Martes, 29 de noviembre de 2005

?TOSCA Y EL DILEMA DEL PRISIONERO
Enrique Iba?es, octubre de 2002


Suenan los violines y la melod?a de Puccini inunda la sala. Cavaradossi, el amante de Tosca, va a ser fusilado. Ella debe decidir si cumple o no su pacto con el jefe de polic?a, el corrupto Scarpia, quien le promete la vida de su amante, haciendo que el pelot?n dispare balas de fogueo, si ella se acuesta con ?l en esa tr?gica noche.


Tosca desconf?a, porque no sabe si Scarpia le traicionar? y mientras ella caiga rendida en el lecho del indeseable su verdadero amante muera atravesado por balas de acero. ?Qu? debe hacer?. Si acepta la deshonrosa proposici?n de Scarpia perder? el honor pero a lo mejor salvar? la vida de Cavaradossi. O quiz?s ni siquiera eso. Puede que Scarpia cumpla su promesa y, en tal caso, ?por qu? ella debe ser fiel a tan infame pacto?


La pobre Tosca no sabe que se ha encontrado de golpe con el dilema del prisionero, cincuenta a?os antes de que Merril Flood y Melvin Dresher lo idearan para analizar estrategias sobre guerra nuclear a escala intercontinental. El dilema plantea situaciones entre dos personas en las que pactando cada uno obtiene un provecho limitado, pero traicionando al otro se obtiene m?s, salvo que ambas partes decidan traicionarse, perdi?ndolo todo ambos.



El dilema del prisionero es un concepto de aplicaci?n universal. Se observa en el terreno de la biolog?a, la psicolog?a, el derecho, la econom?a o la sociolog?a. Surge donde existe conflicto de intereses pero sobretodo es una herramienta poderosa para explicar la manera en la que se organizan las sociedades humanas.

Cuando se plantea reiteradamente una situaci?n como la del dilema a unos mismos participantes, surgen posibles estrategias individuales para obtener el m?ximo provecho. Si traicionas la primera vez quiz?s obtienes m?s ganancias en esa vez pero en la siguiente situaci?n la otra parte ya sabr? que no eres de fiar y estar? a su vez m?s dispuesta a traicionarte. La reiteraci?n del dilema lleva a estrategias de cooperaci?n. Es preferible pactar a traicionar, para obtener m?s provecho a largo plazo.

A?os atr?s, Robert Axelrod organiz? un concurso mundial sobre un dilema del prisionero reiterativo. Los concursantes deb?an elaborar la estrategia que les permitiera obtener la m?xima ganancia posible al someterse un n?mero indeterminado de veces contra las mismas personas a la situaci?n que plantea el dilema.



Las estrategias que concursaron fueron variopintas. Las m?s extremistas, las de defraudadores obsesivos, que traicionaban sistem?ticamente cualquier pacto, fueron muy perdedoras, porque las otras se defend?an traicionando a su vez.

Un grupo de concursantes se apunt? a estrategias ingenuas, que siempre colaboraban aunque les traicionasen una y otra vez, siguiendo el lema cristiano de poner la otra mejilla. Tambi?n perdieron, explotadas sin descanso por los defraudadores.

Otras estrategias se apuntaron a la picard?a. En general actuaban colaborando con la otra parte, es decir, pactando, pero de vez en cuando echaban una canita al aire, traicionando al contrario para obtener m?s ganancias. La picard?a no fue, sin embargo, un buen sistema, porque era represaliada por estrategias ultravengativas, que jam?s perdonaban la traici?n.

La estrategia vencedora absoluta del concurso mundial fue la de la ley del tali?n: ojo por ojo y diente por diente. Consist?a en una estrategia colaboradora, dispuesta siempre a pactar, pero justiciera. Si la otra parte le traicionaba una vez, devolv?a exactamente la misma medida, otra traici?n, pero no m?s que eso. A partir de ah? volv?a a colaborar. Justo el ojo por el ojo, pero luego el perd?n. Tal l?nea de acci?n dio resultados inmejorables. Creaba confianza, porque era de natural colaborador. Era justiciera, pero no rencorosa. Capaz de tratar favorablemente con ingenuos, de castigar en su justa medida a los p?caros, de responder firmemente al ataque de los defraudadores obsesivos y de evitar conflictos con los vengativos.



Tosca no tuvo, sin duda, la oportunidad de participar en el concurso de Axelrod. Tampoco el suyo era un dilema reiterativo porque a Cavaradossi lo fusilar?an s?lo una vez. Y adem?s, a Puccini le gustaban los dramones. Por eso Tosca eligi? traicionar al malvado Scarpia, apu?al?ndolo mientras se abrazaban. No se confundi?, sin embargo, mucho. Scarpia tambi?n le hab?a dado gato por liebre. Doble traici?n y un joven muerto bajo las balas. ?Viva la ?pera!






El dilema del prisionero

La teor?a de juegos se usa para analizar comportamientos estrat?gicos donde hay dependencia mutua, es decir, donde hay que tener en cuenta el posible comportamiento de otros. Un ejemplo es el famoso ?dilema del prisionero?, que suele atribuirse a A. W. Tucker (profesor de Nash). No es el ?nico posible modelo de "dilema", pero es el que despierta m?s fascinaci?n.



Dos sospechosos son detenidos en cercan?as del lugar de un crimen y la polic?a comienza aplicar las t?cnicas de interrogatorio por separado. Cada uno de ellos tiene la posibilidad de elegir entre confesar acusando a su compa?ero, o de no hacerlo. Existen por tanto cuatro posibilidades, que se pueden reflejar en una tabla de alternativas: que ninguno defraude, que lo hagan los dos, que lo haga el primero o el segundo.



Si ninguno de ellos confiesa, entonces ambos pasar?n un a?o en prisi?n. Si ambos confiesan y se acusan mutuamente, los dos ir?n a prisi?n por 10 a?os cada uno, pero si s?lo uno confiesa y acusa a su compa?ero al implicado le caer?n 20 a?os y el acusador saldr? libre por colaborar.



Ya que las decisiones son independientes, y dado que el objetivo de cada uno es lograr el m?ximo beneficio personal(aparentemente), lo racional es defraudar. Pero si los dos se comportan racionalmente, ambos recibir?n un castigo diez veces superior a que si no lo hicieran...



El dilema del prisionero se usa como ejemplo del cl?sico conflicto entre los intereses individuales y los colectivos de quienes toman decisiones, y tambi?n para justificar los beneficios de la colaboraci?n. Por ejemplo, si en un entorno laboral se act?a de forma poco colaboradora, con objeto de proteger el propio puesto, existe el riesgo de que a la larga nadie conserve su puesto, al fracasar los proyectos.



Sin embargo, en las grandes organizaciones (y en la propia sociedad) la influencia del propio comportamiento sobre el ?xito total puede ser baja. Si nadie coopera ?por qu? cooperar? (esta estrategia explica la suciedad de algunos sitios p?blicos...) Y si todos cooperan ?por qu? cooperar? (esta es la estrategia de muchos gorrones).



Si se aplica este problema de forma repetida a un colectivo, las estrategias se hacen m?s complejas. Es parad?jico, pero puede justificarse que muchas de las actitudes cooperativas de los seres humanos (y de las organizaciones) se explican por la naturaleza ego?sta de ?stos.


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Tags: Tosca, Puccini, La teoría de juegos, El dilema del prisionero, E Lucevan Le Stelle, G. PUCCINI

Publicado por carmenlobo @ 10:13  | Psico - Filo
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