Domingo, 09 de octubre de 2005
Juan Jos? Mill?s

So?? que sal?a a la calle y que todo estaba de espaldas. S?lo se ve?a la parte de atr?s de las casas y la nuca de las personas y los traseros de los perros y las colas de los p?jaros. Caminaba por un callej?n trasero que en vez de mostrar los escaparates de las tiendas, ense?aba su parte de atr?s, su lado oscuro, si ustedes quieren. El mundo me hab?a dado la espalda. Gir? la cabeza hacia atr?s, pensando que de ese modo ver?a narices, ojos, bocas, p?rpados, pero mirara donde mirara s?lo hab?a nucas, nalgas, omoplatos. Una vez que me resign? al espect?culo, me di cuenta de la poca atenci?n que le prestamos a esta parte del cuerpo y de la realidad. Trabajaba, en el sue?o, como ayudante de un fot?grafo que s?lo fotografiaba el env?s de las personas y las cosas. Naturalmente, yo s?lo ve?a la espalda del fot?grafo. Las paredes de su estudio estaban llenas de retratos de personas que s?lo ense?aban la nuca. En medio de todas aquellas fotograf?as, vi la de un ?rbol que resultaba una rareza, pues los ?rboles no tienen parte de delante ni de atr?s. ?Los hace eso m?s perfectos?

Viv?a con mi esposa y cuatro hijos, todos de espaldas a m?. No sab?a de qu? color ten?an los ojos, ni si eran guapos o feos. Mi mujer pose?a unos omoplatos suaves, dos bultitos que me gustaba acariciar. Me excitaban casi tanto como unos pechos. Pero por m?s que intentaba, cuando hac?amos el amor, colocarme en una postura que me permitiera verla por delante, ella actuaba de tal modo que siempre me mostraba el mismo lado. Ten?amos un canario que siempre me daba el culo, aunque no paraba de cantar. La jaula, como el ?rbol, no ten?a m?s que un lado, pues era redonda y completamente sim?trica. Por la noche, despu?s de cenar, nos sent?bamos frente al televisor, pero yo s?lo ve?a su tubo, y las nucas de los componentes de mi familia. La nevera, al estar de espaldas, ten?a la puerta pegada a la pared, por lo que resultaba, para m? al menos, completamente impracticable.

La vida cotidiana estaba llena de peque?as dificultades, pues en vez de cepillarme los dientes, ten?a que conformarme con rasp?rmelos por la parte de atr?s del cepillo. Y para sacar la crema del dent?frico ten?a que forzar el culo del tubo. Naturalmente, llevaba las camisas del rev?s, lo que constitu?a una tortura a la hora de abrochar sus botones. Pero lo peor, con todo, eran los libros, pues s?lo se pod?an abrir por atr?s. Al principio los le?a de atr?s hacia delante, pero pasado el tiempo comenc? a leerlos directamente al rev?s. Quiero decir que la realidad dio de s?bito, aunque con la naturalidad con la que se viven las cosas m?s raras en los sue?os, un cambio sutil, de manera que a partir de determinado instante las cosas no s?lo estaban de espaldas, sino al rev?s. Mi familia, por ejemplo, llevaba las v?sceras por fuera, igual que el canario. Y en lugar de decirme buenos d?as, dec?an said soneub.

?Said soneub ?respond?a yo adapt?ndome, pero consciente de que todo estaba patas arriba.

Sal? a la calle y vi que le hab?an dado la vuelta como a un calcet?n. Los grandes edificios ten?an todo su interior al aire libre. Ve?a a las personas, si se pod?a llamar as? a aquellas calamidades, por los pasillo de sus casas. No hab?a fachadas. Las fachadas estaban ahora en la parte interior. Todo era un caos de tuber?as, de tripas, de infraestructuras al aire libre.

Me despert? sin agobios, pero extra?ado. Antes de colocarme los calcetines, me asegur? de que estaban del derecho. Lo mismo hice con la camisa y con la camiseta. Me desped? de mi mujer y cog? el coche, pues ese d?a ten?a que viajar. Como iba bien de tiempo, en vez de tomar la autopista cog? una carretera secundaria. Me di cuenta de que el paisaje de esta carretera era en cierto modo la parte de atr?s del que se apreciaba desde la autopista. Sin darme cuenta, hab?a vuelto, ya despierto, a la parte de atr?s. Sonre? imaginando que el siguiente paso consistir?a en viajar por el rev?s de la realidad. A la sonrisa le sigui? un movimiento de p?nico. Dio la casualidad de que pas? junto a una gasolinera que estaba de espaldas a la carretera (seguramente daba el frente a la autopista). Tambi?n vi la fachada trasera de varios restaurantes. Comprend? que deb?a regresar enseguida a la autopista, pero no ve?a el modo; no hab?a ninguna indicaci?n que la anunciara. ?Y si me resigno, me pregunt?, a llegar a mi destino viajando por la parte de atr?s? Lo hice, me resign?, pero con mucho miedo. Comprend?, al terminar el viaje, hasta qu? punto estamos habituados a vivir s?lo en una parte de la realidad. Es un error, como si s?lo habit?ramos una parte de nuestra casa, o de nuestro cuerpo. Pero es un error demasiado com?n.



Publicado por carmenlobo @ 22:08
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