Martes, 13 de diciembre de 2005

MANUEL VICENT
EL PA?S 8-2005


Desde el caf? concierto La Mandr?gora, en 1981, llegaron los tres, Krahe, P?rez y Sabina, cada uno con una garganta distinta, al programa de televisi?n que dirig?a el glorioso Tola con Carmen Maura en el papel de ingenua malvada. Alberto P?rez a?ad?a nuevos caramelos a los boleros de Mach?n; Javier Krahe usaba la iron?a de Brassens con los ojos ara?ados; Joaqu?n Sabina, que ya apuntaba maneras de canalla, rasc?ndole a la vez el h?gado y la guitarra, hablaba de un Madrid de p?lidas princesas y de jeringuillas en el lavabo, una letra urbana de Chicho S?nchez Ferlosio con la que el cantante toc? la llaga de la ciudad en el fondo de la noche. A partir de esa herida, Sabina supo que lo suyo eran los macarras, las prostitutas, los borrachos, los viejos bujarrones, pero tambi?n el coraz?n dulce y desesperado de los caballos.

El resto lo puso el destino, porque siempre hay un dios que baja del Olimpo y te elige a ti, s?lo a ti; te da una colleja y te dice: anda, c?mete el mundo, que yo te acompa?ar? en tu vuelo, como a ?caro, hasta que el sol te queme las alas. A partir de esa unci?n, Sabina incorpor? a sus canciones la moral de la derrota y comenz? a beberse en medio del ?xito el alcohol duro de los perdedores. El dios de Sabina a?n le ofreci? otra gracia: voy a romperte la voz y en adelante cantar?s desga?it?ndote como si te cabalgaras.

Hab?an pasado ya los tiempos de los tiros con pelotas de goma, de los gases lacrim?genos y de algunas balas por la espalda con que fue recibida en este pa?s la libertad. Los pol?ticos llevaban en andas a la Santa Transici?n como a una Virgen con la media estocada en el pecho que le hab?a dado Tejero y que no bast?. A Joaqu?n Sabina se le ve?a pasar ahora en vuelo rasante sobre las copas y las botellas de los bares derrib?ndolas todas con su viento. ?D?nde dir?a usted que aterrizaba el cantante? Como el halc?n que se posa con la presa en el pico, as? llegaba Sabina a cualquier antro que estuviera abierto a las cinco de la madrugada y all?, regando el medio lim?n del urinario, se hac?a dos preguntas metaf?sicas: "?Habr? comido hoy?, ?cu?nto hace que no duermo? No lo recuerdo, pero jurar?a que estoy vivo". Y a continuaci?n se sub?a la cremallera con un golpe rudo hacia el ombligo como Vittorio Gassman en Il Sorpasso, sal?a del lavabo, se acercaba a la barra donde hab?a varios cad?veres sentados en los taburetes con la copa vac?a en la mano y les gritaba: colegas, hay que seguir, esta ronda la pago yo.

-Cu?date -le dec?a al o?do su ?ngel de la guarda.

-Vete a tomar por saco -blasfemaba el cantante.

El padre de Sabina fue comisario de polic?a en ?beda. Cuenta la leyenda que durante el Estado de excepci?n de 1968 recibi? la orden de detener a su hijo porque hab?a lanzado un c?ctel m?lotov contra una sucursal bancaria en Granada. Huyendo de su padre, Sabina se vio obligado a exiliarse en Londres durante siete a?os, donde, aparte de perder el pelo de la dehesa, freg? platos, se amamant? de marxismo, jug? a ser okupa y toc? la guitarra en las calles peatonales con un plato en el suelo como un indio peruano. El padre de Sabina era un hombre inteligente. En el ?ltimo momento de su vida mand? llamar a sus hijos para que escucharan sus ?ltimas palabras y cuando tuvo en torno al lecho a toda la familia reunida, dijo: "Quisiera yo saber de d?nde sacan tanto dinero las diputaciones provinciales". Y dicho esto, sin esperar respuesta, entreg? el alma al Dios de los Ej?rcitos. De ah? le viene a Sabina el amor a los momentos estelares que culminan con un disparate.

A mil leguas de las g?rgaras con clara de huevo, el grito deshecho de Sabina es producto de mil noches de insomnio, de r?os de alcohol, de nubes de tabaco cargadas de pedrisco que han pasado por su laringe y eso le permite cantar victoria con la voz derrotada. Tener la voz rota es una suerte que hay que merecerla. A todo esto, con lo duro que canta, Joaqu?n Sabina es, antes que nada, un gran trabajador, un buen chico, un tipo legal. Ese t?rmino lo inventaron los delincuentes en la c?rcel. Legal es lo contrario a pringao. Al margen de la ley existe un espacio donde s?lo reinan los tipos que cumplen la palabra, que siempre le echar?n una mano al colega en apuros, que se dejar?an desollar antes de delatar a nadie o traicionar a un amigo. Estar siempre de parte de los que pierden, apuntarse a las derrotas, convertir cualquier ca?da en una rima dura y cantarla como quien grita a la vida, ?se es el asunto de Sabina cuyo primer objetivo es que todo el mundo sea feliz, que los amigos distanciados se reconcilien, que los reaccionarios dejen libres las nubes y los jergones para que los hijos del cielo puedan volar. Si hubiera sido misionero habr?a bautizado con whisky a los apaches.

Acosado por una estampida de admiradores en Espa?a y Latinoam?rica, que comparte con Joan Manuel Serrat, de ellos Sabina se ha apropiado de los j?venes m?s insomnes, de los m?s rojos, de los m?s cabreados, de todas esas chicas, que si bien pueden ser princesas, tienen el coraz?n suburbano. El dios de Sabina le ha rascado con su u?a de oro levemente el cerebro para que el cantante recuerde siempre que a?n est? vivo. Lo vi el otro d?a en el restaurante chino del hotel Palace con unos amigos. Parec?a dar a entender que ya no quiere rollos que sean de primavera ni pasi?n que no pueda comerse con un arroz tres delicias. Su vuelo rasante ha terminado. Ahora s?lo le queda el talento.

-Cu?date -le dije.

-?Tambi?n t?? Vete a tomar por saco -ri? Sabina.


Publicado por carmenlobo @ 8:40  | P?rez-Reverte, Arturo
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