Jueves, 15 de diciembre de 2005

Arturo P?rez-Reverte
El Semanal 27 de noviembre de 2005


Hace a?os tuve una pol?mica con Francisco Umbral que acab? cuando escrib? un art?culo titulado Sobre Borges y sobre gilipollas, donde el gilipollas no era Borges. Desde entonces, en lo que a m? se refiere, Umbral ha permanecido mudo; cosa que en un teclista con su logorrea ??escribe como mea?, dijo de ?l Miguel Delibes? supone un prodigio de continencia. Pero el tiempo pasa, la edad termina afloj?ndole a uno el muelle, y ahora vuelve a meterme los dedos en la boca. El estilo, o sea. Al maestro de columnistas no le gusta mi estilo literario, y le sorprende que se lean mis novelas. Tambi?n, de paso, le parece inexplicable que nadie lea las suyas, ni aqu? ni en el extranjero. Que fuera de Espa?a no sepan qui?n es Francisco Umbral, eso dice tenerlo asumido: su prosa es tan perfecta, asegura, que resulta intraducible a otras lenguas cultas. Pero no vender aqu? un libro lo lleva peor. No se lo explica, el maestro. Con su estilo. As? que voy a intentar explic?rselo. Con el m?o.

Francisco Umbral tiene ?y nos lo recuerda a cada instante? la mejor prosa de Espa?a. Tambi?n cultiva una imagen, m?s social que literaria, inspirada en el malditismo narcisista y la soledad del escritor incomprendido y genial. Pero eso es cuanto tiene. Nunca pis? una universidad como alumno, ni ley? un cl?sico, ni tuvo una formaci?n que trascendiera la cita, el plagio entreverado y el picoteo de lo ajeno. La lectura tranquila de sus libros y columnas s?lo revela frivolidad superficial, incultura camuflada bajo la brillante escaramuza del estilo. En realidad, Umbral nunca tuvo nada que decir. La idea, el comentario o el libro citados en abundancia aqu? y all? ?a menudo de forma incorrecta, como ocurre con Borges y la Biblia, entre otros? casi nunca provienen de lecturas directas, sino que delatan la tercer?a de la revista, suplemento cultural, antolog?a o texto ajeno donde fueron espigados. Sospecho, adem?s, que Umbral anda muy flojo de lenguas, lo mismo vivas que muertas, aunque para el estilo le baste con la que tan bien maneja. Y en cuanto a la gran novela b?sica, la que forma los cimientos de todo novelista s?lido, su ignorancia resulta asombrosa en un escritor de tales pretensiones. Por eso resulta esclarecedor que, en sus innumerables intentos frustrados de novelar, mencione siempre con desprecio a Cervantes, Gald?s, Dickens, Tolstoi, Dostoievski o Baroja, y entre los contempor?neos, a Mars?, M?jica Lainez o Vargas Llosa; o que cometa la bajeza de situar al honrado Jos? Luis Sampedro o al dign?simo e impecable Luis Mateo D?ez a la misma altura que a Ma?as, el chico del Kronen. En esa l?nea, las universidades s?lo valen para algo cuando invitan a Umbral, y le pagan. Igual que los premios literarios, el Cervantes o la Real Academia: s?lo tienen prestigio si ?l los consigue.

Y es que Umbral no escribe literatura: ?l es la literatura ??Borges y yo?, afirmaba sin complejos hace unos a?os?. Y si la gente no lo lee, es porque a la gente no le interesa la literatura; no porque no le interese Umbral, ni porque repugne, por ejemplo, el sexo turbio que impregna sus novelas; m?s turbio a?n cuando imaginamos al propio Umbral practic?ndolo. Un personaje de quien Jimmy Gimenez Arnau ?que no se dir?a, en rigor, espejo de virtudes? ha escrito: ?Padece c?ncer de alma?.

La cita no es casual, porque, adem?s de ser un periodista que nunca dio una noticia, de que en sus novelas y columnas no haya una sola idea, y de alardear de una cultura que no tiene, lo que trufa toda la obra de Umbral, desde el principio, es su bajeza moral. La ?infame avilantez? que, ya metidos en citas, le atribuy? la poetisa Blanca Andreu. Siempre estuvo dispuesto a despreciar a novelistas ancianos o fallecidos como Gironella, Aldecoa, o el Cela a cuya sombra en vida tanto medr? ?y a quien dedic?, caliente el cad?ver, un librito oportunista e infame, escrito, eso s?, con estilo sublime?, o a insultar y se?alar con el dedo a antiguas amantes y a mujeres que le negaron sus favores; aunque esto lo hace s?lo cuando no pueden defenderse y sus maridos est?n muertos o en la c?rcel. Tan miserable h?bito no lo mencionar?a aqu? de limitarse a lo privado; pero es que Umbral tiene la bajuner?a de salpicar con ?l su literatura. Su bello estilo. A todo eso a?ade una proverbial cobard?a f?sica, que siempre le impidi? sostener con hechos lo que desliza desde el cobijo de la tecla. Pero al detalle iremos otro d?a. Cuando me responda, si tiene huevos. A ver si esta vez no tarda otros cinco a?os. El maestro.




Publicado por carmenlobo @ 8:57  | P?rez-Reverte, Arturo
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