Lunes, 20 de junio de 2005

Los asesinatos del 16 de junio


Adital - Argenpress - ARGENTINA
Nunca se conocieron cifras precisas sobre el número de masacrados el 16 de junio de 1955 en la Plaza de Mayo por la metralla y las bombas lanzadas desde los aparatos de la aviación naval como parte de un intento fallido de golpe de estado contra el gobierno encabezado por Juan Domingo Perón y como demostración del odio de clase que alentaba en aquellos pretendidos restauradores de la democracia.

El propio Perón, según algunos de los que vivieron aquella circunstancia trágica para la Argentina y su gente, se negó a que se diera a conocer el balance de muertos y heridos. De todos modos todo indica que el número de los asesinados en aquella oportunidad estuvo próximo a los 500 sobre la base de posteriores reconstrucciones.



Pero está claro que se trataba de una metodología que con el tiempo se extendió hasta llegar a los 30.000 asesinados durante el Proceso. Claro que ya habían comenzado antes las manifestaciones de desprecio por la vida humana entre los enemigos del peronismo, a los que consideraban tan intelectualmente minusválidos y físicamente aniquilables como los aborígenes lo fueron para los castellanos en su momento.



O como sucedió en la Argentina con la famosa `Conquista del Desierto` y más tarde con trabajadores que reclamaban derechos como en `La semana trágica`, `La Patagonia rebelde` o `La matanza de Napalpí`.



El terrorismo antiperonista dotaba de tiempo atrás. No comenzó el 16 de junio de 1955 con el bombardeo a los manifestantes en la Plaza de Mayo. Algo más de dos años antes, el 15 de abril de 1953, con motivo de un acto oficialista, con Perón como orador, un `comando civil` hizo explotar dos bombas, una de ellas en el andén de la también estación `Plaza de Mayo` de la Línea `A` de los subterráneos porteños.



Como resultado de la misma murieron seis personas, otras 19 quedaron lisiados a perpetuidad y 93 más sufrieron heridas de diferentes consideraciones. El principal responsable de ello fue el dirigente radical Roque Guillermo Carranza, quién fue detenido el 11 de mayo de ese año. Otros dos responsables, que más tarde también desempeñaron funciones, se exiliaron en Montevideo.



En el caso de Carranza, amnistiado en 1955, llegó con el tiempo a ocupar el cargo de ministro de Obras y Servicios Públicos bajo la presidencia de Raúl Alfonsín y, más tarde, el de ministro de Defensa, durante cuyo desempeño falleció. La réplica, también lamentable, estuvo a cargo de diversos grupos que golpearon, entre otras, las sedes de la Unión Cívica Radical (UCR) y el Partido Socialista (PS), que también tenía dirigentes involucrados.



Curiosamente otra estación de los subterráneos porteños, en ese caso de la Línea `D`, hoy lleva su nombre.



Los actos de los `comandos civiles` antiperonistas no terminaron ahí, aunque sin la relevancia del mencionado. Pero la aplicación de algunas medidas que no fueron del gusto de la jerarquía católica como la anulación de la enseñanza religiosa en las escuelas públicas y la aprobación de la ley del divorcio vincular hicieron que la misma se pusiera al frente de la oposición y el 11 de junio encabezara una gran marcha con motivo de la celebración de Corpus Christi. Desde ese día se sucedieron una serie de actos relámpagos que preanunciaron algo más importante.



Así el 16 la aviación naval desató el ataque sobre la Plaza de Mayo. Pero no sólo estaban a bordo los pilotos de la Armada. También había civiles como Miguel Angel Zavala Ortiz, luego canciller del gobierno de Arturo Illia. El mismo que, en esa función, en 1964 se encargó de que el gobierno brasileño detuviera a Perón, que regresaba a la Argentina, en el Aeropuerto del Galeao, en Río de Janeiro, y lo enviase de regreso a España.



Los responsables directos de los hechos huyeron con sus naves al aeropuerto de Carrasco, en Montevideo, donde se asilaron. Los contralmirantes Aníbal Olivieri, y Samuel Toranzo Calderón y el vicealmirante Benjamín Gargiulo, jefes militares del levantamiento, fueron detenidos. De resultas de ello emergió como nuevo jefe de la armada el contralmirante Isaac Francisco Rojas, el paradigma del antiperonismo de las décadas siguientes, aunque reivindicado bajo la presidencia de Carlos Saúl Menem.



Esa noche también hubo una grave respuesta como la quema de varios templos católicos al corresponsabilizar algunos sectores al arzobispado local con lo sucedido en las primeras horas de la jornada.



Estaba claro que la maquinaria golpista no se iba a detener y así el 16 de septiembre una nueva intentona, con el general Eduardo Lonardi y Rojas a la cabeza, consiguió su propósito. En noviembre mediante un golpe palaciego se destituyó a Lonardi y asumió el general Pedro Eugenio Aramburu. Desde entonces para los vencidos no hubo piedad.



Así cuando el 9 de junio de 1956 el general Juan José Valle fracasó en su propósito de restablecer el orden constitucional se decidió de inmediato su ejecución como la de los demás militares detenidos, y no contentos con ello, los golpistas gobernantes asesinaron disparando por la espalda a decenas de civiles en los basurales de José León Suárez. Un destacado sobreviviente de esa matanza, Julio Troxler, fue asesinado, años después, por la `Triple A` de José López Rega.



El golpe de 1955 también proscribió el peronismo, intervino la CGT e hizo desaparecer el cadáver de Eva Perón. La conculcación de los derechos humanos había dado un salto cualitativo que iba a mostrar su peor rostro dos décadas después.

Tags: Juan Domingo Perón, Plaza de Mayo

Publicado por carmenlobo @ 12:14  | Latinoamerica
Comentarios (0)  | Enviar
Comentarios