Viernes, 14 de abril de 2006
Xavier Sala-i-Mart?n ?s Catedr?tic de Columbia University i Professor Visitant de la Universitat Pompeu Fabra


Imag?nense a un barcelon?s blanco paseando con su esposa y sus hijos por la Diagonal. Al encontrarse a un africano de cara, tambi?n paseando con su se?ora y sus ni?os, empieza a gritarles, a insultarles y a imitar sonidos de mono. Grotesco e ins?lito, ?no? De hecho, tan ins?lito que una escena as? no ocurre nunca porque la gente normal no insulta sin raz?n aparente y porque si lo hiciera, el resto de los transe?ntes le increpar?an y le dir?an que se ha vuelto loco.

Traslademos la situaci?n unos cientos de metros y situ?monos en el Camp Nou. Ahora ya no es tan inusual: dentro de un estadio es normal ver a imitadores de simios insultando a personas de otras razas. ?Por qu?? Primero porque la gente olvida que los jugadores, adem?s de estrellas, son seres humanos con sentimientos. Segundo, porque algunos aficionados creen que los insultos desestabilizan a los contrarios. Y tercero, porque las autoridades y el p?blico callan y, con su silencio, otorgan.

Tengo la suerte de conocer a Samuel Eto?o. He viajado con ?l por ?frica. He colaborado con su fundaci?n ayudando a escolarizar a ni?os africanos. Le he acompa?ado a hospitales, escuelas y c?rceles y le he o?do propagar un mensaje de esperanza. Le he visto compartir con los suyos su tiempo, su suerte y su dinero. Por eso me parti? el coraz?n verle en el aeropuerto de Madrid despu?s de que, en el Bar?a- Getafe del 2004, un grupo de primitivos le dedicara los ya famosos simiescos alaridos. Eto?o estaba solo, en un rinc?n de la sala de espera, con sus auriculares puestos. Al acercarme me mir? y, con l?grimas en sus ojos, me pregunt?: hermano, ?por qu?? No supe que decir. No pude explicarle a mi hermano Samuel por qu? la gente de mi color se comportaba con tanta bajeza.

Ha pasado ya un tiempo y los simios siguen apareciendo en casi todos los estadios de Espa?a. Los energ?menos siguen sin darse cuenta que los jugadores tienen sentimientos. Ante estos espect?culos, muchos reclaman la intervenci?n de federaciones, de presidentes de club, de comit?s, de ?rbitros y de dem?s autoridades para que erradiquen el racismo del f?tbol. Y todo esto est? muy bien. Todos ellos tienen su responsabilidad. Pero el resto de ciudadanos tambi?n tenemos la nuestra. Tenemos la responsabilidad de actuar dentro del estadio tal como actuar?amos fuera de ?l: recriminando a los racistas. Si as? lo hacemos y si es verdad que ?stos son una minor?a, sus gritos quedar?n sepultados bajo la reprobaci?n de la mayor?a. De hecho, esto es exactamente lo que el Camp Nou hizo espont?neamente durante meses cada vez que los Boixos Nois dedicaban canciones insultantes al presidente Laporta. Poco a poco, al ver que sus ofensas no eran o?das por nadie, se fueran desvaneciendo.

Visto esto, quiero hacer desde aqu? una propuesta sencilla y pr?ctica: a partir de hoy, cada vez que se oigan insultos racistas en un campo de f?tbol, que los espectadores que los consideren indecentes, los que se sientan avergonzados y los que entiendan que no todo vale para ganar, que todos, absolutamente todos, abucheen a los imitadores de primates hasta que queden eclipsados. Cuando ?stos vean que su estupidez no es escuchada y cuando vean que la mayor?a de ciudadanos detesta su actitud, simplemente desaparecer?n.

Y si no, al menos habremos demostrado al mundo, a nuestros hermanos africanos y a nosotros mismos, que todav?a somos civilizados. Porque? somos civilizados, ?no?




Publicado por carmenlobo @ 12:54
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