Domingo, 20 de noviembre de 2005

Jorge Edwards es escritor chileno.

EL PA?S - Octubre 2005

A primera vista, se dir?a que todos piensan m?s o menos lo mismo. La idea de combatir contra la desigualdad, la desocupaci?n, la pobreza, ya no es patrimonio exclusivo de la izquierda. Si un extranjero escucha hablar a Joaqu?n Lav?n por la televisi?n, puede pensar que ha sido un combatiente social toda su vida. Y podr?a creer que Sebasti?n Pi?era es el enemigo n?mero uno de la lucha contra la injusta distribuci?n de la riqueza. Son fen?menos que indican, a pesar de todo, que hemos evolucionado mucho, que alguna forma de transici?n se ha producido, y no s?lo en los hechos y las leyes: tambi?n en las conciencias. Ni el socialismo de hoy es comparable con el de antes, ni los lenguajes de ahora son parecidos a los del pasado, y tampoco ser?a justo sostener que la derecha no ha cambiado nada. Pero el tema de los derechos humanos todav?a pena y divide al mundo chileno, a pesar de todos los avances que se han conseguido. Estamos mucho m?s cerca, digamos, que hace una d?cada de la veracidad y de la justicia, pero todav?a falta, y se dir?a que nosotros somos m?s testarudos, m?s inflexibles que otros pueblos. Observo a otros pa?ses que pasaron por dictaduras y que negociaron salidas m?s o menos aceptables, de consenso, y compruebo que el contraste con el caso nuestro es importante.

El presidente Lagos esboz? el otro d?a una explicaci?n. Dijo, si no recuerdo mal, que ten?a que pasar una generaci?n completa, que la reconciliaci?n real s?lo ser?a posible cuando los actores principales de la crisis hubieran desaparecido del escenario. Yo no estoy tan seguro: la memoria de los sucesos se transmite de padres a hijos, y una ruptura tan profunda como la que culmin? en 1973 podr?a recordarse durante siglos. ?Cu?nto dur?, por ejemplo, en la historia nuestra, la divisi?n de carrerinos y o'higginistas? ?Y cu?nto tiempo tendr? que pasar todav?a para que solucionemos de verdad, no s?lo en los tratados, sino tambi?n en las conciencias, el conflicto de la guerra del Pac?fico? Uno se queda con la impresi?n de que somos grandes especialistas en incubar antiguas peleas. No s? si es una condici?n s?lo chilena o si es una enfermedad latinoamericana. A veces pienso que Europa entr? con paso firme en el siglo XXI, lo cual implica un sentido de integraci?n hacia el interior del pa?s y hacia fuera, y que nosotros, los de este lado del mundo, seguimos en el siglo XIX, en sus guerras civiles y sus guerras territoriales. ?Vamos a pasar de una vez por todas al siglo XXI? No siempre tengo una respuesta optimista para esta complicada pregunta. Nos tranquilizamos por un rato, sonre?mos frente a las c?maras y nos damos grandes apretones de manos, como si la paz civil hubiera terminado por imponerse; pero despu?s, en el momento menos pensado y menos indicado, reincidimos en los reproches, en las sospechas ofensivas, en los insultos. Que la culpa de todo la tuvo usted. No, que la tuvo usted. Y siempre, detr?s del conflicto, la noci?n arraigada, no extirpada, terca, de que nosotros estamos en el lado de los buenos y de que la culpa la tuvieron los otros. Tenemos una memoria viva de los horrores, de los cr?menes que se cometieron. Conocemos el gran "dolor de las cosas que pasaron", como dijo un poeta portugu?s de siglos pret?ritos, pero nuestra capacidad de transitar por el presente y de asomarnos al futuro no es demasiado grande. Nos damos vuelta en cada esquina y nos convertimos en estatuas de sal a cada rato.

La noci?n de que los actores de la crisis tengan que morirse para que vuelva la paz no est? demostrada por la experiencia ajena. He contado algunas veces un episodio de los comienzos de la transici?n espa?ola. El cineasta Jaime Camino hizo una pel?cula documental a base de entrevistas a las principales figuras de la Guerra Civil de ambos bandos. Para celebrar la salida de la pel?cula, invit? a todos a un almuerzo en un gran restaurante, ya no s? si de Barcelona o de Madrid. Asistieron Enrique L?ster, el general comunista, el comandante del famoso Quinto Regimiento; un se?or De la Rosa, l?der de los falangistas que se sublevaron en Barcelona contra la Rep?blica; Dolores Ib?rruri, Pasionaria, entre muchos otros. En 1976 o 1977, esos testigos privilegiados de los primeros d?as del conflicto estaban todav?a vivos y guardaban una memoria de los hechos enteramente viva, fresca, irreemplazable. Pues bien, como me lo cont? despu?s el propio Jaime Camino, el almuerzo, la comida, como dicen all?, se desarroll? con normalidad, con buenas maneras y hasta con sentido del humor, con an?cdotas que estallaban en un extremo y otro de la mesa, con una cordialidad creciente. A la salida, L?ster y De la Rosa, enemigos jurados de hac?a cuarenta a?os, conversaban en la calle. Y pensar, dec?a uno, que si te hubiera visto a esta distancia hace treinta a?os habr?a sacado una pistola y te habr?a matado de un tiro. No sabemos exactamente qui?n dijo esto, porque podr?a haber sido cualquiera de los dos personajes. Y tampoco s? si la situaci?n podr?a repetirse ahora, si las condiciones ambientales no se han enrarecido. En esa misma ?poca, uno de los nombres m?s conocidos de la radiofon?a espa?ola, estrella de primera magnitud, me hizo una entrevista en su programa. Me habl? de mi libro sobre Cuba, Persona non grata, y conect? de repente, sin aviso previo, con alguien que estaba frente a los micr?fonos de la misma radio, pero en otra parte, un destacado dirigente del comunismo espa?ol. El hombre de la radio trataba de armar una pol?mica bulliciosa, pero se qued? con los crespos hechos. El dirigente, con la mayor tranquilidad, sin alterarse, dijo que le parec?a un libro honesto, lo cual para ?l no era poco, y que lo hab?a le?do con sumo inter?s. Aqu?, en determinados ambientes, todav?a, despu?s de un poco m?s de treinta a?os, no me perdonan ese mismo libro. De manera que estamos condenados al conflicto, a su veneno, a sus estallidos continuos. ?Falta de cultura pol?tica, exceso de pasi?n, persistencia de las visiones ideol?gicas y, adem?s de ideol?gicas, ideologizadas al extremo, del siglo pasado? No s?. Hay muchas explicaciones posibles, pero no hay ninguna que me convenza del todo.

Una de las que me parece m?s coherente es que en Espa?a hubo violencia y muerte por ambos lados, y aqu? no. Las v?ctimas de derecha en Chile se pueden contar con los dedos de una o dos manos, y las de izquierda fueron demasiadas. El presidente Lagos dijo que la izquierda y la Democracia Cristiana hab?an hecho una autocr?tica infinita, en contraste con la escandalosa falta de autocr?tica y de arrepentimiento de la derecha. En general estoy de acuerdo con los enfoques de Ricardo Lagos, pero la verdad es que aqu? tengo algunas reservas. De hecho, los partidos de izquierda y la DC hicieron una fuerte autocr?tica interna, impuesta por las nuevas realidades pol?ticas, pero el ?nico a quien le escuch? una autocr?tica abierta, frontal, fue a Luis Guastavino, el intendente de la regi?n de Valpara?so, antiguo parlamentario comunista por esa zona, y la verdad es que esa revisi?n suya del pasado, franca, de fondo, sin contemplaciones, cay? mal entre sus viejos compa?eros de militancia y tampoco lleg? a convencer a nadie en la derecha.

En otras palabras, tenemos altas posibilidades de convertirnos en pa?s moderno, democr?tico, m?s o menos arm?nico. Hemos llegado lejos en la transici?n pol?tica, hemos desmantelado pr?cticamente todos nuestros enclaves autoritarios, el desarrollo econ?mico del pa?s parece s?lido, pero tenemos tambi?n, en todos los sectores, en un extremo del espectro y en el otro, una fuerte y casi vertiginosa inclinaci?n a perder la paciencia, a dar vuelta al tablero de un manotazo, a estropearlo todo. Quiz? en el 91 nos reconciliamos tan r?pido porque nos hab?amos desangrado en una guerra sin cuartel y hab?amos entendido, as?, en carne propia, la locura de la guerra. En la d?cada de los setenta no se lleg? al enfrentamiento armado, y no se lleg? felizmente, ya que en lugar de morir alrededor de tres mil chilenos, habr?an muerto, quiz?, trescientos mil, pero la falta de una conflagraci?n civil, la existencia, en cambio, de una guerra larvada, medio torcida, medio hip?crita, parece que hace mucho m?s dif?cil conseguir despu?s una paz verdadera. Los hombres de Iglesia, en las ceremonias religiosas de las fiestas patrias, fueron claros, pero me temo que los civiles hayan terminado por dar vueltas alrededor de la misma noria. Es un espect?culo extra?o y hasta cierto punto deprimente. ?Ser? posible que las dos grandes instituciones conservadoras de anta?o, la Iglesia cat?lica y el Ej?rcito, usen ahora el lenguaje m?s conciliador y, en ese preciso sentido, m?s moderno, m?s propio del siglo XXI, y que los dem?s no estemos a la altura? Es una paradoja que tenemos la obligaci?n de mirar de frente. Y un enigma social y pol?tico, un enigma cuyas ra?ces llegan hasta el fondo de nuestra conciencia colectiva, que estamos obligados a resolver. De lo contrario, muchas de nuestras expectativas podr?an estancarse. Podr?amos quedarnos en el umbral del desarrollo, asomados a las puertas de la modernidad, sin dar el paso decisivo, como ha sucedido en forma c?clica en la historia nuestra.


Publicado por carmenlobo @ 2:25
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