Martes, 15 de noviembre de 2005
Arturo P?rez-Reverte
El Semanal Octubre 2005

Vade retro. Cuidado con esas alegr?as y esos sobos. Tambi?n est? mal visto tocarles el culo a las se?oras, incluida la propia. Hace unos d?as, las feministas galopantes se subieron por las paredes a causa de un anuncio publicado en la prensa ??La puerta de atr?s del cine?, dec?a el texto? donde una foto de espaldas de la pareja formada por un presentador y una actriz, posando frente a los fot?grafos, mostraba la mano de ?l situada sobre el trasero de ella. Pese a que la imagen ?publicada en El Pa?s? fue elegida por un equipo de marketing compuesto por ocho mujeres y dos hombres, todos por debajo de los cuarenta a?os de edad, las furiosas cr?ticas hablaron de atentado contra la dignidad de la mujer, de incitaci?n a la violaci?n, de ?dar por supuesto que las mujeres est?n para satisfacci?n sexual de los varones?, y de publicidad il?cita por utilizar el cuerpo femenino, o parte del mismo, ?como mero objeto desvinculado del producto que se pretende promocionar?. Tela. C?mo ser?a la cosa, que incluso la directora general del Instituto de la Mujer tom? cartas en el asunto, asegurando que la imagen de ese anuncio era ?vejatoria para las mujeres?, y las reduc?a ?a un simple objeto sexual al servicio de los hombres, claramente ofensivo para las lectoras?. Por supuesto, el apabullado diario en cuesti?n, por tecla de su defensor del lector, dio en el acto la raz?n a las feministas y pidi? disculpas. No era nuestra intenci?n. Cielo santo. No volver? a ocurrir, etc?tera. Y las ni?as de la matraca se apuntaron otra. As? van ellas de crecidas. Que se salen.

A ver si nos aclaramos. Una cosa es que las erizas, cabreadas con motivo y en leg?timo ejercicio de autodefensa, marquen con claridad las reglas del juego: intolerancia absoluta frente a machismo y violencia sexual. Eso es l?gico y deseable, y ning?n var?n decente puede oponerse a ello. Por lo menos, yo no puedo. Ni quiero. Pero otra cosa es que, jaleadas por demagogos oportunistas, acatadas sin rechistar sus exigencias por quienes no desean buscarse problemas, una pe?a de radicales enloquecidas mezclen de continuo las churras con las merinas, empe?adas en someternos a la dictadura de lo socialmente correcto, retorciendo el idioma para adaptarlo a sus atravesados puntos de vista, chantaje?ndonos con victimismo desaforado, acorralando el sentido com?n hasta el l?mite de la m?s flagrante gilipollez. Y al final conseguir?n que retrocedamos en el tiempo, que no se distinga socialmente el acoso sexual del simple ligoteo de toda la vida, que un amante se convierta en violador y deba avergonzarse de sus gestos en p?blico, y que todo cuanto tiene que ver con la belleza de los cuerpos y la deliberada, consentida, gratificante y necesaria relaci?n f?sica entre hombres y mujeres, produzca recelo y se rodee de un ambiente s?rdido y clandestino. Esa panda de tontas de la pepitilla va a lograr que todo parezca malo y obsceno otra vez, y que a los cr?os se los eduque de nuevo en la hipocres?a de hace cuarenta a?os, cuando en los cines se censuraban escotes, faldas cortas y escenas de besos, y los obispos de turno ?tambi?n diciendo velar por la dignidad de la mujer? le pon?an a todo la etiqueta del pecado.

Respecto a los culos de se?oras en concreto, qu? quieren que les diga. Que me fusilen las talibanes de g?nero y g?nera, pero he puesto la mano en alguno, como todo el mundo. Y creo recordar que no s?lo la mano. La verdad es que nunca se me quej? nadie. Incluso, puestos a echarnos flores, lo que tambi?n hicieron algunas se?oras fue poner la mano en el m?o, con perd?n, sin que nadie las obligara. En el m?o como en el de cualquier var?n normalmente constituido que les apetezca, supongo, y con el que exista la intimidad adecuada para el caso. Porque afortunadamente ?y que no decaiga, vive Dios? tambi?n ellas se las traen, cuando quieren tra?rselas. Adem?s, no s? por qu? diablos dan por supuesto las integristas de los huevos que todas las mujeres se sienten, como ellas, ofendidas cuando un hombre les pone la mano en el culo. Sobre todo si ese hombre lo hace seguro del terreno que pisa, y con consentimiento expreso o t?cito del culo en cuesti?n. El sexo es una calle de doble sentido, y ah? precisamente radica la maravilla del asunto. En el toma y daca. A ver qu? tiene que ver el culo con las t?mporas. Co?o.




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Publicado por carmenlobo @ 9:09  | P?rez-Reverte, Arturo
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