de la Llave Equivocada es una de ellas: no importa el n?mero de llaves que lleve tu llavero; si es m?s de una, la mitad de las veces que intentas abrir una cerradura empleas la llave equivocada ?sin contar las variantes dientes arriba o dientes abajo, reservadas a la llavecita del buz?n?. Otra que se cumple siempre, con precisi?n asombrosa, es la Ley del Prospecto Farmac?utico: cada vez que abres una caja de medicamentos, lo haces siempre por donde el prospecto, plegado, impide acceder al contenido. Pero no soy yo s?lo. Mi compadre Carlos G. acaba de establecer la Ley del Autob?s Oportuno: cada vez que besas a tu secretaria en una calle de una ciudad de cinco millones de habitantes, pasa en ese momento un autob?s con tu mujer en la ventanilla. Ahora mi compadre ampl?a esa ley con interesantes derivaciones, como el llamado Axioma de Carlos: las posibilidades de conservar hijos, casa, coche y perro en casos de divorcio son inversamente proporcionales a los a?os de matrimonio y a la mala leche acumulada por tu leg?tima.

Tales leyes no admiten excepciones. La Ley del Barco Fondeado, por ejemplo, se cumple con rigor extremo. Podr?amos formularla as?: cada vez que te encuentras fondeado con un velero en una costa desierta y de varias millas de extensi?n, el siguiente barco que fondee lo har? exactamente a tu lado. En verano esto se ampl?a con inexorables corolarios: aunque quede mucho sitio libre alrededor, todo tercer barco fondear? en el reducido espacio que haya entre tu barco y el que fonde? antes. Al cabo del d?a, la confirmaci?n de esta ley hace que, con varias millas de costa desierta, quince o veinte barcos se encuentren amontonados en el mismo lugar, borneando unos sobre otros al menor cambio del viento; y que cada patr?n de nuevo barco que llegue, piense que algo malo tendr? la parte desierta cuando nadie fondea en ella.

La Ley del Barco Fondeado es util?sima a la hora de hacer previsiones, pues tiene innumerables aplicaciones terrestres. Por no alejarnos del mar, basta cambiar Barco Fondeado por Toalla y Playa, y resultar? que, en una playa desierta de varios kil?metros de extensi?n, toda familia con sombrilla, hamacas, abuela y ni?os vendr? a instalarse exactamente a dos metros y cincuenta cent?metros del lugar en donde hayas extendido tu toalla; pero no lo har? ninguna se?ora estupenda amante del bronceado integral ?Corolario de la Se?ora Estupenda?. Etc?tera. Y en cuanto a la tierra adentro, para qu? les voy a contar. Ah? est? la Ley de la Mesa Contigua, que no es sino una variante en seco de la del Barco Fondeado: en una cafeter?a o restaurante con todas las mesas vac?as, cualquier nuevo cliente ocupar? siempre la m?s pr?xima a la tuya ?a veces esta ley se ve reforzada por la Norma del Ma?tre Cabr?n, que tambi?n ayuda?. El lunes pasado, a las diez de la ma?ana, tuve ocasi?n de confirmar el asunto. Estaba sentado leyendo los peri?dicos en una mesa, al fondo de una cafeter?a de aeropuerto grande y desierta, cuando apareci? un grupo de jubilados que ven?an a echar una partida de mus. En cuanto los vi entrar, deduje: date por fornicado, colega. Y oigan. Queda feo que me eche flores, pero bord? el pron?stico. Cruzaron la sala sorteando mesas vac?as y fueron a instalarse en la mesa de al lado. El resto lo pueden imaginar: duples, parejas, ?rdago a la chica. Y a ver si vienen esos cafelitos, guapa. Todo a grito pelado, entre golpes de baraja. Al rato llegaron m?s clientes y, por supuesto, se situaron alrededor, bien agrupados; con lo que, al cabo de un rato, aquella esquina de la cafeter?a parec?a una plaza de pueblo en fiesta patronal. Ley del Barco Fondeado, como les digo. Para que luego nos llamen insolidarios. El que est? solo es porque quiere. Y ni aun as? te dejan.




Publicado por carmenlobo @ 8:20  | P?rez-Reverte, Arturo
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