Viernes, 21 de octubre de 2005


ZBIGNIEW BRZEZINSKI

EL PA?S - Opini?n - 13-10-2005


Hace unos 60 a?os, Arnold Toynbee, en su monumental Estudio de la Historia, lleg? a la conclusi?n de que la causa definitiva de la ca?da imperial era la "forma de gobernar suicida". Tristemente para el lugar de George W. Bush en la historia pero -lo que es m?s importante- desgraciadamente para el futuro de Estados Unidos, parece que en los ?ltimos tiempos esa sagaz expresi?n pudiera aplicarse a la pol?tica seguida por Estados Unidos desde el cataclismo del 11-S. Aunque ?ltimamente ha habido algunos indicios de que el Gobierno podr?a empezar a reevaluar los objetivos, hasta ahora definidos en general mediante lemas, de su fracasada intervenci?n militar en Irak, el discurso pronunciado por el presidente Bush el 6 de octubre represent? un retroceso a las f?rmulas demag?gicas empleadas durante la campa?a presidencial de 2004 para justificar la guerra que ?l empez?. Esa guerra, promovida por un peque?o c?rculo de pol?ticos por motivos a?n no revelados del todo, promocionada entre el p?blico mediante una ret?rica demag?gica basada en afirmaciones falsas, ha resultado mucho m?s costosa en sangre y dinero de lo esperado. Ha despertado cr?ticas en todo el mundo, mientras que en Oriente Pr?ximo ha se?alado a Estados Unidos como sucesor del imperialismo brit?nico y aliado de Israel en la represi?n militar de los ?rabes. Justa o no, esa percepci?n se ha generalizado en todo el mundo isl?mico.

Sin embargo, ahora se necesita m?s que una reformulaci?n de los objetivos estadounidenses en Irak. La persistente renuencia del Gobierno a afrontar el trasfondo pol?tico de la amenaza terrorista ha reforzado entre los musulmanes la simpat?a hacia los terroristas. El decir a los estadounidenses que los terroristas est?n motivados principalmente por un abstracto "odio a la libertad" y que sus actos son el reflejo de una profunda hostilidad cultural no es m?s que enga?arse a uno mismo. Si fuera as?, Estocolmo o R?o de Janeiro correr?an tanto riesgo como la ciudad de Nueva York. Pero adem?s de los neoyorquinos, las principales v?ctimas de atentados terroristas graves han sido australianos en Bali, espa?oles en Madrid, israel?es en Tel Aviv, egipcios en el Sina? y brit?nicos en Londres. Existe un nexo pol?tico evidente entre estos sucesos: los objetivos son los aliados y los Estados clientes de Estados Unidos en la cada vez m?s intensa intervenci?n militar estadounidense en Oriente Pr?ximo. Los terroristas no nacen, sino que los hacen los acontecimientos, las experiencias, las impresiones, los odios, los mitos ?tnicos, las memorias hist?ricas, el fanatismo religioso y un lavado de cerebro deliberado. Los modelan tambi?n las im?genes que ven en televisi?n, y especialmente sus sentimientos de odio contra lo que perciben como una denigraci?n embrutecedora de la dignidad de sus correligionarios por parte de extranjeros fuertemente armados. Un odio pol?tico profundamente intenso contra Estados Unidos, Reino Unido e Israel est? atrayendo reclutas para el terrorismo no s?lo en Oriente Pr?ximo, sino en lugares tan lejanos como Etiop?a, Marruecos, Pakist?n, Indonesia e incluso el Caribe.

La capacidad estadounidense para hacer frente a la no proliferaci?n nuclear tambi?n se ha visto mermada. El contraste entre el ataque a un Irak militarmente d?bil y el autocontrol de Estados Unidos frente a una Corea del Norte con armamento nuclear ha fortalecido entre los iran?es la convicci?n de que s?lo pueden aumentar su seguridad con armas nucleares. Adem?s, la reciente decisi?n estadounidense de colaborar en el programa nuclear de India, inducida en gran medida por el deseo de obtener el respaldo de ese pa?s en la guerra en Irak y como protecci?n contra China, ha hecho que Estados Unidos parezca un promotor selectivo de la proliferaci?n de armas nucleares. Este doble rasero complicar? la b?squeda de una soluci?n constructiva al problema nuclear iran?. Los problemas pol?ticos de Estados Unidos se complican a?n m?s por la degradaci?n de su posici?n moral en el mundo. El pa?s que durante d?cadas se opuso con firmeza a la represi?n pol?tica, la tortura y otras transgresiones de los derechos humanos se ha visto sancionando pr?cticas que dif?cilmente se pueden considerar de respeto a la dignidad humana. A?n m?s reprensible es el hecho de que el vergonzoso maltrato y/o tortura en Guant?namo y Abu Ghraib no lo revelara un Gobierno indignado sino los medios de comunicaci?n estadounidenses. En respuesta, el Gobierno se limit? a castigar a unos cuantos perpetradores de bajo nivel; ninguno de los m?ximos responsables civiles o militares del Departamento de Defensa y del Consejo de Seguridad Nacional que sancionaron los "interrogatorios bajo presi?n" (tambi?n denominados tortura) se vio obligado a dimitir, por no hablar de someterlos a la verg?enza p?blica y el enjuiciamiento. La oposici?n del Gobierno a la Corte Penal Internacional parece ahora, retroactivamente, bastante interesada.

Por ?ltimo, complicando el triste historial en pol?tica exterior se encuentran las tendencias econ?micas relacionadas con la guerra, con una escalada dr?stica del gasto en defensa y seguridad. El presupuesto del Departamento de Defensa y del Departamento de Seguridad Interior es ahora mayor que el presupuesto total de cualquier pa?s, y es probable que siga aumentando incluso mientras el creciente d?ficit presupuestario y comercial transforma a Estados Unidos en el mayor deudor del mundo. Al mismo tiempo, los costes directos e indirectos de la guerra en Irak aumentan, incluso por encima de los pron?sticos pesimistas de quienes desde el principio se opusieron a la guerra, convirtiendo las predicciones iniciales del Gobierno en una burla. Cada d?lar as? gastado es un d?lar que no se dedica a la inversi?n, a la innovaci?n cient?fica o a la educaci?n, todas ellas de fundamental importancia para la primac?a econ?mica de Estados Unidos a largo plazo en un mundo fuertemente competitivo. Deber?a ser una fuente de preocupaci?n especial para los estadounidenses juiciosos el que hasta pa?ses conocidos por su tradicional afecto hacia Estados Unidos se hayan vuelto abiertamente cr?ticos con la pol?tica estadounidense. Como consecuencia de ello, grandes partes del mundo -tanto en Asia Oriental como en Europa o Latinoam?rica- exploran discretamente formas de crear asociaciones regionales m?s estrechas y menos vinculadas a la idea de cooperaci?n transpac?fica, transatl?ntica o hemisf?rica con Estados Unidos. El alejamiento geopol?tico de Estados Unidos podr?a convertirse en una realidad duradera y amenazadora. Esa tendencia beneficiar?a especialmente a los enemigos hist?ricos o a los futuros rivales de Estados Unidos. Sentadas en la banda y observando con desprecio la ineptitud de Estados Unidos est?n Rusia y China: Rusia, porque le encanta ver la hostilidad musulmana apartada de s? misma y dirigida contra Estados Unidos, a pesar de sus cr?menes en Afganist?n y Chechenia, y est? ansiosa por atraer a Estados Unidos hacia una alianza antiisl?mica; China, porque sigue pacientemente el consejo de su antiguo maestro estratega, Sun Tzu, que ense?aba que la mejor manera de ganar es dejar que tu rival se derrote a s? mismo.

En un sentido muy real, durante los ?ltimos cuatro a?os, el equipo de Bush ha estado mermando peligrosamente la posici?n en apariencia segura de Estados Unidos en la cima del poste tot?mico mundial, al transformar en debacle internacional un peligro en un principio manejable, aunque serio, y en gran medida regional. Est? claro que, dado que Estados Unidos es extraordinariamente poderoso y rico, hasta puede permitirse, aunque por poco tiempo, una pol?tica articulada con exceso ret?rico y mantenida con ceguera hist?rica. Pero es probable que por el camino se quede aislado en un mundo hostil, cada vez m?s vulnerable a los atentados terroristas y menos capaz de ejercer una influencia mundial constructiva. Remover con una vara un avispero mientras manifiestas a voz en grito que "mantendr?s el rumbo" es una prueba de liderazgo catastr?fico. Pero no tiene por qu? serlo. Todav?a es posible una verdadera correcci?n del rumbo, y podr?a empezar pronto con una modesta y racional iniciativa del presidente de atraer a los l?deres dem?cratas del Congreso en un serio esfuerzo para establecer una pol?tica exterior bipartidista, en una naci?n cada vez m?s dividida y preocupada. En un escenario bipartidista, ser? m?s f?cil no s?lo reducir la definici?n de ?xito en Irak, sino de hecho salir, quiz? incluso el a?o que viene mismo. Y cuanto antes salga Estados Unidos, antes alcanzar?n chi?es, kurdos y sun?es un acuerdo pol?tico propio o prevalecer? por la fuerza una combinaci?n de ellos. Con una pol?tica exterior basada en el bipartidismo y despu?s de dejar atr?s Irak, tambi?n ser? m?s f?cil forjar una pol?tica regional m?s amplia que se centre constructivamente en Ir?n y en el proceso de paz palestino-israel?, y al mismo tiempo restaurar la legitimidad del papel mundial estadounidense.

Zbigniew Brzezinski
Desde hace veinte a?os Zbigniew Brzezinski es un referente del debate estrat?gico norteamericano y, por lo tanto, mundial. Primero desde su c?tedra en la neoyorquina Universidad de Columbia, ahora en el washingtoniano CSIS, tras haber pasado por la Consejer?a de Seguridad Nacional, con Carter, y por el Consejo Asesor del Pent?gono, con su tan denostado Rumsfeld. Este polaco de apellido impronunciable goza de lo m?s importante: autoridad. Sus libros y articulos son siempre esperados y le?dos con inter?s.

Publicado por carmenlobo @ 15:01
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