Mi?rcoles, 07 de diciembre de 2005

Jos? Zepeda *

Con Roa Bastos se marcha un parte de lo mejor de nosotros mismos. Pierde Latinoam?rica a un escritor independiente comprometido con la causa de los abandonados por la historia en una tierra que pareciera haberse enamorado del infortunio.

Resulta singular su fama con las letras, aunque siempre descrey? de ellas. La raz?n es poderosa: Paraguay es un pa?s eminentemente oral, en donde la cultura del libro es m?s d?bil que en cualquier otro lugar de Am?rica Latina. Se trata, por lo dem?s, de una naci?n biling?e en la que el guaran? le otorga esa porci?n de un mundo relacionado con la naturaleza, con los sentimientos, con las emociones y la comunicaci?n ?ntima, que hacen de este idioma un instrumento irreemplazable de la comunicaci?n.

Dentro la mitolog?a guaran? pervive el elemento creador de la palabra. Se trata de un tema central: el ?rbol de la palabra, un cedro m?tico que le da fuerza al primer padre, que es a la vez el ?ltimo, en una suerte de inversi?n del creador que se apoya adem?s en la vara insignia, un derivado de este ?rbol de la palabra. De esa madera desciende Roa Bastos.

Comenz? a escribir realmente en el exilio, a partir de 1947. Antes su labor se redujo siempre al trabajo de periodista, o las actividades culturales especialmente dedicadas a la gente desvalida, lo que creo en torno a su figura esa aura mal?fica con que lo vieron los ojos de la dictadura.
Aunque sus libros puedan inducir a otras creencias siempre tuvo una sorna inquina por las letras, y si no hubiese sido por esa desgracia del exilio no habr?a sido escritor. En una entrevista con Radio Nederland dijo que escribir en espa?ol es estar en deuda permanente con la otra lengua, la materna, el guaran?. Y agreg?, entre p?caro y coqueto: "Mi gran pasi?n fue ser m?sico, pero descubr? que no estaba dotado para esta actividad, por eso me conforme con la literatura". Seguramente su vida de escritor estuvo determinada siempre por escribir el libro que le hubiese gustado leer, esa fue la b?squeda de toda sus existencia. La autocr?tica lo llev? a actividades pir?manas, y no dud? un momento en quemar alguna novela. Para ?l se trataba de una disciplina de rigor, de un elemento de la estrategia literaria, porque cuando se termina una obra se la tiene tan a la mano para asaltarla que los mecanismos ?ntimos comienzan su labor, aparentemente, para a?adir las ausencias y reparar los errores. Hay, entonces, una b?squeda de percepci?n infructuosa, un anhelo por deshacerse de algo mal hecho. Pero la novela quemada no son simples p?ginas, es tiempo invertido, es vida entregada; el novelista cae en estados de sonambulismo cuando hay obras que nacen mal paridas y es dif?cil enderezarlas, aunque entienda concientemente que no es beneficioso para ?l saquearse a s? mismo.

Roa Bastos -en cuanto a su tiempo disponible para la literatura- fue escritor proletario, de feriados y fines de semana, porque desde esos tiempos del exilio Stroessner le quit? hasta la nacionalidad y tuvo que trabajar para dar de comer a su gente. Por eso su obra fue relativamente escasa. El hecho de escribir ha sido pr?cticamente un trabajo clandestino que influy? en la caracter?stica tan suya de no tener necesidad de producir por producir.

El exilio fue siempre una fuente permanente de enriquecimiento y nunca habl? de esas circunstancias en t?rminos de queja. El extra?amiento, si se desea, produce lo mejor en uno; no las heridas, no el dolor. Naturalmente, fue penoso por todos aquellos que no pudieron volver a Paraguay, los que se quedaron en el camino.

El autor de Yo, el Supremo; Hijo de hombre; El trueno entre las hojas; El Fiscal... cre?a que "la ideolog?a es una respiraci?n del ser humano que no puede ser eliminada". Una respiraci?n en busca de otros relieves para encontrar un equilibrio entre dos concepciones diferentes: la ideolog?a ind?gena que supone una alianza con la naturaleza, esa posibilidad de proyectar y preservar sus valores culturales; y la ideolog?a del mestizo que desea entrar en una etapa de desarrollo hist?rico mayor, porque Paraguay -como otras naciones de la regi?n- sigue teniendo necesidad de una segunda independencia.

Se ha extinguido una vida modesta, tanto que ha pedido en su testamento que se ahorren las honras f?nebres. Siempre fue un hombre de poco ruido. Sin embargo, perdurar?n todav?a por mucho tiempo sus palabras para describir la figura del tirano y, en el trasfondo -en contrapartida de esas siniestras figuras-, la de los verdaderos h?roes de esta historia que han tratado siempre de liberar a sus pueblos. Esta mec?nica ha hecho que el poder absoluto haya sido relegado a la inoperancia. Aunque no debemos olvidar ni un instante que en gran medida los dictadores son consecuencia de sus propias sociedades. En el caso de Paraguay, Alfredo Stroessner lleg? al poder prometiendo un cambio, y la sociedad le dio un aval impl?cito que contribuy?, en su medida, a su entronizaci?n, con la creencia de que llegaba para inaugurar una ?poca distinta a las anteriores. As?, el poder del gobierno autoritario marca la l?nea de flotaci?n de aceptaci?n de una sociedad. Eso nos deja como ense?anza mayor Augusto Roa Bastos.

* Jos? Zepeda es director del Departamento para Am?rica Latina de Radio Nederland ? Radio Nederland Wereldomroep, all rights reserved

Publicado por carmenlobo @ 8:05
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