Martes, 04 de abril de 2006
Columna vertebral de la familia

Jos? Carlos Garc?a Fajardo*
* Profesor de Pensamiento Pol?tico (UCM)
y Director del CCS


La mujer es la columna vertebral de la familia y de la sociedad, sobre todo en los pa?ses del Sur. Pero, desde hace unos a?os, se han desarrollado programas para facilitar la integraci?n de la mujer en el mercado del trabajo y se ha puesto de manifiesto su enorme capacidad para generar los medios econ?micos necesarios para sacar adelante a sus familias y promover el asociacionismo en sus comunidades.

El 70% de las personas que viven en extrema pobreza son mujeres, ganan entre un 30 y un 50% menos que los hombres, representan dos tercios de los analfabetos del planeta y s?lo poseen el 10% de los recursos mundiales cuando aportan dos terceras partes de las horas de trabajo. Si con esto en contra, una mujer logra destacar, su val?a como persona y como profesional es superior a la de cualquier hombre en la misma situaci?n. No se trata de discriminaci?n positiva, sino de una clara selecci?n natural en condiciones adversas. Arrancan la carrera en desventaja, as? que si llegan a la meta a la vez es porque han demostrado un mayor tes?n y valor.

Cuando en la II Guerra Mundial los hombres tuvieron que irse al frente, las mujeres los reemplazaron en sus trabajos, hasta entonces vetados para ellas, y demostraron de lo que eran capaces a la sociedad y a s? mismas. Desde el momento en el que asumieron sus capacidades, ya no ha habido marcha atr?s. La conquista por la igualdad de derechos y oportunidades no ha dejado de avanzar.

El principal frente para lograr la igualdad es la educaci?n. No hay que olvidar que uno de los obst?culos m?s grandes para el desarrollo son los 586 millones de mujeres adultas que no saben leer ni escribir. Una mujer educada se aleja de la posici?n sumisa que facilita la asunci?n de la desigualdad como algo irremediable. Accede a mejores trabajos, posee una mayor independencia del hombre, tiene menos hijos, se preocupan m?s de su salud y de la de su familia. Es un hecho, en las sociedades en las que las mujeres tienen acceso a la educaci?n, este n?mero se reduce dr?sticamente. Con la mejora de la situaci?n de la mujer se beneficia toda la sociedad. Si en Latinoam?rica se eliminasen las desigualdades en el mercado laboral, el producto interior bruto aumentar?a un 5%. Esa igualdad no se lograr? tan s?lo con declaraciones pol?ticas, acuerdos y compromisos internacionales, sino que es necesario cambiar h?bitos y actitudes en nuestro entorno, generar una conciencia pol?tica que implique cambios en el modo de ver la realidad, pero sobre todo hay que escuchar y tener en cuenta las opiniones de las propias mujeres.

Los pa?ses del llamado Primer Mundo tienen que asumir su responsabilidad por la situaci?n de la mujer. EEUU y Europa instalan maquilas en Latinoam?rica y Asia a sabiendas de su injusticia. Saben que las maquilas contratan mujeres para que trabajen en turnos laborales inhumanos, con salarios que apenas les permiten vivir. Condenan a la pobreza a estas mujeres, muchas de ellas con hijos o al cuidado de sus padres. Las maquilas, al servicio de las transnacionales, contratan a mujeres porque, como no se han llevado al plano social los derechos de la mujer en muchos pa?ses del Sur, resultan m?s sumisas. Estas islas de explotaci?n violan los derechos de la mujer que tantos pa?ses desarrollados argumentan promover.

Cooperativas de mujeres, bancas comunales y otras nuevas formas de emprendimiento demuestran que ser pobre no es una fatalidad del destino, sino el resultado de la falta de oportunidades. Salir de la pobreza no es s?lo tener comida, sino tambi?n cortar la dependencia de las ayudas. Recibir alimentos donados, recuerda la imagen de una caridad paternalista. La cosa es muy diferente cuando se consigue ir creciendo con el esfuerzo personal. Aunque buena parte de la cooperaci?n internacional se sigue basando en antiguos esquemas, las organizaciones sociales han comprobado que el verdadero desarrollo de una comunidad suele comenzar cuando se favorecen la integraci?n de los principales protagonistas de los programas: los beneficiarios capaces de crear un peque?o taller de artesan?a o en un proyecto mayor envergadura, se trata de favorecer la participaci?n, asumiendo cada cual su parte en el dise?o, en la ejecuci?n, y en la evaluaci?n del proyecto. Cooperar es trabajo entre iguales, el beneficiario ha de ser activo, protagonista de su propio desarrollo. No basta con el reconocimiento de los derechos humanos que adornan muchas constituciones. Es preciso convertir esos derechos pol?ticos en aut?nticos derechos sociales.


Publicado por carmenlobo @ 8:10
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