Martes, 10 de mayo de 2005
La carrera de la vida

Mikel Agirregabiria Aguirre



Una met?fora automovil?stica, v?lida para cualquier edad, que ense?a a llegar muy lejos.

El profesorado est? acostumbrado a percibir las peculiaridades de su alumnado, desde la m?s elemental singularidad de cada persona -que es un universo ?nico- hasta las severas deficiencias sensoriales y cognitivas propias de los casos de ?educaci?n especial? ante minusval?as f?sicas, sensoriales o ps?quicas. El personal docente con experiencia sabe perfectamente que, entre la capacidad potencial de cada uno de nosotros y el desarrollo final que logremos, lo definitivo es la voluntad propia que obra milagros insospechados. La constancia, la tenacidad y el empe?o forman la piedra filosofal buscada por la alquimia.

Como educador, siempre hubo una historia aleg?rica que me fue muy ?til para motivar a mis alumnos y alumnas en mis funciones de tutor?a, incluso de personas adultas. El cuento ?de cosecha propia- relata la salida de una carrera de largo recorrido. Se presentan muchos coches, de muy variada apariencia, potencia y antig?edad. Sus conductores se analizan y pronto llegan a conclusiones precipitadas. Algunos creen que, al disponer de veh?culos m?s adaptados o m?s modernos, ser?n seguros ganadores. Igualmente, otros se desaniman r?pidamente al comprobar q ue sus autom?viles no parecen tan lustrosos como los de otros competidores mejor dotados.

Dado que la carrera est? programada a varios a?os, tras la presentaci?n de los equipos se producen muchas reacciones inesperadas. Los presuntos vencedores se toman el d?a libre, porque pronto podr?n recuperar la ventaja que concedan a sus m?s d?biles contendientes. Los que aceptan su papel de perdedores arrojan la toalla sin avanzar siquiera unos kil?metros.

Los jueces avezados pronto descubren qui?nes ser?n probablemente quienes triunfen al final de la larga y afanosa aventura: Son justamente quienes se aprestan a correr con todas sus posibilidades, aunque sean reducidas, sin mirar a los dem?s ni aceptar jam?s la derrota, sabiendo que llegar?n hasta donde est?n dispuestos a no desfallecer.

En las carreras automovil?sticas reales es cierto que el coche es determinante, porque todos los conductores son esforzados vocacionales seleccionados por una acreditada val?a de trabajo previo en su curr?culum. En la vida cotidiana y entre la gente normal sucede que la principal diferencia entre unos y otros no es el cociente de inteligencia, ni las habilidades sociales, ni la edad, sino el car?cter esforzado y la energ?a dispuesta a sacrificar.

En la escuela y en la sociedad advertimos repetidamente la pertinaz tragedia de las capacidades desaprovechadas, la penosa cat?strofe de los abandonos prematuros, y la sempiterna maldici?n de la pereza, la desidia y la apat?a? incluida la de los educadores y progenitores que aceptamos el ?fracaso escolar?.

Muchas veces nos consideramos demasiado incompetentes, nos suponemos demasiado mayores, nos sentimos demasiado cansados. Es evidente que otras personas estar?n m?s dotadas que nosotros, que no seremos los mejores y que nos costar? m?s lograr nuestros objetivos. Pero recordemo s que s?lo fracasa, quien no lo intenta una y otra vez.

Fallar es leg?timo y honorable; abandonar sin intentarlo es lo m?s triste y deshonroso. Schiller se?al?: ?La voluntad de la persona: he ah? su felicidad?. No existe mejor cualidad y facultad que una firme voluntad: Y esto est? al alcance de todos, porque la voluntad es el alma de cada uno de nosotros, lo que nos hace grandes o peque?os.




Publicado por carmenlobo @ 0:18
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