Domingo, 27 de noviembre de 2005

Arturo P?rez-Reverte
Octubre 2005

Soy de emociones secas. Quiero decir que se me saltan las l?grimas pocas veces. Los perros y poco m?s. Pero, con permiso de ustedes, acabo de soltar unas lagrimitas. Discretas, ojo. Tampoco es cosa de amariconarse a estas alturas. La culpa la tiene el libro Rapsodia espa?ola, de Antonio Burgos. Antolog?a de la poes?a popular, dice el subt?tulo. Lleg? a casa el otro d?a. Vaya por delante que la poes?a no me pone mucho. La popular me interesa cuando linda con el tango, el corrido, el bolero o la copla. La fina, menos. Ah?, con perd?n de alg?n compadre poeta que tengo ?no siempre elige uno a sus amistades?, me sacan de Quevedo, Machado y Miguel Hern?ndez, y tengo la misma sensibilidad que un bistec muy hecho. Pero bueno. Hojeo cada libro que me llega, faltar?a m?s. Eso hice con ?ste. Y de pronto, leo: Deprisa, que no llegamos / Quiero la mantilla blanca. Glup. Eso me suena, pienso. Maldita sea. Vaya si me suena. O aquello de m?s adelante: Por la arena de la playa / va con un hombre la Lirio. Atiza. M?s glup, glup. Trago saliva con dificultad, y me arrellano en el sill?n pasando p?ginas, mientras fantasmas de hace cuarenta y tantos a?os empiezan a instalarse a mi alrededor, a darse con el codo y a mirar el libro por encima de mi hombro: ?A chufla lo toma la gente! / ?A m? me da pena / y me causa un respeto imponente!

Y es que el libro es eso, claro: una antolog?a popular. Un recorrido por los versos que varias generaciones de espa?oles, en otros tiempos de familia y mesa de camilla, cuando a?n no exist?a la maldita tele, aprendimos de memoria en boca de nuestros padres o abuelos. Poes?a a menudo impura, narrativa ?alguna tiene hoy hasta barruntos raperos?, hecha para recitarse en voz alta, como esos versos que a veces o? recitar a mi padre mientras se afeitaba: ?Rencores? ?por qu? rencores? / No le va a mi se?or?o / guardarle rencor a un r?o / que fue regando mis flores. Historias conmovedoras, aut?nticas novelas contadas, sin darles importancia, en treinta o cuarenta versos que pocas veces se conocieron impresos, pues eran aprendidos de memoria y repetidos generaci?n tras generaci?n cuando buena parte de la ense?anza a?n se basaba en saber y recordar cosas, y no en tomaduras de pelo dise?adas por cantama?anas del liberalismo educativo, ide?logos de la vaciedad y ministros imb?ciles. Hablo de versos inolvidables que eran repetidos por los mayores y que los ni?os recit?bamos en bautizos, comuniones y otras fiestas familiares; poes?a popular que fue felicidad y cultura de esas masas que ciertos poetas remilgados y cr?ticos soplacirios tanto desprecian. Como aquel extraordinario Me lo contaron ay? / las lenguas de doble filo / que te casaste hase un m? / y me qued? tan tranquilo.

Por eso solt? el trapo, snif, mientras pasaba las p?ginas de la antolog?a. De pronto, entre esta y aquella l?nea, me sent? de nuevo en una casa antigua, de pasillo largo, muebles oscuros y lamparilla bajo la urna de una virgen, sentado frente a mi abuela en el mirador, oy?ndola recitar entre el chasquido de los bolillos, con su voz tranquila, educada, y la sonrisa melanc?lica de la jovencita que en otro tiempo hab?a sido, El Tren expreso de Campoamor ?a quien, por cierto, echo de menos en esta antolog?a? o esos otros versos de Le?n y Quintero que entonces yo, languideciente con los primeros amores junto a la verja de alg?n colegio de ni?as, me aplicaba sin vacilar a m? mismo: ?No te parece a ti extra?o? / ?No es una cosa muy rara / que un chaval de doce a?os / lleve tan triste la cara?

Y claro. Por muchas conchas que cuaje la vida, nadie puede evitar que leyendo eso le suba el nudo de la garganta a los ojos. O que te llegue al lagrimal cuando pasas m?s p?ginas y lees: He sembrao er mundo entero / de pares de banderillas / para ponerle en enero / los reyes a mi chiquilla. Casi nada: el ?Me da usted candela? completo: una de las poes?as que m?s me conmovieron en mis tiempos de pardillo con pantal?n corto, asomado a una vida a?n por vivir. Una de esas historias o?das a tus mayores que, sin que apenas se note mientras ocurre, marcan para toda la vida: Y da la casualid? / que, desde que ella ha nas?o / cuando tiene que firm? / firma con mis apell?os. Quienes oyeron alguna vez esos versos magn?ficos saben a qu? me refiero: Y er duende con voz muy baja / se acerca y le dise ar t? / enc?rgate la mortaja / si vuervo a verla llor?.




Publicado por carmenlobo @ 1:04  | P?rez-Reverte, Arturo
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