Mi?rcoles, 14 de diciembre de 2005
TRADUCCION Y PSICOANALISIS EN EL TEXTO DEL QUIJOTE

?Sancho es el ?nico que, sin burlarse, se aviene a hablar en el idioma de Don Quijote; el que deviene traductor, y, en el acto de nombrarlo Caballero de la Triste Figura, opera una lectura.?
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Anal?zame, Sancho
Por Carolina Polak *


George Steiner se?al? que ?traducimos cuando entramos en contacto con el pasado, no s?lo entre dos lenguas?. Si sostenemos, con Lacan, que el significante no se significa a s? mismo y que la lengua no es transparente, la cuesti?n de la traducci?n es pertinente cada vez que alguien toma la palabra. El Quijote es suficientemente extranjero y antiguo como para ameritar su traducci?n.
Miguel de Cervantes ingresa en la ficci?n del Quijote como personaje, en tanto traductor del ?rabe del escritor Cide Hamete Benengeli, que a su vez ser?a el transcriptor de las haza?as hist?ricas del caballero andante don Quijote de la Mancha. Traductor-editor, Cervantes completar?a las lagunas halladas en el supuesto original ?rabe. As? el texto, desde su organizaci?n formal, pone en primer plano preguntas y teor?as acerca de qu? es leer, qu? es traducir, qu? es la ficci?n y cu?les sus relaciones con la historia y con el original; produce una teor?a de la traducci?n en la que reconoce el car?cter segundo del texto traducido, que no permite doblar o reproducir al original. Cervantes no es Pierre Menard.
Y por su novela circulan formas de leer que suponen alg?n nivel de traducci?n, en la medida en que pueden iluminar d?nde solemos empantanarnos en nuestro acto.
Alfonso o Alonso Quijano o Quesada tiene por modelos a los h?roes de sus libros; ?l ha le?do y sale al mundo para entrar en el libro, ya que permanentemente supone un cronista que ir? recogiendo sus aventuras. La lectura acad?mica oficial subraya que para el hidalgo realidad y ficci?n se superpondr?an, que don Quijote no podr?a diferenciar una de otra. Sin embargo, lo primero que hace Quesada, antes de salir a los caminos, es cambiar su nombre, el de su caballo y el de quien devendr? su Dama. Para ?l, elegir? don Quijote, seguido por de la Mancha, orientando respecto de su lugar de procedencia. A su caballo le pondr? Rocinante; ?l mismo explica el procedimiento: antes fue roc?n y ahora es el ante roc?n, el primer caballo. A la r?stica Aldonza Lorenzo la elevar? de condici?n, llam?ndola Dulcinea del Toboso.
Sabemos que no hay traducci?n para el patron?mico. Podemos plantear que estos nombres interpretan la realidad ficcionaliz?ndola, seg?n la clave par?dica del g?nero de la caballer?a. Si es as?, entonces don Quijote deja de ser un personaje que no diferencie realidad de ficci?n, y pasa a ser autor de una realidad que deviene ficci?n. Su ?error? como lector consistir?a en no diferenciar la cr?nica de la novela, pero esta confusi?n era casi necesaria en el siglo XVII: los libros de caballer?a eran llamados, en ?poca de Cervantes, ?historia? o ?cr?nica?; nuestro idioma no contaba a?n con un t?rmino para subrayar el estatuto de la ficci?n.
Se recordar? que el cura y el barbero, doble encarnaci?n para el discurso del Amo en tiempos de la Santa Inquisici?n, diagnostican que la causa que enferma al hidalgo Quijano es una intoxicaci?n. Asienten, y avalan el tratamiento que de este diagn?stico se desprende, la sobrina y el ama del enfermo.Tambi?n parece avenirse a esta lectura el narrador-historiador, Cide Hamete Benengeli.
La lectura del cura y el barbero sigue los par?metros de semejanza vigentes hacia fines del siglo XVI: el hidalgo se intoxic?, ley? demasiados libros de caballer?a y ahora se cree un caballero. En este diagn?stico la lectura repite lo observable en el teatro del mundo, lo transcribe punto por punto gui?ndose por la semejanza: si se comporta como un caballero es porque se intoxic? con caballer?a. La lectura coincide con una traducci?n en palabras de lo perceptible; es una operaci?n que se pretende completa, sin resto, obvia, plena de sentido.
Hecho el diagn?stico de sobredosis, el cura y el barbero proponen un tratamiento consistente en dos prescripciones: quemar en una hoguera los libros de caballer?a (menos dos, que el cura guarda para su goce privado) y tapiar el recinto que en la casa de Quijano hac?a las veces de biblioteca, de manera tal que el hidalgo, al despertarse de la siesta en el curso de la cual tuvo lugar la hoguera de los libros, no s?lo no los encontrara, sino que tampoco encontrara el espacio que estos libros habitaban. El ama y la sobrina pretender? convencerlo de que ?l jam?s tuvo una biblioteca.
Despersonalizado, col?rico, abatido por lo ominoso de la desaparici?n de ?su? lugar, que era el lugar donde las letras estaban escritas, Quijano hace su segunda salida para encontrar los trazos de las letras desaparecidas.
Hay que decir que, en 2005, un doctor Alonso Fern?ndez, neur?logo, catedr?tico de la Universidad Complutense y miembro de la Academia Nacional de Medicina de Espa?a, formul? una lectura que hubieran aplaudido el cura y el barbero: descubri? que don Alonso Quijano sufr?a un ?trastorno bipolar?. Eso lo explicar?a todo, no hay m?s que decir, la lectura de los signos cl?nicos coincide con los signos del vadem?cum, y ahora podemos medicarlo.

Te veo Triste
Muy distinta es la intervenci?n de Sancho. Sancho Panza efect?a una operaci?n fundamental en el momento en que nombra a su amo de manera tal que cuestiona el diagn?stico inapelable del cura y el barbero. Lo llama ?el Caballero de la Triste Figura?, y don Quijote toma gustoso este nombre en el que se reconoce en tanto lo representa. Con esta operaci?n produce un efecto de sentido; no un sentido que hace Uno, como ?bipolar? o ?intoxicado?. ?Triste? es un nombre que abre a la significaci?n y que proviene de otro, de un semejante; no es un nombre tomado del Otro, completo y cerrado, como Quijano hab?a formado Quijote seg?n las reglas estipuladas por el g?nero de la caballer?a.
En 1600, ?triste? no denotaba necesariamente tristeza, sino que se utilizaba para referirse a lo desgarbado y poco cuidadoso, como podemos reconocerlo en cualquier ilustraci?n de Don Quijote: flaco, alto, desprolijo. Triste, entonces, es algo que se da a ver.
Al nombrarlo como ?el de la Triste Figura?, Sancho pone en juego la funci?n de la mirada para operar un l?mite: al cura y al barbero, les dice que el Quijote da a ver algo que excede al vadem?cum.
Quiz?s esta significaci?n que abre y posibilita Sancho sea lo que le otorga el lugar de ?nico otro con el que contar? el Quijote: ?nico con el que dialoga y no discursea. Aun en su megaloman?a ?para decirlo en t?rminos del doctor Fern?ndez?, Quijote entra en una especie de di?logo; artificio imaginario que lo pacifica.
De hecho, los cr?ticos apuntan a que esta novela crea el di?logo como recurso literario, ya que por primera vez encontramos la estructura ?dijo? en combinaci?n con ?oy?. La supuesta historia de aventuras, que escribir?a un cronista, devino novela de di?logo, y Cervantes logr? esto creando un Sancho para su Quijote
Si Sancho es ?nico en tanto semejante, el que le procura alimentos, cuidados y vestidos, es tambi?n el ?nico que se aviene a hablar en su artificioso idioma sin burlarse. Sancho deviene traductor para dialogar con su amo; entra en la jerga que tanta gracia les causa a los otros personajes, pero no se funde en ella, porque puede seguir hablando con sus contempor?neos sin afectaciones; y, en el acto de nombrarlo ?Caballero de la Triste Figura?, opera una lectura.
?El Caballero de la Triste Figura? no es un cambio de nombre, sino que funciona como ep?teto o aposici?n a ?Don Quijote de la Mancha?; es esa caracterizaci?n del nombre que lo adjetiva seg?n su acci?n, a la manera de ?Aquiles, el de los pies ligeros?. Sin embargo ?el de la Triste Figura?apunta m?s al afecto que a la acci?n, y pone en primer plano una tristeza que hasta el momento era invisible. ?Su funci?n podr?a ser an?loga a la manera en que Freud nombra sus casos, cuando se refiere a Ernst Lanzer como el Hombre de las Ratas, o a Sergei Pankejeff como el Hombre de los Lobos?
El sufijo ?ote?, utilizado por el mismo Quijano o Quesada para nombrarse, sol?a utilizarse en su ?poca como burla o parodia. Desde esta literalidad, que no apunta al sentido, volvemos a cuestionar si, para ?l, realidad y ficci?n estaban tan s?lidamente selladas como parece indicar la lectura acad?mica tradicional del texto. Quiz? la brecha abierta por Sancho ?desde su mirada que nombra, desde el di?logo que enlaza? estaba ya troquelada por el recurso a la parodia.

* Extractado del trabajo ??Sancho Panza analista? Por los caminos de la traducci?n?.
http://www.pagina12.com.ar/diario/psicologia

Publicado por carmenlobo @ 8:55
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