S?bado, 26 de noviembre de 2005

NORMAN BIRNBAUM
EL PA?S

El gran mafioso estadounidense Al Capone no fue a la c?rcel por crimen organizado ni asesinato, sino por evasi?n de impuestos. Me acord? de ello mientras ve?a al fiscal especial explicar solemnemente que el procesamiento del jefe de gabinete del vicepresidente, Lewis Libby, por obstrucci?n de la justicia, no ten?a nada que ver con la guerra de Irak. Por supuesto que tiene todo que ver con la guerra. El presidente y el vicepresidente han mentido al p?blico y han difamado a conciudadanos suyos repetidas veces. ?Es posible que (como ocurri? con Watergate y la larga agon?a de la presidencia de Nixon) el juicio de Libby lleve a la destituci?n de Cheney y el propio presidente?

Por el momento es imposible saberlo. Los sondeos de opini?n p?blica muestran a un presidente en ca?da libre. La mayor?a de la gente cree que el presidente es deshonesto y que la guerra de Irak fue un error. Mientras tanto, los planes del presidente en pol?tica interior se desintegran. Retir? la candidatura al Tribunal Supremo de la abogada de la Casa Blanca, Harriet Miers, debido a la oposici?n tanto de dem?cratas como de republicanos. Su plan de privatizar el sistema de jubilaci?n universal de la Seguridad Social est? bloqueado. Su desesperada acci?n improvisada tras el fracaso de su Gobierno en los recientes huracanes -la propuesta de fondos para restablecer las vidas de los desplazados- se ha visto interrumpida. La mayor?a republicana del Congreso insiste en que no haya m?s gasto, sino menos, excepto para "defensa" y "seguridad".

Los republicanos opinan, como el propio presidente, que la solidaridad social no es responsabilidad del Gobierno de "la naci?n m?s grande de la tierra". Los recortes fiscales han enriquecido al 20% que constituye la franja superior en la escala de rentas y riqueza. Un programa acumulativo de desregulaciones ha reducido la protecci?n de los consumidores y los trabajadores contra el fraude, la explotaci?n y las amenazas a la salud. Los recortes de los programas m?dicos y sociales han acentuado la pobreza y la marginaci?n de quienes ocupan la franja inferior de la sociedad (el 15%, que incluye a 45 millones de personas). Los que est?n en medio han experimentado un empeoramiento constante de su nivel de vida. El presidente y su Gobierno niegan que la degradaci?n ambiental sea un peligro.

Como en los ?ltimos d?as del Imperio Romano, la escasez de panem est? compensada por la amplia provisi?n de circenses, que, en Estados Unidos, son de dos tipos. Uno consiste en la pornograf?a de la violencia (junto a la est?pida trivializaci?n de la existencia) completamente al alcance en la televisi?n y los v?deos. El otro entretenimiento de los estadounidenses es la pr?ctica de la religi?n. El presidente habla en nombre de los tradicionalistas religiosos, apoya la penalizaci?n del aborto y la ense?anza del creacionismo como ciencia, y se opone a las uniones entre homosexuales. Sin embargo, dado que no hay una polic?a de tipo talib?n que controle cada dormitorio del pa?s, los estadounidenses se comportan como seres humanos con todos sus fallos. Hasta los que se oponen a la modernidad, muy a su pesar, son modernos. El pluralismo moral del pa?s indigna a los beatos. (Se opusieron a la candidata del presidente para el Tribunal Supremo, calificada por la Casa Blanca como "una buena cristiana", por sospechas de que es lesbiana). En realidad, la mayor?a de los cristianos en Estados Unidos son muy tolerantes; pero los otros hacen mucho m?s ruido.

A los republicanos laicos les preocupan m?s los beneficios que el pecado. Creen en el imperio americano, pero tienen en cuenta sus costes. Ahora, muchos piensan que la guerra de Irak est? siendo demasiado cara. Empieza a haber entre los responsables de la pol?tica exterior una rebeli?n, encabezada por el primer consejero de Seguridad Nacional del presidente Bush, Brent Scowcroft. Las voces m?s inteligentes de la capital muestran a las claras su inquietud por el gigantesco d?ficit en la contabilidad nacional. Los medios de comunicaci?n, tan dispuestos a colaborar con la Casa Blanca hace s?lo dos a?os, hoy critican al Gobierno. El presidente sigue creyendo que Estados Unidos tiene una misi?n de Dios, pero el profeta puede quedarse solo en el desierto.

Los neoconservadores, tanto dentro como fuera del Gobierno, est?n aislados. Es absurdo suponer que Bush, Cheney o Rumsfeld hayan abierto jam?s un libro de su supuesto padrino intelectual, el fil?sofo Leo Strauss. (Cuando estaba vivo, Strauss neg? todo deseo de influir en la pol?tica). Su nombre se ha utilizado para dar a los neoconservadores un aura de cultura y profundidad, dos cosas de las que carecen. En realidad, son unos ide?logos superficiales, dedicados a hacer apolog?a del poder estadounidense, y su imagen simplista del mundo se ha hecho a?icos.

No obstante, el presidente puede confiar en la desdichada actuaci?n de los dem?cratas. En las circunstancias actuales est?n teniendo una pasividad asombrosa. Los sondeos muestran que la mayor?a de los estadounidenses est? a favor de la intervenci?n del Gobierno para lograr la igualdad econ?mica y rechaza el unilateralismo en la pol?tica exterior. Los dem?cratas han permitido que los republicanos establecieran las prioridades pol?ticas: "fuerza" en el extranjero, "valores familiares" y "gobierno limitado" en pol?tica nacional. Los republicanos han recibido miles de millones de d?lares de los grupos de intereses econ?micos a los que favorecen y han movilizado a sus votantes fundamentalistas. Y han explotado -sin duda en el 2000 y tal vez en el 2004- los defectos del sistema electoral.

Todo eso es verdad, pero los dem?cratas tienen una parte considerable de responsabilidad por sus derrotas. Un sector del partido (los autodenominados "nuevos" dem?cratas) denigra su legado reformista y partidario de la redistribuci?n. Sufren enconadas divisiones a prop?sito de la pol?tica exterior. Su relaci?n con el lobby israel? es un obst?culo para el realismo en Oriente Pr?ximo. Es, desde luego, un obst?culo para la recuperaci?n de un internacionalismo reflexivo, y deja al partido sin defensa contra los fraudes de la "guerra contra el terrorismo" y la campa?a de Bush por la democracia mundial (Hillary Clinton denuncia a los palestinospero mantiene un silencio clamoroso sobre Irak). Bush les desprecia tanto que, incluso en su dif?cil situaci?n actual, les ha desafiado nombrando para el Tribunal Supremo a un juez al que el l?der dem?crata en el Senado, el senador Reid, le hab?a recomendado expl?citamente que no propusiera. Seguramente, Bush piensa que, en ?ltima instancia, siempre puede ordenar alg?n ataque militar contra Ir?n o Siria para callar a la oposici?n.

Los dem?cratas, pese a contar con algunas personas interesantes dentro y fuera del Congreso y con su reserva intelectual en las universidades, siguen siendo incapaces de elaborar un proyecto nacional alternativo. Los activistas del partido, en su mayor?a, se desesperan con sus l?deres. Tal vez alguno de los aspirantes a las elecciones presidenciales de 2008 aborde las cuestiones del exceso de dedicaci?n al imperio y la insuficiencia de recursos dom?sticos (el ex senador John Edwards y el senador Russell Feingold son los ?nicos que hablan de ello por ahora) y logre entusiasmar a la gente. Sin una presi?n constante de la oposici?n, los tribunales van a resistirse claramente a perseguir los delitos del Gobierno. Y, mientras tanto, gran parte de la opini?n p?blica cree que la pol?tica es tiempo perdido, una ficci?n llena de revuelo pero que no significa nada.

Muchos ciudadanos se concentran en sus vidas privadas, llenas de dificultades en una econom?a en la que casi todos tienen que correr el doble que antes para no perder el paso. No son capaces de interpretar sus problemas cotidianos en t?rminos pol?ticos. Algunos llegan a creer que todo lo relacionado con la moral sexual es m?s importante que la econom?a mundial. El presidente est? cada vez m?s alejado de la realidad, y su mayor?a en el Congreso, aquejada de corrupci?n. En estos momentos, el agotamiento de la democracia estadounidense es m?s visible que su capacidad de recuperaci?n. Tal vez, en vista de todos estos problemas, algunos de nuestros amigos europeos tengan la amabilidad de ahorrarnos las evocaciones de los "valores comunes". Como naci?n, todav?a tenemos que encontrar los nuestros.

Publicado por carmenlobo @ 10:58
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