Mi?rcoles, 05 de abril de 2006

La venganza del Coyote
Arturo P?rez-Reverte
26 febrero 2006

Siempre hay un lector que, incluso en las materias m?s extra?as, es autoridad en el asunto y denuncia el gazapo



Como saben ustedes, gazapo, adem?s de conejo, significa mentira o embuste; y tambi?n error que, a menudo no por ignorancia sino por inadvertencia, deja escapar quien escribe o habla. Cualquiera que trabaje con palabras impresas sabe a qu? me refiero. En la oratoria p?blica las metidas de gamba se disimulan m?s; y como en Espa?a suelen darse en boca de nuestra infame clase pol?tica, llaman menos la atenci?n. Sabemos a qu? atenernos. Entre gente culta, sin embargo, la cosa es diferente. Suele haber m?s pundonor. El gazapo es la pesadilla constante de periodistas y escritores, y ni los grandes maestros est?n a salvo de un texto revisado con descuido o de una galerada corregida entre prisas.

Por lo general, todo gazapo como Dios manda permanece al acecho en un texto, no importa cu?nto se revise y corrija, y s?lo salta el d?a que, impresa la obra, el autor abre una p?gina al azar y all? est? el gazapo gordo y lustroso, arteramente camuflado durante meses o a?os de trabajo. Otras veces se debe a ignorancia del autor, a error de documentaci?n o a generalizaciones r?pidas y peligrosas. En todo caso, puede tenerse la certeza de que, publicada la obra, siempre habr? un lector que, incluso en las materias m?s extra?as, sea autoridad en el asunto. Y ese lector, por supuesto, escribir? una carta apuntando el detalle. Hay aut?nticos monstruos en eso, sabios implacables a quienes no se les escapa una. Gente para todo. Les aseguro que si un escritor afirma que en 1947 el tren correo sali? de Sangonera la Seca a las 8,15 o que el barco pirata se hundi? en ocho metros de agua junto a Trincabotijas, siempre habr? un fan?tico de los ferrocarriles para puntualizar que ese a?o los trenes correo sal?an de Sangonera a las 8,50; o que un experto en cartograf?a n?utica se?ale que la sonda exacta frente a Trincabotijas en el XVIII era de cuatro brazas, o sea, de 6,68 metros.

Lo he vivido en mis carnes, y acojona. Empec? a enterarme con mi primera novela, cuando situ? a un h?sar junto a unos eucaliptos, y apenas publicado el libro recib? una amable carta de un lector experto en bot?nica, comunic?ndome que mi novela transcurr?a en 1808, y que esos ?rboles no fueron tra?dos a Espa?a desde Australia hasta cincuenta y siete a?os despu?s. En otro libro, con dos personajes conversando sobre las estrellas, puse en boca de uno de ellos que hace 5.000 a?os el Drag?n se?alaba el norte en vez de la Polar; y en el acto recib? la carta de un lector que, tras precisar que la cifra exacta eran 4.800 a?os, me animaba a ser m?s riguroso en las afirmaciones cient?ficas. Todo esto es de agradecer, naturalmente. Ayuda a corregir o a precisar en ediciones posteriores, y supone adem?s una doble lecci?n: de humildad para el autor ?nunca puede conocerse todo sobre todo? y de respeto sobre la categor?a de los lectores y la seriedad con que abordan el texto.

Otras van con mala leche, claro. O se pasan de agudos. Con la serie del capit?n Alatriste, aparte de la correspondencia que matiza o discute detalles con buena voluntad, me llegan tambi?n precisiones de especialistas ?alguno, incluso, historiador de tron?o? cuyos patinazos colecciono con simp?tico inter?s. La palabra luterano, por ejemplo, aplicada por extensi?n a los holandeses del XVII como en los textos de Lope y de Calder?n ?que por cierto estuvo all? me ha dado mucho juego con alg?n listillo. Pero, salvo contad?simas excepciones, el tono de los que apuntan gazapos reales o supuestos suele ser amable y nada pedante. Al contrario: un experto valora el esfuerzo de quien se aventura con rigor y esfuerzo en su terreno. Eso no obsta para que, en justo rev?s, algunos escritores cedamos tambi?n a la tentaci?n guasona de incluir emboscadas en el texto, por aquello de que donde las dan, las toman. En ese registro, el gazapo-trampa del que estoy m?s satisfecho es Dizzie Gillespie tocando el piano en La carta esf?rica. No imaginan la cantidad de cartas recibidas ?bienintencionadas y amables todas? precis?ndome que Dizzie Gillespie era trompetista de jazz y no pianista. A eso suelo responder con una breve carta que ten?a lista desde el principio: Gillespie era, en efecto, trompetista; pero el 26 de noviembre de 1945, cuando Charlie Parker grab? Koko para el sello Savoy, el pianista no acudi? al estudio y fue Gillespie quien, adem?s de la trompeta, tuvo que ocuparse del piano. Y es que la literatura, y el juego que implica, incluye tambi?n esa clase de cosas. La venganza del Coyote.



Tags: La venganza del Coyote, Arturo Pérez-Reverte

Publicado por carmenlobo @ 8:13  | P?rez-Reverte, Arturo
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