S?bado, 08 de abril de 2006

Arturo P?rez-Reverte

Occidente les parece ?y es? d?bil y miserable. Nos van a reventar con nuestras propias contradicciones


De la movida mahometana me quedo con una foto. Dos j?venes tocados con kufiyas alzan un cartel: Europa es el c?ncer, el Islam es la respuesta. Y esos j?venes est?n en Londres. Residen en pleno c?ncer, quiz? porque en otros sitios el trabajo, la salud, el culto de otra religi?n, la libertad de sostener ideas que no coincidan con la doctrina oficial del Estado, son imposibles. Ante esa foto reveladora ?no se trata de occidentalizar el sano Islam, sino de islamizar un enfermo Occidente?, lo dem?s son milongas. Los quiebros de cintura de algunos gobernantes europeos, la claudicaci?n y el pasteleo de otros, la firmeza de los menos, no alteran la situaci?n, ni el futuro. En Europa, un tonto del haba puede titular su obra Me cago en Dios, y la gente protestar en libertad ante el teatro, y los tribunales, si procede, decidir al respecto. Es cierto que, en otros tiempos, en Europa se quemaba por cosas as?. Pero las hogueras de la Inquisici?n se apagaron ?aunque alg?n obispo lo lamente todav?a? cuando Voltaire escribi?: ?No estoy de acuerdo con lo que usted dice, pero luchar? hasta la muerte para que nadie le impida decirlo?.

Aclarado ese punto, creo que la alianza de civilizaciones es un camelo idiota, y que adem?s es imposible. El Islam y Occidente no se aliar?n jam?s. Podr?n coexistir con cuidado y tolerancia, intercambiando gentes e ideas en una ?smosis tan inevitable como necesaria. Pero quienes hablan de integraci?n y fusi?n intercultural no saben lo que dicen. Quien conoce el mundo isl?mico ?algunos viajamos por ?l durante veinti?n a?os? comprende que el Islam resulta incompatible con la palabra progreso como la entendemos en Occidente, que all? la separaci?n entre Iglesia y Estado es impensable, y que mientras en Europa el cristianismo y sus cl?rigos, a rega?adientes, claudicaron ante las ideas ilustradas y la libertad del ciudadano, el Islam, f?rreamente controlado por los suyos, no renuncia a regir todos y cada uno de los aspectos de la vida personal de los creyentes. Y si lo dejan, tambi?n de los no creyentes. Nada de derechos humanos como los entendemos aqu?, nada de libertad individual. Ninguna ley por encima de la Charia. Eso hace la presi?n social enorme. El qu? dir?n es fundamental. La opini?n de los vecinos, del barrio, del entorno. Y lo m?s terrible: no s?lo hay que ser buen musulm?n, hay que demostrarlo.

En cuanto a Occidente, ya no se trata s?lo de un conflicto a?ejo, dormido durante cinco siglos, entre dos concepciones opuestas del mundo. Millones de musulmanes vinieron a Europa en busca de una vida mejor. Est?n aqu?, se van a quedar para siempre y vendr?n m?s. Pero, pese a la buena voluntad de casi todos ellos, y pese tambi?n a la favorable disposici?n de muchos europeos que los acogen, hay cosas imposibles, integraciones dificil?simas, concepciones culturales, sociales, religiosas, que jam?s podr?n conciliarse con un r?gimen de plenas libertades. Es falaz lo del respeto mutuo. Y peligroso. ?Debo respetar a quien castiga a ad?lteras u homosexuales? Occidente es democr?tico, pero el Islam no lo es. Ni siquiera el comunismo logr? penetrar en ?l: se mantiene tenaz e imbatible como una roca. ?Usaremos vuestra democracia para destruir vuestra democracia?, ha dicho Omar Bin Bakri, uno de sus los principales ide?logos radicales. Occidente es d?bil e inmoral, y los vamos a reventar con sus propias contradicciones. Frente a eso, la ?nica t?ctica defensiva, siempre y cuando uno quiera defenderse, es la firmeza y las cosas claras. Usted viene aqu?, trabaja y vive. Vale. Pero no llame puta a mi hija ?ni a la suya? porque use minifalda, ni lapide a mi mujer ?ni a la suya? porque se l?e con el del butano. Aqu? respeta usted las reglas o se va a tomar por saco. Hace tiempo, los Reyes Cat?licos hicieron lo que su tiempo aconsejaba: el que no trague, fuera. Hoy eso es imposible, por suerte para la libertad que tal vez nos destruya, y por desgracia para esta contradictoria y cobarde Europa, sentenciada por el curso implacable de una Historia en la que, pese a los cuentos de hadas que vocea tanto cantama?anas ?vayan a las bibliotecas y l?anlo, imb?ciles? s?lo los fuertes vencen, y sobreviven. Por eso los chicos de la pancarta de Londres y sus primos de la otra orilla van a ganar, y lo saben. Tienen fe, tienen hambre, tienen desesperaci?n, tienen los cojones en su sitio. Y nos han calado bien. Conocen el c?ncer. Les basta observar la escalofriante sonrisa de las ratas dispuestas a congraciarse con el verdugo.



El Semanal 19-2-2006

Publicado por carmenlobo @ 8:33  | P?rez-Reverte, Arturo
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